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[Motores en Ruta] Islandia, el misterio de una isla mágica
Por Mauricio Monroy S. 29/09/2015
Escenario de películas de Hollywood y puerta de entrada al centro de la tierra según Julio Verne, el pequeño país del noroeste europeo se comienza a transformar en un destino obligado para los amantes de la vida al aire libre, debido a la imponente belleza de sus ríos, cascadas, glaciares, volcanes y fenómenos naturales.

¿Le puedo hacer una pregunta? ¿Por qué va a Islandia, qué hay allá?

La interrogante del funcionario de aduanas al momento de comenzar el viaje hacia Islandia se sumó a la decena de ocasiones en que amigos y familiares consultaban por aquel destino tan poco usual. Es cierto, no tiene registro en el listado de los sitios a los que las personas sueñan con visitar, en escasísimas ocasiones aparece en los noticieros, sus deportistas no ganan medallas y ni siquiera el nombre de un equipo de fútbol asoma reconocible en Chile como para incluirlo en una conversación. Sólo los amantes de la música aportarán que es el lugar de nacimiento de Björk o los más veteranos recordarán que fue el epicentro del “juego del siglo” entre los ajedrecistas Boris Spassky y Bobby Fischer en 1972.

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El gran misterio que provoca esta isla -enclavada entre el noroeste de Europa y Groenlandia- es lo que permite un asombro mayúsculo desde el momento en que se divisa el trozo de tierra desde el avión. Y si la época coincide con el invierno, será un enorme manto blanco cruzado por un par de autopistas la imagen que dará la bienvenida.

Pero Islandia ya no es realmente un enigma en el mundo. Hace tres años fue elegido mejor destino de turismo aventura por la revista Sunday Times Travel, por los lectores de Lonely Planet y por la revista National Geographic Traveler.

¿Qué esconde entonces esa isla de hielo? Es un paraíso para los amantes de la naturaleza, por eso, quienes busquen museos posmodernos, centros comerciales o llamativos hoteles, mejor tomen un vuelo de salida. Es que ese país que se atrevió a dejar en bancarrota a todo su sistema bancario y que le dio una lección al mundo con la primera jefa de gobierno homosexual, parece sacado de un libro de magia, con paisajes lunares, ríos que se congelan, gigantescas cataratas, volcanes, géiseres, acantilados, glaciares, playas y una fauna que convive de la mano con los 330 mil habitantes que se reparten en un territorio que apenas supera los 100 mil metros cuadrados, donde en verano la temperatura máxima en promedio es de 20°C y en invierno las bajas pueden descender hasta los -20°C.

Como toda isla, no es barata para los turistas, los pasajes en líneas aéreas económicas pueden bordear los 200 euros desde las principales urbes europeas y las tarifas de los hoteles de tres estrellas no bajan de los 80 euros la noche.

» A la pantalla grande

Existen una serie de hitos que deberían hacer de Islandia un lugar más reconocido. Para empezar, la historia mandó al olvido a Leif Eriksson, un navegante que, medio siglo antes de que Cristóbal Colón llegara al Caribe, asentó el primer campamento en América, en lo que hoy se conoce como Massachussets.

Para saldar esa deuda, una gran estatua del aventurero, conocido como “El Afortunado”, se ubica frente a las puertas de Hallgrimskirche, la catedral de Reykjavik, la preciosa capital islandesa que deleita con sus casas de colores, la limpieza de sus calles y la amabilidad de sus personas.

Aquel espíritu temerario y valiente del vikingo Eriksson sin duda se fortaleció en un terreno algo hostil para la vida humana, como lo es Islandia, donde las temperaturas son bajas durante los 365 días y donde la luz solar es un privilegio la mitad del año. Pero con la misma severidad se impone también una belleza natural, que le ha permitido ser escenario de exitosas series, como Games of Thrones, además de un sinnúmero de películas de Hollywood.

Dettifoss es tal vez uno de sus mayores exponentes. Ubicado al noroeste de la isla, en el Parque Nacional Jökulsárgljúfur, se trata de una enorme cascada de 100 metros de ancho, con una caída de 44 metros. La cascada más poderosa de Europa sirvió de inspiración para una ópera y se utilizó de escenografía en la película Prometheus.

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Otro imperdible es Seljalandsfoss, una cascada de 60 metros ubicada en la zona sur de Islandia y que se diferencia del resto porque permite ubicarse desde atrás, contemplando el valle completo con el velo de agua cayendo implacable sobre el río.

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También en el sur de la isla, con las aguas del río Hvitá, se ubica Gullfoss, una de las atracciones más visitadas, no sólo por la cercanía que tiene a la capital, sino por ser una catarata situada en un inmenso bloque de roca roto que permite una doble caída de agua en una grieta que supera los 30 metros de profundidad. Gullfoss es parte del denominado Círculo Dorado, que completan los valles de Thingvellir y Haukadalur.

