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[MotorSport] Las venas abiertas de Eliseo Salazar
Por Mauricio Monroy S. 16/06/2016
Conversamos con Eliseo Salazar sobre la mítica carrera norteamericana, que este año celebró su edición centenaria. El ex piloto nacional habló sobre los detalles de la carrera, la revolución que se vive en la ciudad durante las semanas previas, la trascendencia que tiene en el deporte y lo que significó en su vida el haber disputado en seis ocasiones la competencia más pasional, delirante y esperada de Norteamérica.

Más de 450 mil espectadores en el circuito de Speedway veían con incredulidad el cierre de las 500 Millas de Indianápolis. No se trataba de una edición más en la mítica competencia, sino que era nada menos que la versión centenaria de la competencia automovilística más antigua del mundo. A falta de sólo unos metros, el sorpresivo líder de la competencia, el norteamericano Alexander Rossi, se aferraba a las últimas gotas de combustible para cruzar la bandera a cuadros en el primer lugar.

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Los cerca de 15 segundos que le llevaba de ventaja a su más cercano perseguidor, cuando sólo quedaba una vuelta en el óvalo, se habían reducido a poco más de cuatro segundos cuando atravesó la meta. Un par de metros después de la línea que da el paso a la gloria, el ex piloto de Fórmula Uno vio cómo su auto se detenía por falta de gasolina. Pero ya no importaba, la hazaña se había consumado y el rookie (novato) del equipo Andretti Autosport hacía su estreno en las ligas mayores de la IndyCar con un triunfo tan emotivo como inesperado.

En la tribuna, Eliseo Salazar veía con asombro el desenlace. La gran figura del automovilismo nacional fue partícipe de las celebraciones por las 100 carreras que cumplieron este año las 500 Millas de Indianápolis, ya que fue invitado para rendirles homenaje en el denominado Legend Day junto a todos los corredores que siguen vivos y que alguna vez estuvieron en la mítica prueba.

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Conversamos con Salazar sobre las 500 Millas de Indianápolis. De su importancia y de su trascendencia. Desde su privilegiada posición y con seis participaciones sobre su espalda, quien comenzara su acercamiento a la velocidad como cronometrista en Las Vizcachas se sinceró y habló desde la emoción para reconocer que en ese óvalo de 2,5 millas de extensión alcanzó su mayor logro. No fue el título que consiguió en Argentina, los puntos que sumó en la Fórmula Uno o su recordado paso por Le Mans. En el Indianápolis Motor Speedway es donde, al detenerse a mirar su trayectoria, esconde su más recordada prueba.

» Danza de dólares

La Indy 500 representa más que una carrera. Es un evento que durante semanas transforma a la ciudad en el centro de interés deportivo. “A mayo se le conoce como el mes de la Indy. Hace unos años, esta fiesta se vivía por un mes completo, las prácticas eran la primera semana, luego las clasificaciones con los 33 pilotos que disputarían la carrera y después estaba el día de la burbuja, donde se definían las posiciones de largada”, recuerda Eliseo.

La efervescencia que se vive es absoluta, pues como dice el ex piloto, “la ciudad se revoluciona. Es como estar en un Mundial de Fútbol, todos los medios están cubriendo hasta los detalles más mínimos, hay televisión en directo, reportajes especiales en los diarios. Por algo es la carrera más antigua del mundo y es el evento deportivo con mayor cantidad de asistentes, con premios millonarios que este año superaron los 13 millones de dólares…Imagínate que este año el piloto que terminó en el último lugar se llevó 339 mil dólares y el ganador se embolsó más de US$ 2,5 millones”.

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La previa es otro condimento especial. “En los últimos días es tal el revuelo que existe, que los pilotos tienen sus propios motorhomes y se quedan en el circuito. Así evitan el desgaste de los desplazamientos. Otros llegan en helicóptero, pero lo central es que la organización a cada piloto le confía un escolta durante los últimos días. Los 33 pilotos que entran a la pista son personas de la realeza”, dice Salazar.

» Lágrimas en la butaca

La 100ª edición de las 500 Millas cautivó al mundo del deporte. También a celebridades como Lady Gaga, que se animó a dar un par de vueltas como copiloto de Mario Andretti. Pero mientras los flashes y el espectáculo hacían del evento una fiesta, los protagonistas vivían un proceso diferente.

