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Test: Audi A8 3.0
Por Marcelo Palomino M. 20/07/2015
Más allá de un suave restyling, lo más relevante es la incorporación de tecnología.

Resulta difícil encontrar falencias en el nuevo Audi A8. Faltaría más si no debiéramos escudriñar debajo de la alfombra para encontrar apenas un par, cosas que son nimiedades en otro segmento, pero que en este, el de los sedanes premium tope de gama, resultan diferenciadores respecto de la competencia.

Pero vamos a lo nuevo. El A8 recibió a principios de año una actualización de mitad de vida, que incluye un leve restyling estético, la inclusión de más equipamiento y nueva tecnología, y la definición de la marca sobre las motorizaciones que va a utilizar preferentemente de ahora en adelante.

Por ejemplo, el poderoso A8 4.2 ya no va más, dejando al V6 3.0 TFSI de 310 caballos de fuerza como la única opción disponible. La lógica es que con este bloque se obtiene la potencia suficiente, un consumo similar al de sedanes mucho más pequeños y se mejora el precio. Obvio.

Este bloque está asociado a una caja automática de ocho velocidades y al sistema de tracción total quattro, siendo el único AWD del segmento. Y a pesar de esto, ofrece consumos muy destacados: 9,5 km/l en ciudad y 12,8 en ciclo mixto. En nuestra prueba, sorprendentemente, se movió bastante cerca de estas cifras homologadas.

La dirección es nueva, ahora totalmente eléctrica, en lugar de la electrohidráulica anterior, mientras que mantiene la suspensión de aire adaptativa, una de las grandes ventajas frente a parte de su competencia, ofreciendo tres modos preestablecidos (normal, confort y dinámico), que además modifican la dirección, aceleración y transmisión.

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Gracias a todos estos sistemas, el A8 es uno de los autos más suaves y cómodos del mercado. No sólo amortigua de manera precisa un golpe directo (un hoyo), sino que es capaz de aminorar el impacto que genera el pavimento en mal estado. Es como si no se sintiera nada.

Además, la capacidad de aceleración del 3.0 TFSI es impresionante. Tiene 440 Nm de par desde muy abajo en el tacómetro, lo que permite romper la inercia con sorprendente rapidez, considerando que es un auto de más de cinco metros. La clave acá sigue siendo su construcción, que la marca denomina “aeroespacial”, que le permite colocar en la balanza apenas 1.900 kilos. Nada si se compara con la competencia, bien por encima de las dos toneladas.

Esa es la gran gracia de este A8: liviano, poderoso, económico. Tiene una inigualada agilidad en curva, tracciona como ninguno y se desplaza con solidez y aplomo. Y además de su gran andar, es barato. Bueno, para el segmento. Cuesta algo más que el BMW 740, pero está mucho más equipado. Y vale bastante menos que un Mercedes Benz S500.

Los 5,14 metros de largo siguen intactos, ofertando con eso unas grandes plazas traseras y otras muy cómodas adelante. Nada nuevo en el segmento. Lo novedoso es que Audi consiguió ganar 10 litros extras de capacidad en el maletero (520 litros) sólo reubicando algunos componentes que hacían bulto.

El frontal del A8 es nuevo, destacando las nuevas luces que de serie son bixenón. Hay dos sistemas LED con control individual y opcionales. Nuestra unidad de prueba montaba el primero de ellos 25 diodos LED por foco, pudiendo encenderse, apagarse o atenuarse cada uno según las órdenes emanadas de un control central que va monitoreando el entorno, distribuyendo el haz de la mejor manera posible. Sin ánimo a equivocarme, no hay mejor sistema de iluminación en todo el mercado chileno.

El segundo sistema se denomina Matrix y ofrece más diodos y más dispersión de la luz.

Es en el equipamiento de seguridad donde el Audi muestra sus primera falencias. En esto, el S500 cuenta con varias asistencias a la conducción (cambio de carril, visión nocturna, alerta de colisión y alerta en punto ciego) que el A8 no tiene.

En contrapartida, ofrece sistema de infoentretenimiento con mandos por voz, navegador GPS y lector de DVD, un sistema de audio Harman Kardon magnífico, y todo lo que se espera de un auto de 100 mil dólares.

La berlina máxima de Audi se reinventa y decide la pauta para la marca: más tecnología, la mejor relación peso/potencia y el precio adecuado.

 A favor: 

único con tracción total en el segmento, suavidad, comodidad y bajos consumos.

En contra: 

faltan más opciones de asistencia a la conducción, disponibles en otros modelos del segmento.

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