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TEST: Audi A4, el ejemplo de que los 40 son los nuevos 30
Por Mauricio Monroy S. 10/06/2016
El sedán alemán tiene cuatro décadas, pero su alma parece haber rejuvenecido en esta quinta generación, donde la comodidad, la tecnología y el dinamismo se vuelven sus principios estructurales.

El A4 es uno de los modelos más importantes en la historia de Audi. Uno de esos llamados buques insignia. Tal calificativo no lo ganó en un sorteo, pues ya son cuatro décadas de historia y cuatro generaciones a cuestas. Es por eso que en la quinta vida del emblemático sedán la fórmula mágica no se cambia, pero sí evoluciona. Y bastante.

A nivel estético, las líneas corresponden a lo que nos tiene acostumbrados Audi. Un modelo familiar, de imagen tradicional, pero que se echa encima algo de testosterona con las nervaduras del capó, los afilados grupos ópticos y la parrilla monobloque tridimensional con barras cromadas.

Ya en el interior los cambios son notorios respecto de la generación anterior. Para empezar, la comodidad que tienen los ocupantes es llamativa, especialmente en las plazas traseras, donde el espacio para las rodillas lo debe posicionar entre los más espaciosos del segmento. Ahora, en el puesto de conductor, si bien la visibilidad es muy buena, e incluso se mejora gracias a una mayor caída en la punta del capó, resta puntos que el asiento tenga sólo ajustes manuales.

Otro detalle que genera sensaciones encontradas lo encontramos en el maletero, puesto que a pesar del generoso baúl, lo cierto es que la boca no es tan amplia y se hace complicado hacer entrar bolsos grandes.

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Pero si algunas piedrecillas molestan en el zapato, considerando el tipo de vehículo con el que nos enfrentamos, al momento de movernos y apreciar la tecnología que incluye, no hay dos lecturas. La enorme pantalla flotante del panel central es un deleite, sin embargo, el Virtual Cockpit, el modernísimo cuadro de instrumentos digital, nos hace sentir en el futuro.

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Este tablero ofrece toda la información que se necesita y, además, permite elegir la visualización que preferimos tener frente a nuestros ojos, pasando desde los tradicionales relojes (que pueden ser de distintos tamaños), hasta el mapa del GPS. Sin duda, un punto diferenciador que marca distancia con sus rivales.

» Suave y dinámico

Nuestra unidad de prueba es un A4 con motor 2.0 TFSI. Dicho bloque entrega 190 caballos de fuerza, asociado a una caja Stronic de siete marchas.

En este segmento, lo fundamental es ofrecer un buen confort de marcha y acá se consigue con largueza por la suspensión, el tacto de la dirección y la nobleza de una plataforma que permite transferencias de peso sumamente equilibradas.

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Sin embargo, el A4 también es un vehículo que puede salir de la rutina. El propulsor, enérgico y de respuestas inmediatas, cuando es exigido dispone de suficiente agilidad gracias a la fuerza que entrega desde bajo las 2.500 rpm y por la velocidad en el paso de marchas que se consigue con la caja de doble embrague. Así, en diferentes tonalidades, el motor presenta una armonía que hará del manejo un verdadero placer.

¿Y si queremos más adrenalina? El Audi Drive Select permite un manejo Dynamic, con una dirección más rígida y aceleraciones más inmediatas.

Por último, independiente del modo de conducción, un detalle que no se debe pasar por alto es el trabajo de aislación. En este modelo, el traspaso de rumorosidad al habitáculo es ínfimo.

En consecuencia, el A4 mantiene su genética de cordura y elegancia, pero con un espítitu rejuvenecido que confirma eso de que los 40 son los nuevos 30.

A favor: La comodidad interior, el moderno tablero Virtual Cockpit y la versatilidad del motor.

En contra: Tener asientos con ajuste manual y el no contar con cámara de retroceso.

Fotos: Audi.

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