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La dinastía china se empieza a levantar como el nuevo referente
Por Mauricio Monroy desde Beijing, China. 08/05/2016
La industria automotriz del Dragón Asiático concentra la atención global gracias a un proceso de crecimiento interno que se sustenta en acuerdos de colaboración que permitieron acercar la tecnología y calidad de marcas tradicionales a los fabricantes locales. Ahora van por la conquista internacional.

Moverse por Beijing puede ser una aventura. También un martirio. Solicitar un taxi para desplazarse al centro de la ciudad a conocer algunas de las atracciones como la Ciudad Prohibida o la Plaza de Tiananmen no sólo es complejo por el idioma, sino porque puede llevar horas en un tramo de apenas unos kilómetros. La congestión es alta y en los últimos años este problema se ha incrementado con el aumento del parque automotor.

Sin ir más lejos, en China el año pasado se superó por primera vez la barrera de los 20 millones de vehículos nuevos comercializados y, además, se llegó a la cifra de 172 millones de personas propietarias de un automóvil, con un promedio de 31 autos cada cien hogares, aunque en grandes ciudades, como Shanghai, Guangzhou, Chongqing o Beijing, esa media se empina a los 60 vehículos por cada centenar de casas.

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El explosivo crecimiento tiene un momento clave. Según Zhou Han, gerente de marketing de DFM en América, el punto de inflexión “es a partir de 2001, cuando China ingresa a la OMC (Organización Mundial del Comercio). Desde ahí, el mercado automotriz en China tuvo un auge, desde una producción de dos millones en 2001 a más de 24 millones en 2015″.

En este período, la evolución ha sido vertiginosa. Se pasó de las burlas por el plagio a modelos de marcas tradicionales, y de la desconfianza por la deficiente calidad de las primeras unidades, a una etapa en la que los fabricantes chinos son requeridos. Como indicó Zhu Huarong, presidente de Changan en el Salón de Beijing, “tenemos alianzas importantes con marcas de siempre y ahora son otras las que incluso nos buscan como socios”. Los tiempos cambian y ese actor que todos criticaban ahora es invitado con alfombra roja a ser parte de la gran fiesta.

» El diseño propio

Uno de los grandes problemas de la industria automotriz china y que mayor rechazo generó por parte de los usuarios era el relacionado con el diseño. Insólitas copias salían desde diversas instalaciones sin comprender el daño en imagen. Pero al poco tiempo algunas marcas tomaron nota y comenzaron a trabajar con centros de diseño en Europa y Norteamérica. Otros, con mayor poder adquisitivo, “levantaron” algunas mentes creativas.

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Tal fue el caso de Chery, compañía que en 2012 posicionó a James Hope como director de diseño. El ex hombre de Ford, Daimler y GM asumió con el desafío de dotar de personalidad distintiva a la compañía, pero sin convertirla en una marca de imagen occidental afincada en China. Y es sólo un caso, ya que en el Salón de Beijing, Volkswagen informó que creará un Centro de Desarrollo y Diseño en el país asiático.

Pero así como se da un paso en la diferenciación, la integración es otro aspecto que ha resultado clave en los últimos 15 años. La obligatoriedad por parte del gobierno de China de establecer alianzas o joint venture entre marcas tradicionales con fabricantes locales para instalarse en su territorio ha permitido que se traspasen conocimientos y tecnologías, elevando la calidad de los productos “made in China”.

El primer acuerdo se firmó en 1985, con la alianza entre el Grupo Volkswagen y Shanghai Automotive Industry Corporation (SAIC). Desde ahí, la industria automotriz no detuvo su avance y hoy las marcas más importantes de Estados Unidos, Alemania, Italia, Japón y Corea disponen de acuerdos y desarrollos mancomunados.
Buena prueba de estos trabajos conjuntos se pudo apreciar en el último Salón de Beijing, donde diversas marcas anunciaron la construcción de nuevos modelos en territorio chino, destacando entre ellos el acuerdo entre GAC y el grupo Fiat Chrysler, quienes anunciaron la construcción del Jeep Renegade en la planta de Guangzhou, donde se invirtieron 4,7 billones de yuanes, o sea, unos US$ 755,8 millones.

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Respecto de los beneficios que tiene para las marcas locales, Zhou Han, de DFM (firma que tiene joint venture con Nissan, Peugeot, Citroën, Kia, Honda y Volvo Vehículos Comerciales), señaló que con estas alianzas “DFM comparte la tecnología más avanzada en el mundo y le ayuda a desarrollar la marca de su propiedad. Ahora, el vehículo DFM aspira a convertirse en uno de los más populares en China”.

Pero las relaciones comerciales no sólo se quedan en vehículos para el mercado chino. Como un nuevo paso en el crecimiento de la industria del país asiático, el objetivo ahora es aumentar las exportaciones, que en 2015 no superaron el 3% de la producción local. Eso sí, un punto clave en este proceso, que permite confirmar la calidad de los productos chinos, corrió por cuenta de General Motors, que decidió exportar desde China a Estados Unidos el Buick Envision, a lo que se agregó el reciente anuncio de que el Cadillac CT6 plug-in, que se construirá en la nueva planta de Pudong Jinqiao, donde se invirtieron 1.200 millones de dólares, también arribará a Norteamérica, a pesar de las protestas de los sindicatos de trabajadores estadounidenses.

Como se ve, se atraviesa una era diferente en la industria automotriz, una época que empieza a levantar a la dinastía china como el nuevo referente global.

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