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[MTMAG.] El voley playa femenino busca un pasaje a la historia
Por Isabella Perciavalle. Fotos: Zé Dominguez. Agradecimientos: Volkswagen. 20/02/2017
Ir a unos Juegos Olímpicos es uno de los máximos anhelos de un deportista. Chris Vorpahl y Fabiane Boogaerdt lo saben. Trabajan para llegar a Tokio 2020 y así convertirse en la primera dupla chilena de vóleibol playa que represente a Chile en la cita de los anillos. Dos historias que se unieron por coincidencia, pero que se enrielaron por una misma pasión.

Chris Vorpahl y Fabiane Boogaerdt defendían su perímetro de arena en la costa de Maitencillo. Era su esperado debut, la primera vez que jugaban juntas la Liga Nacional de Vóleibol Playa. También la primera vez que llegaban a una final. Con el reflejo del sol en sus lentes polarizados y concentración máxima en cada saque, estaban a sólo dos puntos para cerrar el primer set. Iban ganando. Les empataron. Las sobrepasaron. Pidieron tiempo. Ese minuto se convertiría en clave, pues  “ninguna de las dos se desesperó, y eso en mí, por ejemplo, es impensado. Fue como ‘esta no soy yo, algo me está pasando’”, recuerda Vorpahl. Finalmente, la victoria fue suya.

Desde el primer partido, Chris y Fabi, como les dicen sus conocidos, entendieron que tenían una armonía que iba más allá de golpear bien la pelota. Ambas con 26 años, el tema físico las acompaña en este deporte, ya que Chris mide 1,80 y su compañera se empina al 1.85 m. Es la dupla que se postula como el nuevo proyecto de la especialidad de Vóleibol Playa, binomio que pretende convertirse en la primera pareja nacional de la especialidad que clasifique a unos Juegos Olímpicos. Por lo mismo Tokio 2020 está en la mira, un camino que comenzó la primera semana de enero cuando dieron inicio a los entrenamientos dirigidos por Eduardo Garrido.

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Fotos: VIVOSPORT

Lo primero para avanzar en su sueño es quedarse con el campeonato nacional, paso necesario para ganarse el cupo que les permitiría representar a Chile en torneos internacionales. Lograr ese espacio no es fácil. Lo saben. Existe un alto nivel, pero su juego les ha dado la razón y lo sienten en la cancha.

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“Yo me siento súper en confianza con la Fabi, como que es un complemento, como el yin y el yang. Porque soy súper diferente a ella, yo soy mucho más explosiva, peleo con el árbitro y la Fabi es como ‘cálmate Chris, no pasa nada’”, cuenta Vorpahl. “La Chris se queda pegada en el punto que pasó, yo digo ‘ya filo vamos a jugar el próximo’”, complementa Boogaerdt.
Por algo dicen que los polos opuestos se atraen, y es que al analizarse a sí mismas saben que lo que tiene cada una se traduce en una buena estrategia. “Imagínate hubiera dos Chris, se matan”; “o dos Fabis el juego más fome del mundo”, ríe cada una.
Personalidades distintas pero con gustos en común. Las dos aman a sus perros, les gusta estar en familia y tienen tatuajes con significados importantes. Pero obviamente hay una pasión que va por sobre todas, la de aquella amada pelota de vóley.

» Rutas encontradas

Ser una dupla consolidada fue una coincidencia de coordenadas exactas. El destino las juntó en noviembre del año pasado, en el MEDS.

Fabi se preparaba para empezar firme una nueva temporada. Se había titulado de diseño de interior en la Universidad del Pacífico, y estaba lista para retomar, tras cinco años, el deporte que había movido su alma y cuerpo desde su adolescencia. La brasileña, nacionalizada chilena en diciembre, llegó al país en 2011 luego de conocer a su actual pareja. “Nos enamoramos, me venía de vacaciones por tres meses, pero no volví más”, cuenta. Ese año fue decisivo, además de dejar su tierra natal, Boogaerdt abandonaría una exitosa trayectoria de vóley playa que la tenía entre las grandes promesas de Brasil.
Sus inicios en este deporte fueron en la modalidad de piso, en donde llegó a los 15 años a ser seleccionada nacional de Brasil. Pero no era lo que esperaba. Fabi siempre fue una chica de playa y cuando vivió en la ciudad costera de Maceió Alagoas, descubrió que su pasión iba por ese mismo camino.

