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[MTMAG.] La revancha del Cinsault
Por » Texto y fotos Juan Ernesto Jaeger. 31/03/2017
Siempre como actor secundario, el Cinsault toma un nuevo protagonismo, revalorizando la vitivinicultura del secano interior y el trabajo de los pequeños productores de uva de las zonas campesinas en los valles del Maule y el Itata. La variedad que llegó para impulsar la agricultura sureña luego del terremoto de 1939 en Chillán está entregando interesantes productos. Aquí, los nuevos protagonistas del vino chileno.

» ¿Qué es el Cinsault?

El Cinsault es una variedad tinta originaria del sur de Francia y parte esencial del patrimonio vitivinícola de los valles del Maule e Itata, en el centro-sur de nuestro país. Considerada durante muchos años como una uva de segunda clase, el Cinsault vive hoy su revancha, validándose con vinos frescos, con mucha fruta y fáciles de beber.

Han sido principalmente enólogos jóvenes quienes elaboran estos tintos, muy diferentes a lo que la industria local nos tiene acostumbrados, una búsqueda que intenta comprender parajes, suelos y viejas viñas, en una de las zonas más representativas de la vitivinicultura chilena.

 

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»¿Cómo fue su origen en Chile?

El epicentro del Cinsault en Chile está en el valle del Itata. Las primeras plantas llegaron poco tiempo después del terremoto de Chillán, que sacudió a la zona en 1939. La variedad es muy productiva y en aquellos tiempos había que sacar adelante la alicaída agricultura de la zona.

El primero que apostó por etiquetar la variedad 100% fue la Viña De Martino, una de las bodegas más innovadoras de Chile, con sus Viejas Tinajas Cinsault 2011. El vino se agotó rápidamente y de una producción inicial de cuatro mil botellas se pasó a 11 mil en la segunda cosecha. Hoy, De Martino tiene otras dos etiquetas bajo la línea Gallardía, un rosado y un tinto que muestran todo ese lado rústico de la cepa.

» Características 
de la variedad

De las 615 hectáreas de Cinsault que registra el SAG, el 91% está en el valle del Itata. Otro pequeño porcentaje, poco menos de 60 hectáreas, están en el Maule, el valle vecino. La variedad se adapta bien a climas secos y calurosos, como el secano costero de ambas regiones mencionadas.

Los vinos que encontramos en tiendas especializadas se etiquetan como monovarietales, pero también en mezclas junto a otras cepas, como el País o el Carignan. Los Cinsault son vinos de poco color, con intensos aromas a frutos rojos ácidos y, dependiendo del tipo de suelo donde esté plantado, hay marcadas notas minerales. Son muy frescos en boca y de mediana acidez.
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» Los nuevos actores

Después del Viejas Tinajas de la Viña De Martino, el Cinsault se transformó en una de las variedades estrellas del Itata. Los subvalles dentro de la región marcan distintas características, reafirmando el concepto del origen en la calidad de los vinos. Se reconocen lugares como Guarilihue, Ránquil, Coelemu y Portezuelo.

Leonardo Erazo, enólogo chileno de la bodega argentina Alto Las Hormigas, tiene su proyecto personal en Itata: A los Viñateros Bravos, un tributo a todos los viñateros que tuvieron el coraje de seguir con los viejos viñedos de Cinsault, tan mirada en menos por la industria del vino.

Además de A los Viñateros Bravos se suman otras interesantes propuestas, como Moretta Wines, dos enólogas que sacaron Vedette Cinsault, y Garage Wine, con su Single Ferment Series, uno de los tintos más comentados en ferias de vinos a fines de 2016.

 

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»¿Con qué maridar un Cinsault?

Un Cinsault puede ser el vino perfecto para platos de comida chilena: un charquicán o unas humitas. La idea es que no tengan mucha intensidad, como guisos de carne, arroces y pastas con salsas rojas. Vinos fáciles para acompañar la comida en la casa.

 

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