Moto Test: Benelli TNT 300
Por Alexis Cares R. 18/07/2015 14662 vistas
Vivimos la experiencia en ciudad y autopista de la máquina que abre el mundo de esta firma con diseño y raigambre italiano, pero cuyo sello de manufactura es asiático.

Es una coqueta profesional esta motocicleta. Más allá de que la dibuje un italiano y la fabrique un chino, la Benelli TNT 300 supera la prueba integral, porque sabe atacar con sus encantos más estratégicos. Tanto así que, tras la experiencia en ciudad y autopistas urbanas durante cuatro días de uso intenso, uno se ve después verbalizando una síntesis edificada con la audacia de su estética, con horquillas, escape bajo, emblemas, pintura, cosidos, grabados, y que remachamos con el cántico avozarronado de su motor de dos cilindros.

Dos resultantes de un ADN con carácter y que reafirmará con otras buenas notas que serán gentileza de su cómoda posición de manejo, algo inclinada hacia adelante (con una altura de su asiento de 795 mm), o bien de la despierta entrega de su potencia que, sin ser excepcional, es muy satisfactoria para su cilindrada y peso, cercano a los 200 kilos.

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Quienes la vean venir a media distancia, predominantemente verde y negra, por segundos podrán tener el espejismo de una “Kawa”. Incluso, su paso lateral le hace guiños al armado de la casa Ducati. Por eso atrae. Y si alguien está ensimismado y no reacciona con nada, basta que estiremos cualquiera de las primeras tres marchas para que el sonido zamarree buena parte del entorno inmediato. Y no es estridente, para nada, tampoco desbocado, pero posee un grado de locura tan evidente como perdonable (en esta parte sus conductores deberán sonreír como niños, o si no, convenir que su sensibilidad es equiparable a la de un ventilador).

Por su agilidad, destreza en giros y maniobrabilidad, me gustó más en la ciudad. En autopista si el imperativo es exprimir su pique, tengo una primera capaz de ponerme por encima de los 55 km/h, la segunda me acercará a los 90 y ya en tercera iré por los 110 sin miramientos. Levantar por sobre 10.500 giros es tan torpe como ineficaz. La entrega a bajas vueltas no es sobresaliente, pero cumple, y si miramos otras marcas con cilindradas comparables tendremos mejor empuje en ese rango (estoy pensando en la Hyosung y en la nueva Kawasaki con cilindradas de 250). Con todo, en autopista esta moto puede alcanzar una máxima por encima de los 160 km/h.

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Lo práctico y que aplaudo es que desde los cambios de cuarta hasta sexta permiten su engrane sin embrague. Conducida con criterio, el consumo es otra de sus fortalezas, y los 16 litros de su fornido estanque podrán acercarnos a una autonomía de 400 kilómetros.

La posición y situación del pasajero cumple, y en el listado de lo que mejoraría anoto el rasgo espartano de su tablero, tanto operativo como visual, y la disponibilidad de la asistencia del ABS (puede que sea mucho exigir por su atractivo precio, pero en pedir…). Lo expongo, sobre todo, porque en la frenada muy urgente tiene leve tendencia a desestabilizarse sin entender esto como un menoscabo al buen resultado general que ofrece el articulado de su suspensión trasera. Y que no se me vaya una duda sobre su neumático: en otros mercados se entrega con medida 160 y yo me topé con uno 150.