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Las exigencias automotrices de Chuck Berry en Chile
20/03/2017
El padre del rock and roll fue un gran amante de los autos y lo hizo sentir en sus pasos por nuestro país.

El sábado 18 de marzo la música perdió a una de sus figuras consulares. Chuck Berry falleció a los 90 años dejando una lista enorme de éxitos y condecoraciones. Sin ir más lejos, gracias a su avasallador riff en Johnny B. Goode remeció la escena artística y cimentó las bases del rock and roll. Pero su vida no sólo fue guitarra y rhythm and blues. También tuvo un apego enorme a los automóviles, lo que se reflejó incluso en sus visitas a nuestro país.

Berry

Charles Edward Anderson Berry, quien nació el 18 de octubre en St Louis, Missouri, vivió sus primeros años viendo crecer a su país de la mano de la industria automotriz. Como gran parte de los trabajadores en Norteamérica, también ofició de operario en una fábrica de autos. Fue en General Motors, donde se instaló tras salir de prisión por un asalto.

El primer auto que adquirió Chuck Berry fue un Ford V8 del 34. Luego, se hizo de un Buick Sedan´41.

FILE PHOTO Bruce Springsteen and Chuck Berry perform "Johnny B. Good" to open The Concert for the Rock & Roll Hall of Fame

Cuando llegó la fama y el dinero, el músico admirado por John Lennon y Bruce Springstein, comenzó a dar forma a sus sueños motorizados y adquirió decenas de vehículos. Un Ford Thunderbird del 64, Los más queridos eran sin duda los Cadillac. Innumerables modelos de varios colores pasaron por sus manos, pues gustaba siempre de manejarlos. En una ocasión, incluso estacionó su Cadillac El Dorado en el escenario, jornada en la que compartió escenario nada menos que con Keith Richards.

La pasión por los autos también se reflejó en sus creaciones. En este aspecto destaca con fuerzas Maybellene, su primer gran hit, donde se habla de velocidad y Cadillac.

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Ahora, en sus viajes, las peticiones sobre automóviles no faltaban. En Chile, según publicó La Tercera antes de su última visita a nuestro país, el músico tuvo un momento de furia cuando al llegar en su primera visita (1980) y no ver que se cumplían sus exigencias, decidió “decidió por su cuenta arrendar en pleno aeropuerto un lujoso Toyota rojo que manejó él mismo, sin licencia, por las calles de Santiago. Fue una de las anécdotas más célebres de su debut en el país”, precisa la crónica.

Para su segunda visita, Chuck Berry pidió un Mercedes-Benz sedán del año, color blanco y sin chofer. El artista nuevamente quería moverse por su cuenta, por lo que sólo pidió el vehículo con un traductor y con GPS.

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