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[Test Drive] Chevrolet Camaro: La provocación que ruge desde la historia
08/07/2016
La sexta generación del muscle car de Chevrolet luce una evidente evolución que no olvida su clásico espíritu agresivo y emocional. Destaca por su diseño más funcional y por una puesta en pista más segura y firme que en ediciones anteriores.

Provocación. Después de una semana al mando del nuevo Chevrolet Camaro SS, la sensación que nos dejó es que fue destinado a ser objeto de atención, provocando admiración, ilusión y/o envidia. No está para ser uno más dentro del parque motor.

Es que desde su aparición, allá por los años 60, Camaro es sinónimo de adrenalina. En esta ocasión eso incluso va un paso más allá y puede ser la perdición para los amantes de los clásicos americanos, ya que ahora también integra los sistemas de conectividad que exigen los usuarios.

Nada más encender el motor y escuchar ese potente rugido desde la doble salida de escape sirve para percatarse de que se tiene entre manos una bestia a punto de arrancar. Ese motor de 6.2 litros que hereda del Corvette Stingray desarrolla nada menos que 455 Hp, con un par de 617 Nm.

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Pero lo más llamativo del Camaro Six, como se le conoce, por ser ésta su sexta generación, no está escondido bajo el capó o en las afiladas líneas de su diseño. Su gran virtud, y lo que le hace sacar distancia de la edición saliente, es el notorio avance que los ingenieros dieron en la experiencia de manejo. Es que la potencia desbordada, más aún en un vehículo de tracción trasera, siempre puede ser un arma de doble filo.

Ahora, en cambio, se pudo mezclar la explosión tradicional con el mayor margen que entregan tanto las ayudas electrónicas como algunos ajustes estéticos. En este aspecto, vale resaltar que la parrilla frontal, gracias a ductos de refrigeración integrados, permite mantener fríos los frenos, mejorando la seguridad en situaciones límites.

» La nueva esencia

Encontrar una posición cómoda es sencillo, con las butacas envolventes y los mandos a la mano. Es hora de salir a la calle. La visibilidad hacia atrás sigue siendo un tema no superado, pero acá prima la estética.
Al movernos, si bien se puede sentir que el arranque es algo lento, es más un espejismo. En milésimas de segundos toma fuerza y es capaz de llegar a 100 km/h en apenas cuatro segundos. Y eso es un detalle que se suma a la agilidad, el aplomo al piso y la seguridad que entrega en curvas. Sí, sorprende un poco considerando el historial de los muscle car americanos.

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Otro aspecto que llama la atención en este Camaro es que, a pesar de las quejas puristas, la caja manual no se extraña. En ciudad pasar marchas cada dos segundos termina siendo un problema con tanta congestión, y en este caso la transmisión automática de ocho velocidades va saltando de forma rápida, de forma casi imperceptible y sin grandes sobresaltos. Además, está la opción de manejo secuencial con el paddle shift, lo que entrega la diversión que alguno pueda extrañar.

En cuanto al confort de marcha, si bien dispone de una suspensión bastante rígida, lo positivo es que no se traspasa al habitáculo, evitando problemas a los ocupantes.

El motivo de esta cualidad se explica por la suspensión delantera McPherson y de multibrazo atrás, aunque lo interesante es el Magnetic Ride Control, un sistema de amortiguación que anticipa lo que pasará en el pavimento a una velocidad de hasta 1.000 veces por segundo, como precisan en la marca. Esto hace que el vehículo “se prepare” y no sufra en forma drástica con las imperfecciones del camino, permitiendo disfrutar completamente del manejo.

A favor: La sensación de manejo que genera, debido a la mayor rigidez y al sistema de suspensión.

En contra: La visibilidad trasera sigue siendo escasa, pues se privilegia la estética del diseño.

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