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[TEST DRIVE] Suzuki GSX-S1000: estética sinfonía de contundencia y equilibrio
Por Alexis Cares R. 19/06/2016 625 vistas
Probamos la vigorosa y maxi naked novedad de Suzuki. La máquina representa un momento del todo brillante, que se explica por el calibre deportivo que la marca toma de su glorioso y extenso aprendizaje en la pizarra histórica de la velocidad.

Aunque los atochamientos no dejan saborearla en todo su poderoso esplendor deportivo, sí tuvimos momentos de autopista y solitarias rutas asfaltadas para sentir las mejores notas de la GSX- S1000 que Suzuki ha sumado recientemente a su catálogo nacional. Y hago este contrapunto para ventilar un momento tan cotidiano como íntimo, que es aquel cuando ya regresaste a casa en tu medio de transporte. Y que en este caso ocurrió buena parte de la semana en esta maxi naked. Y ¿qué hay con eso? Hay algo reiterado, las ganas de entrar, saludar rápido a todos y salir muy pronto, porque te deja con ganas de más.

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Es que esta máquina de estética agresiva y sensual no es otra cosa que el cobro de una herencia importante que vive dentro de la marca, donde lo traspasado es el aprendizaje de décadas en los circuitos y cómo ese cúmulo de anotaciones se lleva a una moto cuya contundencia nadie puede salir a discutir, como tampoco su equilibrio y eficacia en todo el rango y situaciones de tráfico.

Ante los suzukistas eruditos y doctorados en metodología, convenir que dentro de ese legado hay apuntes actualizados de los aplaudidos resultados obtenidos en la creación del motor de la 2005, por una parte, hasta la conformación del chasis basculante de aluminio extraído de la GSX-R1000. Una cruza que consolida la genética aplastante de esta línea.

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En el mapeo encontramos la novedad de tres niveles del control de tracción, siendo el 3 el que mayormente interviene en la asistencia de la conducción y que en estos días inestables y hasta con lluvia, es el que más ocupé. También se puede ir a un nivel menos invasivo, como el 2, hasta el que prácticamente se “desentiende”, que es el 1. Por lo demás, el control de tracción es desconectable. Es decir, cuatro personalidades esperando por sus distintos dueños. Pero que nadie se equivoque, la moto posee un motor refrigerado por líquido más aligerado, sin embargo, los 146 caballos de fuerza son una realidad que, aun cuando la llevemos en el modo más “adormecedor”, tendremos una máquina de vigorosa personalidad y que sólo hay que salir a buscar con suavidad desde el manillar, para encontrarse con una bestia que jamás estará anestesiada. No en este ejemplar.

Un amigo que se mantiene distante del mundo de las motos, pero que ama los autos, me dijo que ya el solo nombre de esta Suzuki intimida. Como reacción natural salí a decirle que en la ciudad y como uno la quiera llevar es una moto que siempre está bajo el dominio, a ratos dócil y cuyo torque se luce: su eficacia en el rango de medianas revoluciones es soberbio. No tendremos que andar a lo MotoGP para obtener los elevados niveles de adrenalina que está dispuesta a entregar.

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Del mismo modo, el comportamiento arriba es de mucha estabilidad y, pese a que vamos fuerte, se va estable. Y ese es un dato de confianza que la moto sabe traspasar a su piloto. Y si de eficacia se trata, los frenos Brembo se llevan excelente nota.

Como observación, creo que al circular en las primeras marchas la moto y su respuesta todavía pueden ganar en suavidad. Sin ser dura, hay un dejo de aspereza que Suzuki con seguridad irá “limando”. Lo otro, la maniobra en espacios reducidos, no habla de un buen radio de giro, pero son detalles que quedan en un merecido olvido cuando ya estamos en la calle viendo cómo todos los demás van quedando detrás de uno.