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[MT MAG.] El Super Bowl celebra sus dorados 50 años
25/01/2016
En la edición de enero de nuestra revista MG MAG. destacamos los 50 años del Super Bowl, la cita deportiva que genera mayor expectación en Estados Unidos y que se transforma en el escenario más codiciado para las estrellas de la música.

El año pasado, la NFL vivió una de las finales más espectaculares de su historia en el Super Bowl XLIX. Un duelo definido a favor de los New England Patriots, con una interceptación en el minuto final y cuando los rivales Seattle Seahawks estaban a pocas yardas de la anotación por un nuevo título. Drama elevado al máximo en la televisión gracias a 35 cámaras que registraron cada detalle de la jugada clave y, por sobre todo, las reacciones de los protagonistas.

Un mundo de diferencia de lo que ocurrió hace 49 años, cuando en enero de 1967 se disputó el primer Super Bowl de la historia, evento registrado por apenas cinco cámaras.

El problema es que buena parte del material filmado se perdió -sólo quedaron las mejores jugadas- y recién este mes, luego de un duro trabajo de documentación, se logró ensamblar dicho encuentro para emitirlo de manera íntegra por el canal oficial NFL Network.

El escaso y perdido registro de aquella final de 1967 deja de manifiesto que entonces el fútbol americano profesional no era muy popular y que el primer Super Bowl era más un experimento que una apuesta por realzar el campeonato.

Green Bay Packers, Dallas Cowboys, 1967 NFL Championship game, The Ice Bowl

El partido de la paz

Corrían los 60… Época de The Beatles, la lucha por los derechos civiles y una juventud cada vez más incómoda en Estados Unidos por la Guerra en Vietnam. En ese tumulto, otra pelea: la de la histórica NFL contra la naciente AFL, que le quitaba protagonismo y jugadores en el campo del fútbol americano profesional.

Después de algunos años de antagonismo, las mentes frías y racionales dieron espacio a dos ideas: fusión y un partido de definición entre ambas ligas. A este duelo le llamaron “Primer Partido por el Campeonato Mundial” entre la AFL y la NFL, nada de “Súper” todavía, y la definición del Coliseo de Los Ángeles como sede del evento se tomó un mes antes del partido.

Los organizadores decidieron cobrar US$ 12 por la entrada, cifra considerada excesiva en esa fecha. Eso, más la escasa promoción del evento conspiraron para que el estadio -aunque con una capacidad para 90 mil personas- no se llenara.

El espectáculo, además del partido, no tenía mucho más que mostrar. Sí hubo actuación en el medio tiempo, pero no da para calificarla de show: tocó un trompetista, más las bandas de la Universidad de Arizona y la de Grambling State.

Al menos al primer Super Bowl -el nombre se adoptaría oficialmente en 1969, pero se le asigna retroactivamente a los dos primeros partidos- le fue bien en rating: combinando las cadenas NBC y CBS, obtuvo más de 40 puntos y el duelo lo vieron casi 25 millones de personas.

El partido de los millones

Corre el siglo XXI. Hace rato. Y en la era que nadie habla sino que se “whatsapea”, los deportes son ultraprofesionales. El amateurismo ya es un mito, muchos deportistas cobran cifras desorbitantes, los principales eventos son comentados desde cualquier lugar del mundo por las redes sociales y los hinchas son transnacionales. En la cúspide de este nuevo mundo deportivo aparece la NFL, que tiene ingresos anuales por sobre los US$ 10 mil millones.

La frase de que el béisbol era el “pasatiempo norteamericano” se quedó en el siglo XX, incluso mucho antes de 1999. Desde hace 30 años los “cabeza de pelota” en Estados Unidos tienen forma ovalada y la explicación para el cambio cultural desde la cancha con forma de diamante a la cancha emparrillada tiene dos palabras: Super Bowl.

Así es, desde aquel lejano 1967 en Los Ángeles, con un estadio de asientos vacíos y un trompetista tocando en el entretiempo, la final de la liga mutó desde un simple partido de fútbol americano a un espectáculo que se convirtió en el impulsor de la expansión de la NFL.

Este 2016, el Super Bowl cumple 50 años y la fiesta se realizará el domingo 7 de febrero, en el moderno Levi’s Stadium de Santa Clara, un suburbio de San Francisco, en California. Será la primera vez en 13 años que se juegue un Super Bowl en el gran estado del Pacífico, usualmente reacio a gastar dinero público en modernos recintos deportivos.