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El primero de estos valles es la especie de columna vertebral del país, puesto que contiene la falla que separa las placas tectónicas de Norteamérica y Eurasia sobre la que reposa Islandia. Compuesto de montes que llegan a los mil metros de altura, su fisonomía da paso a una impresionante muralla que bordea la planicie rota. Pero Thingvellir no sólo es un parque nacional, también es un enclave político, pues en esas tierras, precisamente en el lugar conocido como el Lögberg, se reunía el Parlamento desde el año 930 (es el Parlamento más antiguo registrado). Ahí también se declaró la independencia en 1944.

El Valle de Haukadalur, por su parte, reúne los géiseres más espectaculares de la isla, el Strokkur y el Geysir. Este último es considerado el géiser más antiguo y su nombre precisamente da vida al vocablo que ejemplifica el tipo de fuente termal que emite columnas de agua caliente y vapor.

El Geysir llegó a lanzar agua caliente hasta a 122 metros, pero el mal actuar de los turistas obligó a cercar su paso hace unos años. De todas maneras, para no perder la visita, está el Strokkur, otro géiser que emite bocanadas de hasta 25 metros de altura.

La composición geotérmica que permite la formación de géiseres también da paso a fuentes termales únicas y un descanso onírico. El más reconocido es la Laguna Azul. Dotada de una mezcla rica en sales y otros minerales, unas algas azules le entregan su tono particular y es un sitio reconocido por sus propiedades mediciales. Este lago artificial ubicado sobre un campo de lava se formó de casualidad por las aguas de la central geotérmica Svartsengi. Al no drenar en forma correcta las aguas de dicha instalación, ésta se comenzó a acumular.

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Otra característica del país son los más de 200 volcanes que se cuentan. Si bien  el Helka es el más famoso en la actualidad debido a sus erupciones en las últimas décadas, los amantes de la literatura no podrán olvidar el Snæfellsjökull, un volcán de 1.450 metros que es la puerta al corazón del planeta, según el libro Viaje al Centro de la Tierra, de Julio Verne.

» Una fantasía sensorial

Otra particularidad del lugar es su fauna, y entre los animales más llamativos está el frailecillo, una pequeña y simpática ave de pico rojo, pecho blanco, espalda negra y patas naranjas, verdadero emblema del país.
Otro personaje habitual de la isla es el caballo islandés. De menores dimensiones que un equino occidental, se caracteriza por su gran pelaje, poderosas patas y una resistencia mayor a la de sus “primos”. Además, es el único caballo en el mundo que realiza cinco tipos de caminata: paso, trote, galope, rack y paso volador, un extraño movimiento en el que mueve las dos patas de cada lado al mismo tiempo, alcanzando velocidades superiores a los 50 km/h.

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Y aunque no pertenecen directamente al lugar, sino que merodean las cercanías de Islandia debido al plancton, las ballenas y su avistamiento se han transformado en uno de los atractivos más destacados del lugar.

La ciudad de Husavík es una de las más avanzadas en el tema, transformando esa acción en un importante capital de turismo, con más de 15 mil visitantes al año y excursiones que duran entre una y cuatro horas, a precios cercanos a los 60 euros. Aunque no se puede asegurar que se verán cetáceos en cada salida, sí es común ver la llamada ballena Minke, que mide entre siete y 10 metros, además de orcas, delfines y, si la suerte está de su lado, la imponente ballena azul.

Pero Husavík no es sólo un puerto para ir a ver mamíferos en el mar Ártico, también tiene un detalle que lo hace especial. Es el único lugar con un museo del pene (The Icelandic Phallological Museuem), contando 300 ejemplares reales de órganos genitales de animales de la isla, los cuales están disecados y conservados en formol.

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¿Podría ofrecer algo más Islandia? Si no es la tierra o el mar, el cielo de aquella isla se encarga de ofrecer uno de los espectáculos más impresionantes, la aurora boreal, fenómeno lumínico natural que hace brillar el cielo con tonos verdosos. Se produce debido al llamado “viento solar”, un flujo de partículas nocivas para los seres vivos, que se ven impedidos de entrar a la Tierra gracias a un escudo magnético. Pero esa capa no recubre de igual manera todo el planeta, siendo las zonas polares las que tienen más débil ese resguardo natural, pero que de todas maneras repele el “viento solar” en las capas altas de la atmósfera, creando así el espectáculo de las auroras boreales.

Es la tierra mágica de Islandia, un paraíso que mantiene un velo de misterio, pero que recibe con una naturaleza viva a quienes se atreven a dejar los destinos tradicionales y son capaces de una aventura a la entrada del centro de la tierra. MT

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