Motos Zongshen, la jugada china de Derco – mtOnline
Motos Zongshen, la jugada china de Derco
29/05/2016
La RX3 de Zongshen, con casa matriz en el polo automotor de Chongqing, cuenta con un motor de un cuarto de litro para emprender desafíos urbanos y otros cuando el pavimento queda atrás. Su especial estética la coloca al borde del impacto.

Uno de los aportes más llamativos en la agenda de novedades relativamente recientes ha corrido por cuenta de la marca china Zongshen, representada en Chile por Derco Motos. Y dentro de ese brillo, sin duda que sobresale aún más la RX3 que hemos probado con preponderancia en el asfalto, pero dándonos también ciertos momentos sobre rutas de tierra de dificultad sencilla.

Fundamentalmente porque esta mini trail se ufana de estar hecha para un uso mixto, ya sea por calles o cuando el pavimento ya no va. Lo de “mini” incluso puede sonar engañador, ya que pese a que es una moto ligera, posee una corpulencia que le confiere mucha presencia en la vía, donde ponen mucho de su parte las defensas, los soportes, la iluminación y el juego de tres maletas con el sello de la casa fabricante. Estos elementos redondean una estética tan vigorosa como distinta y que acrecientan las ganas de sacar las llaves para ponerla en marcha. Pero ojo, que el volumen de carga de los tres receptáculos no se acomoda al equipaje de un traslado largo. Para el día a día de la ciudad, en cambio, resulta impecable.

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El monocilíndrico de 249 cc de cuatro tiempos es refrigerado por líquido y ventilador de aire. Tras darle vida desde su arranque eléctrico comenzaremos a escuchar una reverberación grata, un sonido algo ronco y que los automovilistas detectan conforme presionamos desde el acelerador sin pasar la marcha, aunque exigirlo más allá de las 8.000 vueltas es tan improductivo como torpe. En algunas maniobras de rebase por carretera sobrepasamos los 130 km/h por algunos segundos y notamos que las vibraciones aconsejan volver al rango de 110-115 km/h, momento en que notamos un comportamiento muy satisfactorio y de pleno dominio. Incluso, a 100 km/h creo que se vive el pasar más grato del avance y del viaje.

 

 

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La frenada no dispone de ABS, pero sí transmite confianza. El paquete está confiado a un disco delantero de 260 mm y un caliper de doble pistón, y atrás también tenemos un disco ventilado de gran masa.

El tercer día de uso nos decreta un imperativo, porque es momento de reconocer el acierto de la pantalla antiviento, que funciona perfecto en los desplazamientos por autopistas.

La gente pregunta, y cuando revelamos la cilindrada notamos de inmediato la incredulidad. Claro, su forma final y características de fabricación son un inequívoco guiño a máquinas del ámbito multipropósito europeo y japonés, pero… ¡¿250?!
Circulé dos veces con pasajeros y tanto ellos como yo nos sentimos cómodos. Incluso, mi mujer, eterna compañera de mis andadas en dos ruedas, me manifestó que el “top case” a sus espaldas le brindaba una sensación de protección.

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El tablero y su información se leen sin problemas y su presentación rememora a sus inspiradoras de otras latitudes. Me gustó mucho contar con función de luces de emergencia (hazzards), pero el sonido de la bocina queda en deuda. Ahora, el vozarrón no menor del motor sale en defensa de tal falencia.

Por ciertos senderos de tierra y algo de piedras notamos que sus zonas más sensibles están muy bien protegidas de elementos que pudieran saltar, golpear y dañar algún punto delicado. En este orden, nos convence el corpulento basculante, de un perfil muy singular, muy rígido y que aguanta estupendo el monoamortiguador hidráulico que asiste a la suspensión trasera.

Todo esto nos empuja a un corolario con los pulgares muy hacia arriba y un llamado a quienes miran con limitaciones su moto de la semana. Acá, la escapada un poquito más allá de los fines de semana está esperando la orden de salida.

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