La universidad de una moto se vive con 500cc
Por Alexis Cares R. 21/02/2015 2199 vistas
Antes de ir a cilindradas mayores, es bueno vivir la magnífica experiencia de conducir una moto como la bicilíndrica Honda CB500F. Noble, precisa, amistosa, firme, bella. Manda en la ciudad y es la ideal para ir ascendiendo desde los 125 y los 250 cc. El paso lógico, el cuerpo indicado antes de meterse en un “posgrado” de 1.000 o más.

Su respuesta y modos de uso son instancias tan amistosas que no veo problemas en que alguien acostumbrado a una ingeniería de 125 cc con cambios se tope con dificultades para moverse en esta moto de cilindrada media. Así que los usuarios de la cilindrada descrita o bien de 250 cc están perfectamente hechos para vivir el tránsito hacia momentos mayores y la nueva Honda CB500F es una gran escuela para tales propósitos.

Lo nuevo, por cierto, tiene que ver con los ademanes que surgen como producto de un bloque con mayor poderío (el peso, claramente mayor, ni se nota por la agilidad con que se mueve y lo sencillo que es llevarla en diversas situaciones de conducción).

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Claro, es preciso saber qué se tiene, conocerlo, empaparse bien de los modos con que contamos ante determinadas aceleraciones y los imprevistos que nos obligan a ralentizar el avance. Al menos así, en un intenso uso urbano y autopistas de ciudad, quise ir paladeando yo a este producto de la gama japonesa 2015.

Estacionada, puede que “engañe” con la altura de su asiento a quienes no cuenten con más de 1.70 o por las cercanías… De hecho la altura de su asiento de 785 mm calza perfecto con quienes coloquialmente el vulgo ha   llamado “el promedio chileno”.

Con ese puesto más bien bajo, uno se monta y queda en una situación que se acerca a la conducción deportiva, sin tener que acostarnos sobre el estanque. Tal percepción de tranquilidad y comodidad se refuerza gracias a una posición alta del manillar.

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Todo lo anterior hace que la Honda CB500F sea muy fácil de manejar. Apuntemos, además, que el motor va  cerca del punto de pivote del basculante, lo que acrecienta su agilidad, debido a que también posee certera distribución del peso trasero. Así, salimos por las calles en una moto muy estable y que desplaza con soltura su peso de 190 kilos.

Esta naked de la familia 500 deja ver a través de su “desnudez” una estética impecable que habla de la calidad con la que está forjada. Los primeros metros son el prefacio de la confianza que se encargará de transmitir en cada metro, en cada maniobra. Y el tema de sentirse seguro en un vehículo así, es impagable. El motor es corto y uno se empapa con rapidez del lenguaje que hilvana en sociedad con la transmisión de seis marchas. Todo esto que tiene que ver con su suspensión y excelentes frenos, sale a fundamentarlo su hoja técnica que nos habla de un trabajo hecho sobre la base de una horquilla delantera telescópica de 41 mm adaptados a Pro-Link y mono amortiguador trasero, sus llantas de 17 pulgadas y 120 de ancho frontal, y neumáticos traseros radiales de 160. Los frenos de disco Wave se suman y coronan una experiencia de precisión que es de rápido conocimiento.

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Con una máquina así poco cuesta salirse de un atasco y controlarla luego si es el caso. Es dócil y certera a los cambios de dirección sin perder un ápice de estabilidad. Y cuando escribo esto hablo de dos o tres esquives necesarios que debí emprender durante la semana que la tuve conmigo.

La creí más vibradora y me hizo cambiar de parecer al segundo día. Su empuje desde bajas revoluciones también es noble, pero no es bueno ni seguro abusar de eso creyendo que estamos ante una moto automática. La tercera y cuarta marchas son ideales, por lo mismo, para el movimiento en ciudad. Por autopista, creo que llevarla más allá de 130 es tan innecesario como ilegal. Llega a eso y más, pero la confortabilidad se resiente.

Sus 28,4 kilómetros por litro son otro punto a favor así como también las mantenciones, la primera es a los 1.000 km, luego 12.000, 24.000, 36.000… Datos clave de su economía y cuidado de nuestro bolsillo.