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Chery Fulwin 2: Un auto bien adaptado para la ciudad
Por Romina Cannoni Berd 13/12/2014
Este sedán compacto de origen chino acaba de recibir una actualización con mejoras que se notan, sobre todo adentro de su habitáculo. Más espacio y comodidad son, sin duda, sus cartas de presentación. Sin embargo, aún quedan cosas que se pueden mejorar, partiendo por su dinámica conductiva.

Cuando en 2007 los autos chinos llegaron al país, había un total desconocimiento de cómo serían. Incluso se hablaba de que no durarían mucho en un mercado tan exigente como el chileno. En ese escenario, desde sus inicios con el IQ, que Chery mostró ventajas frente a otras marcas de su mismo origen.

Siete años después, más de 28 mil unidades se han vendido de la marca, y de ellas, 3.500 corresponden al Fulwin, un modelo que ya extrañaba una buena actualización.

El sedán mantiene su formato compacto, pero ahora muestra un diseño más atractivo que el de su antecesor. Se refinaron las líneas frontales, se rediseñaron los parachoques delanteros y traseros y se ensanchó la máscara, todo pensado en darle más aerodinámica y mejorar los consumos. En la zaga hay detalles de la modelación del portamaletas, que le dan más fluidez al diseño.

En el interior, los cambios son notorios. Desde el nuevo tablero de instrumentos, que ahora sólo tiene dos esferas, a una consola central más limpia y funcional, haciéndola más intuitiva y fácil de manejar. Sin ser un diseño revolucionario, logra ser menos tosco y más estilizado.

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El espacio interior sigue siendo bueno para cuatro adultos. En las plazas delanteras se logra encontrar una buena posición de manejo, aunque se extraña el ajuste en profundidad del volante. Quizás sería bueno contar con apoyabrazos, pero a no olvidar que el Fulwin es un auto de los segmentos de entrada.

Si bien los polímeros son corrientes, se sienten agradables al tacto, con una mejora significativa en las terminaciones y una preocupación especial en las uniones de las piezas.

Lamentablemente, el Fulwin 2 mantiene el mismo motor de su antecesor. El 1.5 litros con 107 caballos, asociados a una transmisión mecánica de cinco velocidades.

Si bien la potencia no es poca, el problema es que para sentirla debemos llevar la aguja del tacómetro por sobre las 5.000 rpm. Y con el par (140 Nm) pasa lo mismo. Y a ese régimen, el auto se siente ruidoso.

Para andar en la ciudad a velocidades normales, el comportamiento del Fulwin 2 es más que aceptable. Se desplaza con agilidad, se siente suave, sin ser esponjoso, y tiene un cabeceo normal para este tipo de carrocería. Si bien no pudimos medir el rendimiento, según sus cifras de homologación promedia 10 km/litro en ciudad, 13,2 en ciclo mixto y sobre los 16 km/litro en carretera.

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El problema del motor está en su elasticidad, lo que se nota cuando se exige un poco, por ejemplo, al tratar de sobrepasar a alguien. Ahí se extraña una mayor capacidad de aceleración. Distinto es con la dirección, la que pese a no ser muy rápida, reacciona bien en una maniobra brusca.

Lo otro que se debe mejorar es el equipamiento. Nosotros probamos la versión tope de gama, que si bien viene con todos los elementos eléctricos, dos airbags y aire acondicionado, se extraña que no tenga conexión a bluetooth o elementos como sensor de estacionamiento.

Ahora bien, a no olvidar que estamos hablando de un auto que cuesta sólo $ 6.290.000, por lo que no hay que esperar ni un motor súper moderno, ni los equipamientos lujosos de un modelo chino de mayor precio. Por el contrario, por ese precio se ofrecen buen espacio interior, buena capacidad del maletero y un equipamiento correcto. Justo para la ciudad.

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