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Mototest: BMW R 1200 R
Por Alexis Cares R. 25/07/2015
El arte de convertir en sencillez absoluta el acto de manejar una mil doscientos.

El tramo por la Ruta 68 con desvío hacia la zona de Villa Alemana, y una “perdida” por serpenteantes trayectos cerca de Colliguay, marcaron el momento de mayor y más largo contacto con los ademanes ruteros de la nueva R 1200 R de BMW, que esta vez asoma totalmente cambiada, para tomar el relevo iniciado el 2006 por su antecesora.

Hablo de uno de los cuatro días de la prueba en el que, saliendo desde Santiago, pasando por una decena de ciudades y confines de la Quinta Región, para luego autopistear por carretera hasta Los Andes, regresando a la 5 Norte para, finalmente, tomar rumbo a la capital, nos hizo abrochar 375 kilómetros de una delicia que perdurará por mucho.

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La disección de su hoja técnica va dando sustento a tales sensaciones, todas emanadas desde el motor bóxer bicilíndrico que ahora es enfriado por aire y agua, y que desde sus 1.170 cc entrega 125 caballos de fuerza, un incremento del 14%, y su torque de 125 Nm, que crece también, aunque un 5%. La transmisión es por eje cardán y caja de cambios de seis velocidades en toma constante con engranajes helicoidales.

El primer día era previsible la cómoda postura de manejo tras mirar ese estanque tan angosto y que, por cierto, queda planamente integrado a quien conduce. En general, la moto se ve ágil, no tan grande. El nuevo faro frontal regala una hache e incorpora una luz especial para la conducción diurna, y sobre la luz trasera hubo un trabajo tan bello como optimizador y rematado con una apariencia de una doble “C”.

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Antes de manejarla, la inspección y tacto de sus partes proporciona una idea de solidez y calidad a partir de sus materiales. En el “tórax” de esta máquina de 231 kilos vemos que el bastidor de tubos de acero envuelve al motor, transformándolo en parte de él y dando un resultado muy simétrico en el reparto de los pesos, que es de 50/50. El centro de gravedad bajo convertirá en una experiencia muy segura su manejo en los tonos más deportivos que es posible programar.

Lo que se da muy veloz es la lectura de la información que proyecta la pantalla digital del tablero TFT de 4,7 pulgadas (a la izquierda veremos el precioso tacómetro análogo). Es muy sencillo recorrer la información, ajustar los modos de manejo o de suspensión.El motor lo podemos dejar como todo un caballero, o bien, un agresivo núcleo de deportividad. También hay programación para un escenario lluvioso, que la “adormece” otro poco, aumentando la confianza y seguridad.

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En autopista de curvas rápidas y seguidas es toda una reina. La nueva suspensión delantera basada en una horquilla invertida se manifiesta con notas deportivas. Más de una vez noté que iba algo “pasado”, pero al aplicar freno la moto se coloca muy bien de costado, al tiempo que la horquilla pareciera “sumergirse”, convirtiendo en algo muy divertido y seguro este zigzag. En ciudad hay que valorar el paso gracias a su esbelta silueta y la notable entrega de torque desde bajas revoluciones.

El tándem para detenerla o controlarla está compuesto por frenos ABS (desconectable) y unos grandes discos delanteros flotantes de 320 mm, y pinzas radiales de cuatro pistones, dejando la zona trasera a un disco de 276 mm de diámetro con pinza flotante de doble pistón. En los semáforos, los moteros entendidos te miran y te describen esto con aire extasiado. Pasan los días, los kilómetros, y junto con experimentar la tristeza inexorable de su devolución en las oficinas de la marca, reafirmo la sensación inigualable de su sencillo y prolijo manejo, teniendo en cuenta la tremenda moto que nos ha convocado.

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