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“El sueño de cualquier deportista brasileña es ser convocada para la Selección y quedarse, pero a mí no me generó eso como ‘qué rico’, entonces dije ‘voy al vóley playa’, que es lo que yo creo que amo. Y efectivamente, es lo que yo amo y siempre amé, estar en la playa, el sol y jugar”, cuenta. Ahí, los triunfos no tardaron en llegar. Fue campeona tres veces seguidas en el campeonato sub 21 brasileño, obtuvo tercer lugar en el mundial sub 21, medalla de oro en los Odesur de Medellín en 2010 y gran experiencia en la categoría adulta.

La siguiente etapa eran los Juegos Olímpicos, con Río 2016 como carta para el futuro, pero el amor tocó la puerta y el sueño quedó en suspenso… hasta ahora. “Tengo la suerte de que él (su marido) me apoya 100%, él está feliz de que yo pueda retomar lo que dejé de hacer por estar con él. Siente que le saco un peso de encima, porque siempre dice ‘yo te quité lo que tu amabas antes de mi””.

Chris, por su parte, entrenaba físico como parte del plan de deportistas de vóley piso para la liga nacional, su especialidad madre. Sin embargo, tenía pensado jugar en el verano el mismo campeonato que juega con Fabiane, pero con otra compañera, su mejor amiga, Carolina Piña, quien se había cortado el ligamento de la rodilla hace un tiempo. Estaba abandonada.
La incursión de Vorpahl en la arena era esporádica, el piso era su fuerte desde 2006, cuando fue a su primer sudamericano. Con gran convicción en esta modalidad indoor, fue capitana por varios años en la selección nacional y acumuló significativos títulos en su carrera. La seis veces campeona nacional fue medalla de plata en los Odesur de Santiago 2014, además de obtener el primer lugar en la Liga Argentina, fue tercera en el Sudamericano de clubes y cuarta en su primera liga en el extranjero, cuando jugó en Indonesia.

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Si bien hoy no ha abandonado su origen, pues todavía debe seguir jugando para mantener su beca de educación física en la Universidad Andrés Bello, lo que sí descarta es volver a representar a Chile en la especialidad.
Ahora, su aspiración está en la arena, aunque el cambio fue duro y se tuvo que adaptar a un juego mucho más personalizado. “En vóley piso jugaba de punta, que es una posición muy completa porque defiende, saca y recibe, lo único que no hacía era armar, y aquí hay que armar. Pasas de seis a dos, allá defendía una posición, aquí se defiende una cancha completa”.

Y así, cuando cada una tenía sus propios proyectos, Fabi le contó a Chris en qué estaba con sus papeles de nacionalización, que tenía ganas de jugar por Chile y a dónde quería llegar con eso. Vorpahl se interesó, volvió de vacaciones y se juntaron por la ilusión olímpica.

» Punto final

La cuenta regresiva a Tokio 2020 ya es un hecho. Y aunque el proyecto recién va tomando forma, las dos están dispuestas a darlo todo. Chris como la potencia y Fabi como la experiencia, así sería la fórmula del éxito.
“Hay que tener una historia antes, uno no llega simplemente de aquí para allá. Hay que primero ganar la liga, después quizás lograr un cupo sudamericano y, si nos va bien, quizás algunas fechas mundiales. Encuentro que eso es lo lindo, ir logrando y alcanzando los objetivos poco a poco”, indica Fabiane.

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En este proceso, no han estado solas. Y entre quienes las han ayudado, se encuentran Esteban y Marco Grimalt, representantes de Chile en los últimos JJ.OO. por el vóley playa masculino.

“Recién Chile se está acostumbrando a que el vóley playa es un deporte olímpico, los primos Grimalt hicieron eso. Ellos llevaron a Chile a lo más alto del deporte, a lo más elite”, relata Fabiane, para que posteriormente Chris remate: “nosotros queremos hacer lo mismo en las mujeres, pero no es fácil, estamos hablando de palabras mayores. Ojalá lo logremos. Dicen que lo que uno quiere crea, acá las dos lo deseamos mucho y esperemos que se nos dé”.

Una historia que se inicia. Saben que el camino será arduo, pero confían en que la victoria será dulce y en la capital de Japón. MT

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