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Test: BMW X6
Por Marcelo Palomino M. 21/08/2015 4544 vistas
El SUV coupé ofrece mejor calidad conductiva y un motor turbodiésel más enérgico.

Siete años y 250 mil compradores en todo el mundo dan cuenta de lo exitosa que fue la apuesta de BMW cuando presentó en el mercado el por entonces inentendible concepto del X6, un SUV con formato de coupé sobreelevado, limitado espacio interior y claras intenciones deportivas.

Sus resultados no sólo dieron luz verde a una segunda generación del modelo, que fue lanzada a fines del año pasado, sino que hasta Mercedes Benz se atrevió a ir a la pelea con un GLE Coupé, ya disponible en Chile. La cuestión ahora no es saber si tiene justificación este Sport Activity Coupe, habiendo en el mismo showroom un grandioso X5, todoterreno de tomo y lomo.

El tema ahora es saber cómo mejoró este modelo con el cambio generacional, y si fue capaz de superar las evidentes deficiencias que mostró en sus primeros años de vida. Como antecedente, este modelo utiliza la misma plataforma del nuevo X5, lo que explica una reducción de peso de más de 50 kilos.

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El X6 sigue estando sobre las dos toneladas, aunque por debajo de prominentes rivales del segmento, como el Porsche Cayenne, el Mercedes Benz ML y el propio X5.

La ligereza de su construcción no es algo aleatorio que haya trabajado BMW. Era posiblemente el mayor cuestionamiento de la primera generación, ya que aspiraba a ser un referente en deportividad, siendo demasiado pesado como para manejarlo con agrado en curva. Ahora, todo el X6 se siente más ligero, desde la aceleración inicial hasta las recuperaciones en subida, y sobre todo en el grato ejercicio de ligar curvas una tras otra, sintiendo un menor rolido de carrocería, menos transferencia de pesos muertos y un centro de gravedad más bajo. Buenas mejoras para un modelo que tiene un enfoque lúdico.

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El diseño fastback fue actualizado con nuevas nervaduras sobre el capó y en los laterales, que reafirman su carácter totalmente deportivo y mejoran las proporciones generales de la silueta, ahora 45 mm más larga. Por dentro hay un rediseño mayor que gira en torno de la nueva joya de los interiores de BMW: la pantalla táctil horizontal de 10,2 pulgadas.

Ella está asociada a la nueva versión del iDrive, que permite manejar todas las opciones de manera más sencilla e intuitiva, siendo hoy, con el permiso del Sync de Ford, el mejor sistema de infoentretenimiento disponible en el mercado. El sistema ofrece conectividad total con el teléfono, navegador GPS, cámara de retroceso y cenital, y buscador por tacto a través de un touchpad, entre otros.

La sensación premium en este modelo es mayor que en otros de la marca, con mejor cuidado de materiales y exquisitas terminaciones, aunque la habitabilidad sigue siendo el mayor de sus pecados, pese a los esfuerzos de BMW por mejorarla. Por lo mismo, cambió la doble butaca trasera por una banqueta con lugar para un tercer ocupante, aunque como se puede suponer, el centro es elevado y algo duro. La maleta, en cambio, sigue viéndose pequeña, pese a que la marca dice que la hizo crecer 75 kilos.

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La mecánica de este modelo también fue optimizada. La versión de prueba es la xDrive 30d, con un motor turbodiésel de seis cilindros y tres litros, que crece en potencia hasta los 258 caballos (+13) y en el par hasta los 560 Nm (+20) entre 1.500 y 3.000 rpm, ofreciendo una entrega poderosa casi desde el ralentí. Basta pisar el pedal para que el X6 mueva sus dos toneladas como si fueran plumas.

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Como siempre, el X6 cuenta con el sistema Dynamic Performance Control, con los modos preconfigurados Eco, Normal, Sport y Sport +, que hacen más eficiente la distribución del par entre los ejes (xDrive) y entre las ruedas posteriores (vectoring control). La marca dice que el sistema fue optimizado para hacer del X6 un vehículo más dinámico. Y vaya si se nota.

 A favor: 

buen diseño interior, excelente motor turbodiésel, dinamismo conductivo.

En contra: 

poca visibilidad hacia atrás, maletero estrecho, estética demasiado radical.