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Ducati Scrambler Icon: muchacha italiana viene a cazarte
Por Alexis Cares R. 16/10/2015
El poder de la estética que sabe no sólo ser diferente, sino que a la vez cumplir con un compromiso de belleza, nostalgia, presente tecnológico y la más divertida adrenalina sobre el asfalto o la tierra.

La pregunta clásica de mi entorno más inmediato: “¿Qué probamos esta semana?”. Antes de responder que una Ducati, me fui jugando con un prefacio tan preciso como urgente: esta vez me subo a algo que es mucho más que una moto. Claro, porque la firma de Bolonia se atreve con un producto esencial, divertido, cargado de historia, pero, a la vez, impregnado de una simpleza que lo hace único.

Esta Scrambler Icon (hay otras tres versiones) se sacude del ADN racing de sus hermanas mayores y se arma con un sello muy propio y que va a privilegiar una conducción sencilla y amistosa y que, por lo mismo, justificará su condición de ser una suerte de maestro de palacio y dar la bienvenida a la casa italiana a un nuevo perfil de usuario y de cliente.

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Dueña de una presencia, para mi gusto y por lo que recogí desde ese elocuente feedback social, fascinante: un foco delantero retro, redondo, donde el LED pareciera constituirse como el único guiño a nuestro tiempo. El cable del acelerador está a la vista y recuerda a las motocicletas de hace 60 años. El estanque en forma de lágrima es de un amarillo que seduce al transeúnte y al automovilista. El manillar va bastante más arriba de lo normal que hoy encontramos en las motos urbanas, y el tablero con la información muestra sus dígitos a la inversa.

Los “intestinos” de la máquina son entretenidos de repasar visualmente y allí gana en personalidad el monoamortiguador trasero o el escape muy bajo de un plateado opaco, que hace juego con la placa que habita en los laterales del estanque, donde irá grabado el nombre del modelo.

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La Scrambler Icon coquetea con el entorno y con quien la conduce. Es rico acomodarla en el sentido de la curva, porque su andar ligero y facilidad de conducción traspasarán de inmediato mucha confianza al piloto. Además que sus respuestas conllevan una buena dosis de vigor. Es cierto que su motorización deriva de la Monster 796 y que tiene 12 caballos menos, pero también es sobresaliente su entrega de par en rangos medios y bajos. Hay que ir atento a la marcha en que se va, porque no posee el indicador que la comunica y, a veces, de tanto que disfrutamos su manejo, llegamos a velocidades reducidas con una marcha muy pasada y que, sin duda, nos obligará a reducir para retomar un empuje más prominente. En la autopista no habrá sitio para el más mínimo complejo, porque está dotada, por peso y potencia, para alcanzar en breves instantes una velocidad alta.

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El switch extra asfalto

En el sector precordillerano de Puente Alto, entre coníferas, zanjas transitables, musgo resbaloso y tierra algo humedecida por precipitaciones, esta Ducati demuestra sus exclusivos dotes para llevarla más allá del asfalto y saber que responde con nobleza. Ojo, no es una off-road dura, pero sabe ir por la tierra. El ABS, por lo demás, es desconectable y en ese tipo de suelo ayuda bastante para un mejor control. Con esta faceta, en todo caso, toma ventaja de sus competidoras más clásicas (Kawasaki W800, Triumph Bonneville, Guzzi V7 Stone y la Harley Street, que próximamente estará en Chile), y que deberán quedarse estacionadas en el cemento mientras la Scrambler juguetea entre el polvo y las piedrecitas .

En la despedida, debo admitir que me sentí algo extraño con mi atuendo de rigor que uso para andar en el día a día y realizar mis test. Aparte de que Ducati me pasó un casco algo fosforescente y vintage, eché de menos ir con unas botas vaqueras, con unos lentes tipo policía norteamericano, algo más de barba, una chiquilla abrazada a mi cintura (no me parece la moto más indicada para ir con pasajero, en todo caso, aunque se puede) y una chaqueta de cuero y su buen pañuelo. La Scrambler es eso: más que ser un rescate nostálgico del modelo que existió a comienzos de los 60, es una propuesta rupturista, muy novedosa, con buena parte de la tecnología más de punta, pero desde lo clásico. Y eso es tan atrevido como bonito. Porque la convierte en una pieza única dentro de una industria que poco espacio deja y admite para sorpresas como esta Ducati, tan deliciosamente especial.

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