Manejar una moto podría depender de tu habilidad – mtOnline
Manejar una moto podría depender de tu habilidad
Por Isabella Perciavalle de la Torre 22/07/2016
Un nuevo proyecto de ley busca un acceso gradual a la conducción de motocicletas con tres tipos de licencia Clase C. Dividida por cilindradas, el objetivo es disminuir el número de accidentes ocasionados por conductores que se suben a una moto sin tener la experiencia necesaria.

En la última década el universo de las dos ruedas en el mercado nacional ha crecido en un 325%, según los datos del Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones, y se espera que esta tendencia siga en aumento. Una realidad que en el mismo tiempo ha dejado  947 motociclistas fallecidos y más de 37.000 con lesiones. Para disminuir la tasa de accidentes, el gobierno trabaja actualmente en el Plan Nacional de Seguridad Vial para Motocicletas junto a la Comisión Nacional de Seguridad de Tránsito, y en las últimas semanas catalogó con urgencia simple el proyecto de ley que modifica la manera de obtener la licencia Clase C, la cual es obligatoria para manejar vehículos de dos o tres ruedas con motor fijo o agregado.

La iniciativa, que nació de la moción parlamentaria del diputado PPD Ramón Farías, busca un acceso gradual a la conducción de estos vehículos, considerando su  tamaño, potencia y, sobre todo, los años de experiencia del conductor. “Hoy, un joven de 18 años puede dar el examen y puede manejar una moto de 1.200 cc y comienza a conducir sin tener la experiencia, arriesgándose a graves accidentes”, indica el parlamentario.

Para esto se propone dividir la licencia Clase C en tres tipos C1, C2 y C3, que responden a un tramo específico de cilindrada y limitan a los conductores a manejar motos sólo dentro de ese segmento, hasta que se tenga la habilidad suficiente para acceder al siguiente tramo. La idea es establecer un sistema escalonado y progresivo, donde todo aquel que quiera comenzar a andar en moto parta con una licencia C1 (50 a 250 cc), para optar luego a la C2 (251 a 500 cc) y finalmente a la C3 (+500 cc). Según el documento, para obtener las licencias clase C2 y C3 el conductor deberá acreditar que posee licencia clase C1 con una antigüedad de al menos dos años y rendir los exámenes correspondientes. En todos los casos sería necesario hacer un curso específico, sin embargo, si se quiere partir en el segmento de las motos medianas, se puede apelar directamente al C2.

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Entendidos en la materia explican que la ley no es retroactiva, que exigirá hacer la prueba en una moto con la cilindrada del tramo requerido, y si se va con una versión automática o mecánica, aparecerá en la licencia.

Por parte de la Asociación Nacional de Importadores de Motocicletas (Anim), diferenciar  licencias por cilindrada es una medida de seguridad que debe ser aplicada en casos particulares y no para la población en general. Esta debe incluirse cuando el uso de la motocicleta se convierte en un medio de transporte de carga o para cumplir servicios de encargos de terceros, como lo son los servicios de delivery y motoboy.

En un contexto donde el 85% de las motocicletas que se venden en Chile son de cilindradas inferiores a 250 cc, el vicepresidente de la asociación, Cristián Reitze, postula que “diferenciar licencias por cilindrada parece una medida de seguridad sensata, pero es totalmente innecesaria, toda vez que los usuarios de motocicletas comienzan siempre por manejar cilindradas más bajas. ¿Para qué regular por ley lo que ya está autorregulado? Por consiguiente, es una medida que tendría efecto cero sobre la seguridad. En cambio, una licencia diferenciada para motoristas laborales, para pilotos de competición y para jóvenes entre 16 y 18 años sí tendría un efecto positivo y directo sobre la seguridad”.

» Partir por educar

La Anim hace hincapié en que el foco debe ponerse en la educación, específicamente en los conductores desde los 16 años, apostando a una mejor preparación para cuando se cumpla la mayoría de edad y se enfrente a condiciones de manejo más complejas.

