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Mototest: Triumph Street Triple 675
Por Alexis Cares R. 09/08/2015
Partner para la rutina cotidiana, con atuendo deportivo demuestra la estirpe forjada en talleres de verdad.

Hay muchas conexiones del todo sensuales cuando nos toca montar una motocicleta como la Triumph Street Triple 675. Desde el contacto visual hasta el beso ese que damos y que la despierta para ponerla en marcha, van sucediendo cosas que el fabricante quiso que pasaran mientras decenas de miles de afortunados usuarios, unos 65 mil desde que el modelo nació hace ocho años, ya la convirtieron en una referencia obligada cuando hablamos de motos naked, deportivas y de cilindrada media.

La posición de manejo no sólo es cómoda, sino que tiene que ver con esa forma algo femenina de su escultura, donde iremos sentados a 800 mm del suelo, ideal para conductores de 1,65 m hacia arriba, ya que, en las detenciones, podremos poner ambas plantas sobre el piso. Sus nuevas llantas también serán un objeto de seducción, ya que estrenan un nuevo diseño de alto atractivo.

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La instrumentación reparte con igualdad la zona digital y la analógica, a la derecha, y reservada a un nada tímido tacómetro que en su borde superior verá encenderse unas luces azules cuando estiramos las revoluciones muy cerca del corte. Esto dará paso a un momento no menos sublime en la experiencia de uso de la Street Triple, y que tiene que ver con los agudos del coro emanado desde el trabajo de su motor tricilíndrico, un sonido señorial, llamativo y que no hará más que reafirmar uno de los puntos altos de esta máquina inglesa: su gran carácter.

Así, un pelo por sobre los cuatro segundos nos tomará meterle 100 km/h arrancando desde parado. Es que estrujando la primera nos acercaremos tranquilamente a ese rango de aceleración. ¿Notable, no? Sobre la suspensión no puedo más que sacar un buen aplauso, basado en el exquisito punto de encuentro que se da entre la estabilidad cuando vamos por una curva y la comodidad para seguirla llevando totalmente bajo nuestro ritmo y voluntad. Adelante tenemos una horquilla invertida KYB de 41 mm, con un recorrido de 110 mm.

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Atrás hay un monoamortiguador con 125 mm de recorrido. Lo valioso de la entrega generosa del par a bajas revoluciones nos hará sentir siempre con la munición suficiente para disparar cuando sea necesario, y obtener, por ejemplo, recuperaciones enérgicas en todo momento y situación de manejo.

Los seis kilos que se le han rebajado respecto de la generación antecesora se explican por el uso de aluminio en el escape, llantas, basculante y chasis. Tenemos, además, una motocicleta esbelta y con un radio de giro mejorado que deja maniobrar en pasos estrechos (cuidado, eso sí, con los retrovisores, aquí la noté algo “orejona”). De hecho, su uso en ciudad todos los días se da con mucha fluidez y gracia. Su faceta deportiva explotará en cuanto lo ordenemos, y de la misma manera su sistema de frenado nos transmitirá solidez por la eficacia con que controlamos y detenemos.

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Me parece mejorable la visibilidad que me dan los espejos y, por cierto, haría algo por sentir una cuota de mayor empatía con el pasajero que llevo a mis espaldas, y que necesariamente tendrá que abrazarse a mi cintura para afirmarse. En la raya para la suma, la sensación que deja la Triumph Street Triple es la de una irremediable conquista. ¿Cuántas veces soñaré con esta inglesa? No lo sé, pero lo haré.

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