Pero en Santa Clara sí lo hicieron. De hecho, entre el consejo municipal local, los 49ers. (el equipo de San Francisco) y la NFL desembolsaron US$ 1,3 mil millones en este moderno estadio, capaz de recibir a unas 70 mil personas, que disfrutan de la máxima tecnología disponible en un recinto deportivo: hay 1.200 antenas para conexión Wi-Fi y una app especial le permite a cada hincha pedir comida desde su asiento, entre otras tantas comodidades.

Broncos 49ers Football

En este lugar no sólo se jugará la final entre los campeones de la NFC y AFC (las conferencias en las que se divide la NFL), además se realizará el espectáculo musical más visto a nivel mundial: el show del medio tiempo.

El partido de la música

Por muchos años, en el Super Bowl bandas universitarias y hasta personajes de Walt Disney intentaban entretener a la audiencia en los 20 minutos de descanso para los equipos, pero seguramente pocos lograron convencer a los hinchas de que se quedaran en sus asientos en vez de ir al baño o a comprar un hotdog.

Todo cambió en 1993, cuando un tal Michael Jackson actuó en el Super Bowl XXVII, que se disputó en Pasadena, California. Los hinchas enloquecieron y los rating de TV saltaron. El evento pasó de 79 millones de televidentes a más de 90 millones gracias a la aparición del “Rey del Pop”.

Desde entonces, nada fue igual. Artistas como Paul McCartney, U2, The Rolling Stones, Madonna, Beyonce y Bruno Mars aparecieron en el show del Super Bowl, y el año pasado a Katy Perry la vieron más de 118 millones de televidentes sólo en Estados Unidos. Ese dato de audiencia sirve para entender por qué los cantantes se pelean por aparecer -gratis- en este partido, que inmediatamente les sube las ventas.

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El artista seleccionado para el Super Bowl 50 es la banda británica Coldplay, que desplazó a cantantes como Rihanna.

Y así como pelean en el mundo de la música por aparecer en la final de la NFL, también lo hacen las marcas comerciales, que este año deberán pagar la cifra récord de US$ 5 millones por cada 30 segundos de publicidad.

Es tan grande el impacto para cada empresa, que preparan avisos especiales que se estrenan durante el Super Bowl. En este aspecto, las casas automotrices como Volkswagen, Chrysler, Mercedes Benz, Toyota y Chevrolet han destacado en el último tiempo.

El gran foco de atracción, tanto para los artistas musicales como para las marcas comerciales, son los cientos de millones de espectadores que en Estados Unidos han hecho del Super Bowl una festividad sólo comparable con la Navidad o el Día de Acción de Gracias.

Incluso, los que no son fanáticos se ven atraídos por este imán de fiestas, cervezas, nachos y pizzas, a tal punto que en 2015 la transmisión de TV la vieron 115 millones de personas, en promedio. Entre los 10 eventos y programas más vistos en la televisión estadounidense, nueve son la final de la NFL. La excepción es el último capítulo de la serie “MASH”, que contaba la historia de un grupo de doctores en la Guerra de Corea, emitida en febrero de 1983.

El partido de la reventa

De todas maneras, el Super Bowl no sólo se vive en el living de una casa a través de un televisor, sino que también en la sede del evento. El partido es una cosa, se juega en un estadio y a una hora señalada, pero la fiesta comienza desde mucho antes: durante siete días, la ciudad sede cierra calles, arma bulevares y vive alrededor de un evento deportivo, al punto de atraer turistas incluso extranjeros, que aunque no tengan una entrada, igual llegan para gozar del ambiente.

Gracias a eso se estima que este año el impacto comercial del Super Bowl le podría dejar a San Francisco US$ 700 millones en hotelería, gastronomía, bares, merchandising y recuerdos de la ciudad.

NFL: Super Bowl XLIX-Seattle Seahawks Media Day

Los visitantes, claro, deben dejar una buena parte de su presupuesto para comprar una entrada para el partido. Como la NFL tiene un sistema muy engorroso de venta de tickets para el Super Bowl, la manera más directa de adquirirlos es a través de la reventa, que es legal en Estados Unidos. El problema es que en sitios como el de la misma liga, el boleto más barato para el Super Bowl 50 bordeaba los US$ 4 mil al momento en que esta revista entró a impresión.

En el medio de la danza de millones, de los artistas y de los comerciales de televisión habrá un partido al que cada año le cuesta más mantenerse como el principal protagonista de la fiesta.

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