En este tema, William Whittle, gerente técnico de Yama Import, representante de Yamaha en Chile, también pone énfasis en la capacitación e instrucción de los motociclistas. “Creo que una vez más estamos poniéndonos los zapatos antes que los calcetines. Me hubiera gustado que el primer foco hubiera sido la educación, tanto vial como técnica. Hoy día no hay escuelas de conductores, entonces lo primero si queremos realmente atacar el problema, que es que tengamos conductores más conscientes de los peligros y más hábiles técnicamente, tenemos que educarlos”, dice.

Dentro de las marcas que contribuyen a formar a sus futuros conductores encontramos a Honda Motor, quienes realizan clínicas gratuitas de manejo seguro de motocicletas, capacitaciones que se enmarcan dentro del programa de responsabilidad social de la compañía.

Por otro lado, en el contexto nacional, se evidencian otras falencias que deben suplirse en seguridad motociclística. “El proyecto de ley es positivo versus el objetivo que persiguen, que es disminuir la tasa de accidentabilidad. Sin embargo, existen varios puntos donde debemos ahondar, lo primero es evaluar el escenario actual de la obtención de licencias de conducir clase C. ¿Cuántas comunas están actualmente equipadas para tomar correctamente el examen de manejo? ¿Cuántas escuelas de manejo están certificadas por el Ministerio de Transportes?”, estima Gonzalo Landaeta, gerente general de Cidef, representante oficial de Kawasaki en Chile.

Desde el punto de vista de Alberto Escobar, gerente de Asuntos Públicos de Automóvil Club de Chile, establecer categorías para la licencia de motos en función de la experiencia del conductor  permitirá robustecer las políticas de seguridad vial, pero esta legislación debiera complementarse con un riguroso plan de fiscalización. “En nuestro país sólo se controla el 7% del total de las infracciones. Aún es visible en nuestras calles irresponsabilidades como circular entre carriles, zigzaguear entre los autos y sobrepasar por la derecha, y que quedan en total impunidad”, revela.

El proyecto de ley espera ser evaluado pronto en la Cámara de Diputados, una legislación que, de aprobarse, debiera fortalecerse con mejoras en el plano de educación y seguridad sobre dos ruedas.

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Así se obtiene actualmente la licencia Clase C

1. Presentar la cédula de identidad vigente y ser mayor de 18 años.

2. Presentar un certificado de estudios igual o superior a 8° básico.

3. Rendir y aprobar exámenes médicos, teóricos y prácticos en la municipalidad correspondiente al domicilio.

Lo que dice la experiencia internacional

La Unión Europea estableció una normativa generalizada que permite manejar motocicletas en cualquier país europeo. Esta se basa en cuatro tipos de carné, cuya clave se centra en dividir cada licencia por edad y potencia del vehículo. En España, con los reparos nacionales correspondientes, se deben realizar exámenes teóricos y prácticos para acceder a cada una, y a medida que se avanza se convalida automáticamente con el carné de un nivel menor.

Se entrega el permiso AM a los mayores de 15 años para conducir ciclomotores de hasta 50 cc, sin superar la velocidad máxima de 45 km/h. Después se tiene la A1, sobre los 16 años, que permite conducir motocicletas sin sidecar de hasta 125 cc, 11 kW y una relación potencia/peso de 0,1 kW/kg. Más adelante se tiene la  A2, para mayores de 18 años y motocicletas de hasta 35  kW y una relación de potencia/peso de 0,2 kW/kg. Finalmente, existe la A3, el permiso más exigente, que permite conducir cualquier tipo de moto. Para ella se debe tener sobre 20 años, una experiencia mínima de dos años con el permiso A2 y superar una formación establecida por el gobierno.

En el caso de Estados Unidos, el estado de Florida exige un curso básico de pilotos basado en un programa de entrenamientos específicos que brinda el mismo estado. El entrenamiento tiene una duración de 15 horas e incluye pruebas de habilidad con movimientos básicos, como ir en línea recta, frenar, doblar, y cambios de velocidad, hasta maniobras más avanzadas y elementos necesarios para inculcar un correcto hábito de seguridad vial.

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