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“Cuando uno es piloto, uno se pone el casco, se aísla del resto, se concentra, se pone los tapones y hace pasar por la cabeza la estrategia de carrera. Uno de los consejos que me dio A.J. Foyt (cuatro veces ganador de la carrera) cuando empecé a correr las 500 Millas fue que no mirara a la gente, que eso me podía congelar. Hay que intentar abstraerse de la emoción, pero es difícil viendo todo el entorno, lo que ha significado el mes anterior y sabiendo que estás frente a más de 450 mil personas”, dice Salazar.

La experiencia del chileno en la carrera es amplia. Llegó a la Indy gracias a las palabras de una leyenda del automovilismo. “Emerson Fittipaldi me metió en este mundo, me comentó lo que se vivía y me decía ‘no te puedes imaginar lo que es'”, comenta Eliseo.

El chileno disputó en 1995 sus primeras Indy 500. “Fui 4º en mi año de rookie, un gran resultado, pero no quedé conforme, ya que estuvimos cerca de ganar”.

Al año siguiente vendría lo inesperado. Un brutal accidente a comienzos de enero, al chocar contra el muro en el óvalo de Orlando, llevó a Eliseo Salazar al quirófano: 120 puntos de sutura, 16 pernos y placas metálicas sirvieron para reconstruir el fémur de la pierna derecha. En el momento, los doctores ni siquiera aseguraban que volviese a caminar. Luego vino una prueba de espíritu.

“El 96 fue muy especial. Llegué literalmente en muletas a las 500 Millas. Pero quería entrar a la carrera y me preparé al máximo, sólo pensaba en estar en la pista. Cuando hicimos la clasificación y vi que estaba entre los 33 lloré todo el camino de regreso, pues no sólo había clasificado, sino que, además, había quedado en la primera línea de largada. Son cosas que cuesta explicar, hay momentos en que a las personas les sale más fuerza para conseguir sus objetivos. Es por eso que esa carrera es mi mayor logro, independiente del resultado (fue sexto)”.

Luego serían otras cuatro participaciones del chileno (1997, 1999, 2000 y 2001). Para el registro, su mejor ubicación fue en 2000, cuando terminó en la tercera posición.

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Con los años, la desilusión que se pudo tener en algún momento debido a detalles que lo privaron de posiciones más destacadas, mutó a una sensación de orgullo que perdura hasta hoy y que se reactivó al estar en la tribuna con sus otrora rivales. “Uno en su momento pudo pensar que se pudo estar más arriba, pero con el tiempo ves lo importante que es ser top ten en las 500 Millas. Ahora, cuando nos juntamos los pilotos en Indianápolis, hablaba con Adrián Fernández, una de las leyendas del automovilismo mexicano, y me decía que su mejor resultado fue un séptimo lugar y estaba feliz. Y yo bromeándolo le decía que mi peor resultado había sido el séptimo”.

De ahí la importancia para Rossi y los esfuerzos matemáticos que hizo su equipo para prever que sería capaz de cruzar las 200 vueltas al óvalo. El paso al Olimpo del automovilismo nunca fue tan ajustado a las cifras de una calculadora.

“En esta carrera, la última bandera amarilla fue a 36 vueltas del final y en teoría el combustible alcanza para 32. Entre los pilotos sabíamos que alguien se jugaría. Y así apareció Rossi, que no estaba entre los candidatos y se afirmó a una estrategia de no recargar combustible cuando todos los otros lo hicieron. Y parecía que no le alcanzaría, la última vuelta la hizo a una velocidad infinitamente más lenta que las otras, pero llegó justo. Lo increíble es que al comienzo no tenía chances, pagaba 100 a 1, pero ahora quedó en la historia al ganar una carrera tan emblemática como las 500 Millas y más encima en su versión centenaria”.

Fue el cierre de una jornada soñada para Rossi. También para Eliseo Salazar, que en paralelo y con cada giro que daban los pilotos revivía sus años de vértigo y velocidad. “Uno ve el espectáculo desde afuera, sabemos que ya no estaremos de nuevo en la pista disputando la competencia, pero conversábamos con el mismo Fernández que llevar a la pista a los pilotos que alguna vez corrimos en las 500 Millas es como llevar un alcohólico a un bar. Uno piensa en qué lugar iría, qué estaría haciendo, y a pesar de la distancia y de que uno está sentado en la tribuna, hay mucho nerviosismo”. MT

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