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[Moto Test] Yamaha MT 07: Lados oscuros muy divertidos
Por Alexis Cares R. 29/07/2016
Probamos la “baby” de las sport calle de Yamaha, la MT 07, una moto que parece haber venido a este mundo con aquella expresión rockera de la muchachita rebelde que nos mira y ya sabemos que la locura está a la vuelta de la esquina.

En su momento se habló del “lado oscuro” de Yamaha, en el sentido de lo audaz, de la penumbra que esconde un deseo provocador, de la opción por una estética agresiva, que desborda actitud y transmite una belleza singular que tiene que ver con lo acechante, con lo que ataca no para comerte, sino que ser devorado por lo mancomunado que representa el indisoluble vínculo moto y piloto.

La MT 07 de Yamaha representa un momento alto en la propuesta de diseño, su trazo va al ataque. Hacia adelante, hacia la “presa”, pero una vez montados y en marcha notaremos que la sensorialidad de nuestras percepciones irá hacia ideas relacionadas con la sencillez de manejo, la comodidad y la versatilidad.

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El chasis tubular se encarga de mostrar la obra maestra de los japoneses y que tiene que ver con el motor bicilíndrico de cuatro tiempos y de refrigeración líquida. La opción por el diseño crossplane del conjunto muy compacto es un guiño a la reina madre, hablo de la R1. La respuesta de este propulsor desde bajas revoluciones es estupenda. Y malcría a ratos, porque vamos en quinta, por ejemplo, perdemos mucha aceleración por las situaciones del tránsito y casi salimos empujando desde tal engrane. Lo confieso. Después me apliqué más, porque en el rebaje la moto regala una entrega de potencia magnífica. Discrepo de quienes la han motejado como la “MT 09 chica”, es una moto totalmente diferente. De partida, los 115 Hp de aquella bestia están muy por encima de los, en todo caso, muy vivaces 75 Hp que nos da esta MT 07. El dato que mejor sazona estos registros de la hoja técnica es que lo que hay que mover son apenas 179 kilos, por lo que la relación peso/potencia nos faculta para buscar la moto hasta sus límites y obtener, de verdad, una respuesta deliciosa que en zonas de curvas acompañamos “botando” un poquito la máquina y sintiendo una adrenalina muy rica, porque, además, es grande la confianza que transmite la hechura de la moto, su dulzura de empuje que es importante, porque da y da hasta las 10 mil vueltas.

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¿Cómo es que transmite el sabor y ademanes que a uno lo llevan a entusiasmarse y mucho? Me imagino que el trabajo de la suspensión trasera tiene que ver. Hay un armado monocross de soporte horizontal que va anclado directo al cárter, lo que representa un ahorro de espacio. Esto, a su vez, mejora el rendimiento desde esta parte y no perdamos de vista, además, que el brazo trasero es de 530 milímetros, entonces necesariamente vamos a sentir lo que la moto devuelve en una conducción más suelta.

¿Los frenos? Son impecables, pero en curvas noté que la suspensión es un pelín blanda en la acción de contenerla, entonces debemos tener cierto recaudo de no abusar de lo mucho que propone para no pasar sobresaltos ni creerse que andamos en el MotoGP.

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Dos alcances sobre la posición en la que quedamos para conducir: uno, que los 805 mm de altura del suelo abren un rango amplio de uso, así que tipos de 1,70 como yo, cero problema; lo otro tiene que ver con su amplio asiento. Los dos primeros días me quedó la sensación de que Yamaha pensó en usuarios cultores de sumo o al menos personas bien traserudas. Curioso. Luego lo archivé en el plano de lo anecdótico, porque la sujeción funciona y uno debe acomodarse como mejor le plazca. Espacio hay… Cuando llevé a mi mujer, no le gustó ni a ella ni a mí. Por espacio, porque ella prefirió asirse de mi cintura y eso no le gusta (a mí sí…). En fin, pero de que podemos ir acompañados, ni hablar. ¿Disfrutarla en solitario? Es mi consejo para los egoístas como yo.

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