[Sonidos Eternos] Ennio Morricone, la armonía de la emoción – mtOnline
[Sonidos Eternos] Ennio Morricone, la armonía de la emoción
Por Mauricio Monroy Stonner 09/03/2016
El director de orquesta y compositor italiano, luego de seis nominaciones al Oscar, por fin recibió la estatuilla dorada de la Academia, gracias a su trabajo en "Los 8 más odiados", de Quentin Tarantino. Es el reconocimiento de Hollywood a un hombre que le ha entregado decenas de obras de arte a la pantallla grande, con melodías que emocionan por la pureza de su simplicidad, la valentía de la innovación y el respeto a la fantasía.

La última entrega de los Premios Oscar concentró, como pocas veces, un interés inusitado por lo que el mundo del cine consideraba una gran deuda. Leonardo DiCaprio, a pesar de sus cinco nominaciones previas como Mejor Actor, jamás había conseguido la máxima estatuilla. Sin embargo, para buena parte de los entendidos, esa no era la mayor deuda por saldar que tenía la Academia.

Con menos estridencia, menos pomposidad y menos morbo, una de las máximas leyendas de la industria audiovisual esperaba su turno sentado junto a su eterna compañera de vida en el palco del Teatro Dolby. Ennio Morricone, el gran ícono de la música para películas (sólo a la par de John Williams), a pesar de sus 500 creaciones, de haber dado vida a composiciones que llegaron a superar los alcances del propio filme, jamás reunió los “merecimientos” para recibir el galardón dorado y sólo se debía conformar con un Oscar Honorífico que le fue entregado en 2007. Eso hasta el domingo 28 de febrero, cuando el productor y compositor Quincy Jones subió al escenario, abrió el sobre con el nombre del ganador a Mejor Banda Sonora y con emoción dijo: “Y el Oscar es para… Ennio Morricone por ‘The Hateful Eight’. My brother, mio fratellino”.

ennio2

La ovación no se hizo esperar. Los 3.400 invitados presentes en el teatro de Los Ángeles se pusieron de pie, ovacionaron y celebraron el reconocimiento a la leyenda italiana que, mediante la simpleza y la belleza de la música, ha llevado al límite la conexión emocional con los espectadores desde que comenzó su historia, en su querida Italia, hace más de 88 años.

» En la sangre  

Ennio Morricone nació en 1928. Fue el mayor de cinco hermanos en una familia de clase media que vivía en el barrio del Trastevere. Su afición por la música aparece en sus primeros años, motivado por su padre, que era un destacado trompetista.

La cercanía con el mundo artístico comenzó a ser algo cotidiano y el talento fue asomando de forma muy precoz, al punto de que crea su primera obra a los seis años y finaliza en apenas cuatro meses un curso de armonía en el Conservatorio que se extendía por cuatro años. Luego,  para poder costearse la vida, comienza a participar en diversas orquestas y es común verlo tocando para las tropas norteamericanas luego de la II Guerra Mundial.

Tras una década deambulando en diferentes opciones y creando composiciones para series de televisión, llega en 1961 su primera gran oportunidad en el cine. Luciano Salce lo convoca para dar vida a la música de “Il Federale”. Luego, colaboraciones con Bernardo Bertolucci y el reencuentro con un viejo amigo de escuela, Sergio Leone. Sería este último con quien daría el gran salto gracias a una pegajosa melodía en “Por un puñado de dólares”. Después, el reconocimiento y trabajos con los más grandes directores de la época, como Pier Paolo Pasolini y Giulio Pontecorvo, comenzaron a ser más frecuentes.

El posterior éxito con “El bueno, el Malo y el Feo”, nuevamente con su amigo Sergio Leone, lo catapultan a la cima y sus creaciones comienzan a ser tema de estudio.

ennio

Pocos comprendían cómo una fórmula de apariencia tan sencilla fuese tan efectiva. Para los entendidos, esa era precisamente la clave, orquestaciones amigables, pero con un sonido reconocible, recordable y transparente, que se pegaba en la memoria de los espectadores, y que tiene como ejemplos categóricos las inolvidables bandas sonoras de filmes como “Cinema Paradiso”, “La Misión”, “Érase una vez en América” y “Malena”. En cada una de estas películas, la presencia de Morricone resulta tan evidente que los espectadores no tienen más alternativa que rendirse a la emotividad de lo que no se ve ni se dice en la pantalla.

No es lo único. Otro aspecto fundamental en la obra de Morricone es la independencia que consiguen sus partituras. Eso no es más que el fruto de sus propias interrogantes e introspecciones.

“¿Por qué la música de Mozart, Bach, Mahler funciona si la metes en cualquier película? Porque posee su propia autonomía, independiente a todo. ¿No debería plantearme yo, como compositor, la creación de mis obras para películas como si fuera algo que ya existiera antes?”, comentó hace algunos años mientras intentaba explicar la trascendencia de sus obras.

Cierra la ecuación de Morricone el respeto enorme que siempre les profesó a los personajes y a la historia que se narraba en las películas. Pero eso no derivó en timidez, al contrario, siempre apostó por la innovación, con sonidos poderosos, como gritos, balazos, latigazos, galopes e, incluso, representaciones musicales de animales, como coyotes y búhos. Nada era descartable a la hora de componer.

ennio3

“Lo que prima es la necesidad de la historia que cuenta la película”, decía el maestro romano, idea que le valió hace unos años una distancia con Quentin Tarantino, con quien había trabajado en “Kill Bill”, “Malditos Bastardos” y “Django Desencadenado”.

Del prestigioso director dijo que “utilizaba la música sin sentido y sin coherencia”. De todas formas, volvieron a trabajar juntos y llegaron al cenit con los “Los 8 Más Odiados”, filme que sirvió para que, el mismo día que el mundo celebraba a Leonardo DiCaprio, se pagara la verdadera gran deuda de la Academia de Hollywood. MT

Comentarios