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Test: Chevrolet Cruze HB
Por Romina Cannoni B. 08/07/2015
La versión hatchback diésel mantiene una conducción ágil y dinámica, sin embargo, su precio se fue a las nubes, por lo que la decisión es menos fácil que antes.

No hay que ser un experto para darse cuenta de que el mercado automotor nacional ha presentado un cambio muy importante en lo que a precios se refiere. Las marcas han tenido que hacer ajustes al alza, y en algunos casos, las diferencias entre el antes y el ahora son realmente abismales.

Quien hace cuatro o cinco años gastó entre nueve y 11 millones de pesos en un buen auto mediano, hoy deberá aumentar significativamente su inversión si pretende mantenerse en el segmento o sacrificar contenido.

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El mejor ejemplo de esto es el nuevo Chevrolet Cruze, modelo que hace poco recibió una actualización de mitad de vida y de paso incrementó sus precios, que lo dejan muy por encima de lo que solía valer.

Aún se recuerda su lanzamiento en 2009, cuando fue presentado como “el auto más competitivo del mercado”, teniendo éxito de inmediato. El Cruze hatchback arribó tres años después y su versión diésel aterrizaba con un precio bajo los 12 millones, muy bueno considerando su motor y equipamiento.

Hoy, esta misma versión HB diésel está justo por encima de los $ 16 millones. ¿Mejoró tanto el Cruze como para cobrar tanto más que antes?

Una actualización

Partamos por la estética, que es lo menos relevante en cuanto a cambios recibidos. Sigue siendo atractivo, pese a que su diseño es poco arriesgado.Luce mejor por delante que por detrás, pero en general está bien proporcionado.

Por tamaño, ofrece un muy buen espacio interior, especialmente en las plazas traseras, donde caben tres adultos. El maletero es igual de generoso, con más de 450 litros.

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En materialidad hay una mejora, pero Chevrolet sigue estando al debe en percepción de calidad. Hay mezclas que no conjugan del todo bien, como la consola central versus las puertas. A este precio se exige más.

En términos de equipamiento, la versión testeada es abundante. Tiene pantalla táctil de siete pulgadas con un buen sistema de infoentretenimiento, que ofrece botones de acceso directo a los elementos más utilizados. La conexión bluetooth es fácil y rápida. Tiene sensor de retroceso, smart key y botón de encendido, sunroof y climatizador, entre otros. Sin embargo, y aquí hay cosas que no se entienden, no tiene luces automáticas ni tampoco espejos en el parasol. Detalles que no son caros de resolver y que son esenciales para elevar la competitividad.

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Ahora, lejos lo mejor de esta versión es el motor 2.0 turbodiésel, un bloque que explota a las 1.500 rpm con sus 360 Nm de par, obteniendo una curva de rendimiento muy amplia. El motor está bien relacionado con la caja mecánica de seis velocidades, que lo hacen ser un auto entretenido de manejar y muy dinámico. A 120 km/h el tacómetro va en 2.000 rpm, lo que se traduce en un rendimiento de 15,5 km/litro en carretera. En ciudad dio 11,6 km/litro, nada extraordinario, tampoco malo.

La suspensión está más pensada en el confort que en la deportividad, y si bien amortigua las irregularidades del pavimento, tiende a cargarse en curvas exigentes. La dirección también nos pareció demasiado asistida.

Entonces, ahí aparecen las dicotomías de este auto: por un lado tiene un motor entretenido, por el otro, un chasis que apunta a lo contrario. Por un lado, equipamiento casi premium, por el otro, ausencias imperdonables.

Así es el Cruze, un auto lleno de contrastes, salvo por una cosa: ahora ya no es competitivo.

 

 

A favor: el motor diésel, su buen consumo en carretera, abundante equipamiento y su espacio interior.

En contra: el alto precio de esta versión, algunos materiales del interior y el tacto de la dirección.

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