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Test: Ford Focus
Por Marcelo Palomino M. 18/07/2015
Nuevo diseño y más equipamiento en una de las mejores opciones para quienes buscan un sedán mediano.

Fue el Ford Focus el modelo que convenció a la marca del óvalo de iniciar hacia fines de la década pasada el programa One Ford. Por entonces, la versión norteamericana del sedán mediano terminó siendo un fracaso, al parecer, producto del esmero que pusieron en Detroit por destrozar visualmente un auto que era grito y plata en Europa y buena parte de los mercados emergentes.

Así, a partir de esta cuarta generación del modelo (2010), todos los Focus son iguales. Con el afamado diseño kinético de la marca a la vista y mucha tecnología, el Focus volvió a hacerse un espacio en el segmento C.

En Chile ya se encuentra disponible una actualización del modelo que se fabrica en Estados Unidos, con nuevos detalles estéticos y más equipamiento en todas las versiones.

Ford modificó los focos, parrilla, parachoques, capó y maletero. Por dentro fue menos invasivo, reorganizando los mandos e incluyendo un nuevo volante. Eso sí, la calidad percibida sigue estando por debajo de la de otros modelos del segmento.

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Para nuestra prueba nos pusimos al mando de un Focus sedán tope de gama, dotado del motor 2.0 litros gasolinero con 160 Hp y 198 Nm de par, asociado a una caja automática de seis velocidades.

Este bloque es muy pujante desde que se acelera, y escala progresivamente hasta que eroga su mayor potencia. La transmisión está pensada para ser confortable y ahorrar combustible, por lo que nunca permitirá que el régimen de marcha se eleve demasiado, haciendo perder parte de esa deportividad que se recuerda del Focus I. Para quienes busquen algo así, recomendamos la versión mecánica. Ahora, el consumo no es tan contenido, dando por debajo de los 10 km/l en recorrido urbano.

La suspensión tampoco está enfocada en brindar un aplomo inolvidable en curva. Como es la tónica en Ford, es un auto de ciudad muy agradable de conducir, incluso sobre pavimentos en mal estado, con buena capacidad de amortiguación y escasa transmisión de vibraciones hacia el volante.

Lo mejor del Focus está en su interior, con gran espacio para cinco ocupantes y un maletero generoso, aunque con una boca de carga estrecha. Las plazas delanteras son cómodas, muy visuales y ergonómicas. Las traseras son amplias a la altura de los hombros y en las piernas, aunque la posición central es mejor para niños que para adultos.

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En cuanto a equipamiento, el Focus sedán tiene de todo, o casi. Ahora incluye el sistema Sync II, que permite manejar todas las funciones del smartphone mediante voz. Lamentablemente, sólo ofrece la pantalla táctil de ocho pulgadas en el hatchback, por lo que los usuarios del sedán deberán darse por satisfechos con cuatro pulgadas, donde las imágenes de la cámara de retroceso apenas se ven regular. Detalles de exigencia que no hacen palidecer lo mejor que ofrece Ford: mucha seguridad y amplio equipamiento.

En este Focus hay de todo: siete airbags, control de estabilidad, sensor y cámara de retroceso, asistente de partida en pendiente, monitoreo de presión de neumáticos, frenos ABS con EBD, aire acondicionado, tapiz de cuero, asientos eléctricos, neblineros… Es más que generoso. En definitiva, Ford mejora un producto que ya era bueno. Le da un look más moderno y actualizado, agrega equipamiento y hace destacar la habitabilidad interior. Y el precio se mantiene competitivo ($ 12.790.000), pese a que todas las marcas han ido subiendo sus valores.

¿Vale la pena probarlo? Por supuesto. No por nada es el auto más vendido en todo el mundo.

 

A favor: motor pujante, buena amortiguación en ciudad, generoso espacio interior y maletero, mucha tecnología.

En contra: accesos estrechos, materialidad que podría mejorar, falta deportividad a la caja automática

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