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MotoTest: Yamaha MT 09
Por Por Alexis Cares Rivera. 29/05/2015
Puro carácter y respuesta deportiva pero también cautiva a quienes gustan de la cotidianidad.

Cuando uno maneja una moto como la Yamaha MT 09 pasan cosas, en serio… Pasan cosas. La personalidad e intensidad manifiesta de esta máquina, cuyo desarrollo fue anunciado por la marca hace casi cuatro años en el Salón de Colonia (Alemania), son rasgos muy diferenciados que pegan y nos permean más allá de la experiencia cotidiana de su uso o del uso de cualquier otra moto.

Yamaha, en aquella ocasión, habló de una “revolución” dentro de su historia como fabricante. Y vaya que lo está siendo. El motor de tres cilindros en línea ya es un testimonio vigoroso. Genio y figura, ante todo, de esta naked asfáltica que en Chile sólo ha sabido ganar adeptos desde curiosos rincones del planeta que se mueven en dos ruedas. También el hecho de que la gente que ejecutó el proyecto de la muy deportiva R1 sea la responsable de esta “ochocientos”.

Así, con esa genética y escuela del MotoGP a cuestas, es difícil pensar en un resultado menor al recogido durante tres días de una experiencia divertida, marcada por la pasión de sus ademanes que, a ratos, nos colocan a medio camino entre la ciudad del placer y aquella donde habita un terrorcillo que de algún modo es rico y embriagador.

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Es así, porque apenas le damos vida desplazando hacia abajo el interruptor de encendido en la piña derecha, suena una “música” de ritmo inequívoco: la moto es deportiva. Pero no aquella superdeportiva que -conozco a varios- cansa a sus usuarios que la soportan en el día a día rumbo a la oficina y luego a casa. Por eso, estos 847 cc y sus 115 caballos de fuerza contienen un mensaje de comodidad para quienes de todos modos jamás renunciarán a esa respuesta diabólica invocada en cada muñequeo. Es que en la MT 09 uno queda en una posición de manejo más alta y más adelantada. Simple.

Yamaha recurre a un programa que nos da tres modos de vivirla y que se activan desde un botón que presionaremos con nuestro pulgar derecho sin soltar el manillar: tenemos el estándar (STD) que siempre se conecta por defecto cada vez que damos partida, y cuya tarea es lograr un consenso entre suavidad y potencia. La opción A es para vivirla en carreteras libres o en un circuito, ya que evacua una respuesta muy directa y que en el primer día incluso me pareció ligeramente desbocada (hasta que internalicé la sicología de su conducción). Finalmente, tenemos el modo B, que regala una entrega de potencia mucho más sedosa, ideal para la ciudad y muy recomendada para suelos mojados o con el frío repartido por todos lados. Fue el que más usé. Es que a falta de ABS y control de tracción, oportuno fue programar el tricilíndrico de cuatro tiempos en B.

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Pero hay más: estos modos están gobernados y asistidos por una entrega muy amplia y lineal del par motor, aspecto que nos instala en una moto exquisita, así deambulemos por las bajas revoluciones (2.000 a 3.000 vueltas) o estiremos los giros hasta cerca de los 10.000.

Distinta, apasionada, “chúcara”, como me dijo un conocedor del modelo, divertida. La MT 09 es una creación lacrada con la tibieza casi caliente del fervor deportivo.

Y así como le perdonaré el asiento algo duro y el nombre que le queda muy frío para lo que es su carácter y alma, le celebro la altura del asiento regulable (845-860 mm), su estética de trazos afilados, el naranja de su estanque y las horquillas delanteras que todos parecieran mirar extasiados. Su estanque de 14 litros, además, alienta por autonomía a los amantes de rutas más largas.

 

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