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Test: Volkswagen Bora 1.4 TSI Luxury
07/07/2015
La marca alemana sumó a la oferta un motor más pequeño, pujante y económico, en línea con lo que VW viene haciendo.

Si nos fijamos única y exclusivamente en el diseño, es bastante fácil reconocer a un Volkswagen en la calle. Y es que, salvo el Beetle, todos los modelos del fabricante alemán cuentan con un diseño distinguido y lo suficientemente atemporal como para seguir vigentes mucho más allá de lo proyectado.

Está claro que lo de Volkswagen no es la revolución, es más bien la evolución constante, y eso se evidencia en el renovado Bora.

Destinado a competir en el poblado segmento de los sedanes medianos, con vehículos tan reconocidos como el Nissan Sentra, Mazda 3, Hyundai Elantra, Toyota Corolla, Ford Focus, Renault Fluence y Kia Cerato, el modelo de Volkswagen tiene buenos atributos como para ganar adeptos, aunque se cae en algunos detalles inexplicables.

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Vamos por parte. Ya hablamos de que el diseño es el clásico de un Volkswagen, con la amplia parrilla de barras cromadas acoplada a los faros y líneas bastante rectas. Puede que no rompa esquemas, pero se ajusta perfecto al concepto tradicional de los sedanes.

En el habitáculo hay un buen espacio para cinco adultos y múltiples lugares para almacenar objetos, esto gracias a que sus 4.644 mm de largo y 1.482 mm de alto cuentan con un diseño espacial completamente enfocado en la comodidad de los pasajeros. De aquí mismo se desprende un versátil maletero con capacidad para 510 litros de carga.

La funcionalidad es uno de los principales atributos del Bora, lo que se expresa en el cuadro de instrumentos, fácil de leer, amplio y con todas las funciones fácilmente accesibles gracias a los mandos en el volante. A esto se suma una buena pantalla táctil en la consola, desde la cual se puede acceder a las diversas opciones de audio, bluetooth y navegador.

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Conductivamente es donde se presenta la mayor polarización respecto de este auto. Algunos piensan que el motor no es suficiente por el tamaño y el peso del auto, mientras que otros (me incluyo) creen que el bloque 1.4 TSI es lo mejor que le ha pasado al sedán de Volkswagen.

Con 122 caballos de fuerza y un torque máximo de 200 Nm que se puede encontrar entre las 1.500 y 4.000 revoluciones, el Bora ahora es mucho más económico que otras opciones. Durante nuestra prueba rindió cerca de 10 kilómetros por litro en ciudad y poco más de 19 en carretera.

La unidad de prueba venía equipada con una transmisión DSG de siete marchas, que colaboró mucho en el ahorro de combustible y que permite, además, jugar un poco cuando se quiere estrujar algo más el motor.

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Dependiendo del gusto de quien se siente tras el volante, el lag del turbo cobra mayor o menor importancia, pero lo cierto es que se siente, al punto de pensar que se trata de un motor diésel. A veces se extrañan aceleraciones un poco más explosivas desde detenido, pero está claro que ese no es el objetivo del Bora.

Como todo buen Volkswagen, la dirección es firme y la suspensión está ajustada para no ser demasiado esponjosa ni muy dura, copiando bien en terrenos disparejos y entregando gran suavidad cuando se conduce en carretera. Es en el equipamiento donde nos quedan algunas dudas.

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De serie hay elementos como bluetooth, entrada USB, seis airbags, frenos ABS, sistema de regulación del motor (MSR) y control de tracción (ASR), mientras que nuestra versión de prueba (Luxury), además, sumaba llantas de aleación de 17”, sunroof, neblineros, luces de giro, tapicería de cuero, control de partida en pendiente, sistema multimedia con pantalla táctil (aunque externo), volante multifunción, climatizador bizona, control crucero, sistema electrónico de estabilización (ESC) y bloqueo electrónico del diferencial (EDS).

En estricto rigor no es que sea poco equipamiento, sino que por los $ 14.990.000 que cuesta este modelo, se esperaba poder contar con elementos como asientos eléctricos, cámara de retroceso o al menos sensores de proximidad. A pesar de lo anterior, el Volkswagen Bora se presenta como una buena alternativa si se quiere combinar espacio, funcionalidad, rendimiento y atemporalidad.

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