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El gato volador… y todoterreno
Por Alexis Cares R. 01/03/2015
El buggy Wildcat de Arctic Cat reúne lo mejor de otros formatos de vehículos 4x4 como el SUV y el ATV, siendo la cruza perfecta entre ellos, sobre todo si se considera su alta capacidad off road, su potencia, agarre, estabilidad y sencillez de manejo. La diversión es el propósito madre de este desarrollo con tecnología norteamericana, para avanzar firme y pegado al suelo por los más salvajes senderos.

Para sentirse un conquistador de cualquier terreno, por agreste e inaccesible que parezca a la vista. Eso nos entregará la experiencia de uso off road del Wildcat 1000 X de Arctic Cat, con el que recorrimos las dunas de Ritoque durante cuatro horas inolvidables.

Y es así porque este “gato” de cuatro ruedas, con motor de 951 cc, 90 caballos de fuerza, caja automática CVT con modos de conexión de Alta, Baja, Reversa y Parking, fabricado en Estados Unidos, representa un producto de diversión todoterreno flexible, seguro, invencible, noble, trepador. La tracción integral es desconectable con bloqueo de diferencial electrónico delantero.

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Viene a ser la cruza perfecta entre el ATV y el SUV 4×4. Y es un “descendiente” muy feliz, ya que recoge lo mejor de ambos mundos. Por un lado, más seguro y sencillo de conducir que el ATV (léase, lo que Ignacio Casale corre en el Dakar) y con mejores posibilidades de movimiento y agarre que el SUV común, dotado de sistemas de tracción integral “inteligentes”.

Entonces, el deleite comienza al encenderlo. Cinturón de seguridad y casco, de todas maneras. Los arenales, “embudos”, pasadas de agua y senderos con fuertes ondulaciones son escollos que superamos con tal facilidad, que durante gran parte del test no fue preciso conectar el modo más capaz ante problemas de tracción. Sus ángulos de ataque y salida constituyen, además, un respaldo de lujo. Aunque vayamos de “cabeza” hacia el fondo de un descenso, ganamos con naturalidad y en cosa de segundos la horizontal, como entrando al lecho de un río, y luego al salir arañando el ascenso constatamos que el vehículo entra y sale con una adaptación que uno llega a pensar que está hecho de goma y no de metales… Para que esto se sienta así confluyen características claves, como un centro de gravedad bajo que reforzará todo el entramado de la suspensión independiente para vivir un uso siempre estable y seguro.

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Morfológicamente, su alto grado de estabilidad se despliega sobre la base de una suspensión trasera de brazos muy largos, además de una distancia entre ejes que prácticamente abarca toda la extensión del vehículo (3.251 mm), junto a una barra estabilizadora que arroja como resultado un balanceo mínimo. La suspensión delantera de doble brazo es un prodigio de la ingeniería norteamericana, que pensó en una máquina de manejo sencillo y posibilidades off road infinitas.

Y eso lo hace más cercano, convirtiendo en algo universal el rito de conducirlo. En la butaca para dos personas, una al lado de la otra, uno queda con los brazos más bien extendidos y las piernas hacia adelante también generosamente “alargadas”. Los saltos o el balanceo estarán lejos de intimidar o echar por tierra el disfrute, todo lo contrario. A los cinco minutos, si el terreno recorrido es hostil, no vamos a querer bajarnos por nada del Wildcat, ya que, además, y a diferencia de otros transportes off road, éste no cansa ni acarrea “dolores”. Diversión y placer inmediatos garantizados desde el arranque. Eso sí.

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Desde su credencial más técnica saluda el motor de cuatro tiempos que dispone de una cámara de combustión Pentroof que echa mano de cuatro válvulas por cilindro e inyección electrónica de combustible. Así obtenemos una combustión más completa, con más potencia, más eficiencia y escape más limpio. Un volcancito de fuerza muy fiable que un relieve, por más imperfecto e insondable que se presente, no detiene su avance.

Posee asistencia variable de dirección asistida electrónica (EPS) que, ojo, se activa automáticamente desde que damos contacto.

Vivir el 4×4 de una forma segura, entretenida y sencilla a la hora de sentarse en la butaca de conducción lo convierten en un producto sumamente único, cuyo alto precio es el único ítem que desdibuja el valor general como producto. El resto, para quien tenga la fortuna de hacerse con un Wildcat, una maravilla.

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