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Suzuki V-Strom: correr, viajar, vivir y disfrutar a 1000
Por Alexis Cares R. 05/10/2015
El nuevo modelo de la casa japonesa es una moto muy partner que entrega emociones, poder y confianza.

Por robustez, agilidad, presencia y vozarrón, la nueva Suzuki V-Strom 1000 deja la sensación de ser una moto muy partner y que sabe regalarnos un reporte escrito con la caligrafía de la confiabilidad, las emociones, el poder y la confianza.

Catorce años han pasado desde que Suzuki propuso su saga V-Strom. “¿Y esa moto tan grande?”. Es el comentario reflejo de la mayoría que te ve llegar en ella. Pero, en parte, se equivocan. La nueva V-Strom 1000 es una pieza que sabe no caer en excesos, ya que si miramos su competencia tenemos una motocicleta de presencia imponente, pero nunca gigantesca. Bueno, quizás la gente de 1,70 metro o menos, donde me inscribo, se intimide un poco. Lo bueno llega a los pocos metros de conducirla: es ligera, tratable y quienes tengan cierta experiencia, aun cuando se venga de las cilindradas medianas, sentirán que están frente a una docilidad de creación.

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Tampoco es una blanca paloma, porque cuenta con el suficiente poder para emprender vigorosas aceleraciones. Su motor bicilíndrico de cuatro tiempos entrega 100 caballos de fuerza, poco más de lo que conocíamos en el modelo anterior. La entrega de su par máximo de 103 Nm a los 4.000 giros es acaso el dato más delicioso y certero de su comportamiento, ya que es una estupenda compañera si decidimos movernos a bajas revoluciones. Si quienes la conocen bien aseguran que su motor y su personalidad son la nobleza misma, pues bien, yo le agregaría que estamos ante un propulsor indestructible de una generosidad casi misericordiosa. No pasemos por alto el aporte del chasis con doble viga de aluminio, responsable de transmitir un comportamiento que es pura nobleza en todo rango de marcha o maniobra.

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La tecnología pasó por acá, pero nunca olvidemos que el sello japonés tiende a lo sencillo. Aún así, el Control de Tracción es un aporte. En modo 1 la deja muy rica, siempre lista. Un día de lluvia moví el ajuste a modo 2 y me quedé con una moto más contenida, que asiste cuando debe hacerlo y cuyos frenos, trasero y delantero, se cuadran aun si damos ese clásico manotazo ante un imprevisto que nos asusta. Incluso se puede desconectar y es lo que recomiendo si vamos a alejarnos un poco del asfalto, escenario donde no la disfruté como sí he gozado ejemplares europeos, como la Triumph Tiger 800 o la BMW GS 1200, más atiborrados de asistencias y más configurables para pilotos no muy altos. El ABS de la V-Strom, acá, no es desconectable.

El ejemplar que me facilitó Derco lleva un decorado “comando” en el estanque y la zona frontal conocido como “pico de pato”. También se sustituyó la protección frontal aerodinámica por una más alta, que me dejó imprimir altas velocidades sin recibir el rechazo del viento en contra. El escape Yoshimura, que amplifica su “canto”, es parte de la personalización y un aliado importante para alertar a otros conductores con “sordera” crónica.

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La suspensión, en tanto, llega con componentes muy bien escogidos y cuidados. Dispone de un doble disco delantero de 310 mm de diámetro, con pinzas de cuatro pistones y anclaje radial. La horquilla delantera es invertida con 43 mm y multirregulable; atrás tenemos un amortiguador montado sobre un sistema de bieletas. Así, la podemos “botar” con mucha confianza en las curvas, enderezar e inclinar nuevamente si nos toca zigzag. ¿La experiencia de llevar un pasajero? Debieron ver la cara de espanto con que se subió mi mujer y lo feliz que estaba cuando acabó el primer trayecto con ella y que fue de unos 15 kilómetros por ciudad.

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El asiento es comodísimo y se puede poner más abajo, aunque su altura hasta el suelo de 850 mm me quiso jugar una mala pasada cuando me aproximé a una rotonda viniendo desde una lomita algo inclinada: en el momento que busqué el apoyo con mi pie, sentí que no tocaba piso, salvé la situación, pero la V-Strom me recordó su peso.

Y como la tuve toda una semana, es justo también que les refiera que el trayecto largo se ve coronado por su innegable confort. Dejé un día para rutear mucho y largo, y fue sensacional. Lejos de cansar, acostumbra, seduce

 

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