[TestDrive] Kawasaki Ninja 300: Se la puede con las batallas – mtOnline
[TestDrive] Kawasaki Ninja 300: Se la puede con las batallas
14/02/2016
A una extensa experiencia de uso urbano y en pista sometimos a la Ninja 300 ABS. Kawasaki se luce en la mayoría de los capítulos de un gran producto que, en todo caso, puede y debe seguir mejorando.

Qué miedo. Esa era mi antigua y más inmediata sensación corporal cuando, hace rato ya, oía acerca de una moto que se llamaba Ninja. Pasaron los años y con ellos el conocerla. Y conocernos. Claro, la astucia del mítico encapuchado japonés que se desliza con sagacidad por las sombras portando un filo mortal venía a definir una de las características más esenciales de este prodigio de la ingeniería nipona: su agilidad. Acaso el cromosoma más coloreado del examen molecular de esta Ninja 300, que es el aperitivo para ir conociendo las notas deportivas mayores del antiguo fabricante de Tokio.

Hoy, tras los cambios y crecidas ocurridos el 2012, contamos con un motor bicilíndrico de cuatro tiempos refrigerado por líquido, que nos pondrá en el puño derecho casi 40 caballos para mover la liviana y delgada estructura de 174 kilos. El resultado es imaginable.

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Por eso, las ganas de llevarla al circuito cerrado eran incontenibles. Y fue sobre el asfalto del Centro de Manejo Avanzado en Las Vizcachas donde pudimos extraer los mejores solfeos de su música intensa. No la recomiendo como primera moto, pero tampoco la descarto del todo. Es facilita. Con mis 76 kilos y un metro 73 me siento grande en esta máquina, que me deja a 785 mm del suelo: o sea, las plantas de mis pies quedan posadas enteras sobre el pavimento en las detenciones.

Allí, donde le podemos pedir todo lo que tiene, es una delicia. En los apoyos, en las aceleraciones, en la recta y ataques. La transmisión de confianza es lo que anima y empuja. Claro, dentro de lo que representa su ficha técnica como la menor de las “sicarias” de la marca.

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Las explicaciones están escritas hace mucho en el oficio de su creador. Por eso, la cabalidad del chasis de acero en forma de diamante desde donde se ramifican las formas de su hechura atlética, delgada, de ángulos exactos. Es lo que vuelve sencillo el acto de conducirla (en este rango, me gustaron los ademanes del trabajo de su suspensión trasera confiada a un monoamortiguador Uni-Trak con precarga regulable en cinco clics). Así, la emergencia, más allá de las difundidas bondades del ABS en ambos trenes, dirá que esta 300 se detiene con eficacia, sin estruendos ni aspavientos que sólo intranquilizan a pilotos más inexpertos.

Con todas las sonrisas, deleites y buenos momentos que todo esto reporta, no olvidemos que estamos ante un producto del todo mejorable. Que no haya información de la marcha engranada en el tablero, al menos a mí, no me convence. Este lugar de la moto posee una estética potente, con un tacómetro análogo ultraprotagonista, tanto que los datos confinados al hexagonito digital no dicen nada del cambio en el que vamos.

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El recorrido del acelerador es algo extenso y en el circuito queda de manifiesto. La recta nos pide a tope y me veo reacomodando la mano para esa clásica operación de acelerar.

Finalmente, los espejos. Me cuesta acomodarlos y esto puede deberse a una torpeza más personal que de los diseñadores. Pero ya en la Z250 SL me pasó y acá de nuevo. Pero lo consigo. Mejor decirlo que callarlo.

No obstante, y tras cinco días de uso, los pulgares son hacia arriba, y como la exigimos, el consumo se resintió un poco. No al punto de llevarnos al gasto de una competidora directa, la R3 de Yamaha, buenaza para cobrar cada llamado de la extremidad superior diestra.

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