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[MTMAG.] Milenka Cvitanovic Zamarín: La chica del dragón tatuado
Por Mauricio Monroy S. » Fotos retratos Zé Domínguez » Fotos en pista Miguel Pinochet 27/06/2017
Inmersa desde niña en el mundo de las motos, esta publicista, descendiente de croatas y la menor de cinco hermanos, hoy dicta cursos de manejo y es una de las principales cartas del motociclismo de pista nacional. Su pasión sobre las dos ruedas la comparte con el amor a los animales y con una idea que le quita el sueño: correr en abril frente a miles de espectadores como telonera del MotoGP en Argentina.

El poderoso sonido de una Harley-Davidson se escuchaba con nitidez, provocando el interés de los ocasionales transeúntes en un clásico barrio de Santiago, quienes buscaban el lugar desde donde provenía ese bramido del motor. Segundos después, la sorpresa fue generalizada cuando se estaciona junto a nosotros una menuda joven de 1,66 metros y apenas 55 kilogramos.

Es Milenka Cvitanovic, una de las grandes figuras del motociclismo de velocidad en Chile. La subcampeona nacional de la especialidad estaciona su Sporster Iron 883 ante la mirada sorprendida de las personas. El prejuicio de que sea siempre un hombre el que se baja de una Harley y no una joven que parece salida de un catálogo de modelos llama la atención, más en un país donde el machismo es tarea pendiente.

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Pero esta descendiente de croatas no se complica. En realidad, ni siquiera se da cuenta de esta situación. Su relación con las motos viene desde muy niña y siempre se ha visto inmersa en un mundo que, en teoría, les pertenece a los hombres. Y el espacio se lo ha ganado con perseverancia y decisión, los mismos ejes que hoy la tienen soñando en grande: correr de telonera en la fecha del MotoGP que se realizará en Argentina.

» El dragón

El arquetipo de los fanáticos de Harley-Davidson es el de tipos rudos, alma rockera y múltiples tatuajes. Nada más alejado de la Mile, que con su tez clara, ojos verdes y curvilínea figura sólo luce una marca en su cuerpo, un dragón tatuado sobre la cadera. “Me lo hice hace 10 años, es un símbolo de algo que nadie conoce y que yo le doy la forma que siento”.

Lo que sí ha visto todo su núcleo cercano, desde que era una niña, es la pasión por las dos ruedas. “Mi padre siempre tuvo motos y los paseos al cerro eran algo habitual en la familia. Yo soy la menor de cinco her- manos, todos hombres, y con ellos íbamos siempre a recorrer. Aprendí desde muy chica, a los cinco años ya andaba sobre una Piwi 80, y desde ahí esa relación no paró más, aunque el tema de la competencia llegó hace poco. Antes, las motos para mí eran un espacio de diversión, para estar con amigos, de hecho, no disfruto mucho el andar en la ciudad, menos a la hora punta con los tacos, hay muy poco respeto en la calle. Prefiero sacarla el fin de semana, salir sin tener claro adónde, pero salir y disfrutar de sólo andar, sin tener que andar corriendo”, reconoce.

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Esa distancia con el trajín diario también la recibió por familia. Un accidente de su hermano mayor, cuando la Mile tenía 15 años, provocó un remezón interno, al punto de que su padre dejó de fomentar las motos por un tiempo. “Le daba susto que nos pasara algo, así es que cada uno debió empezar a ver cómo se las arreglaba para tener una moto”, recordó.

Obviamente, el cariño por ese estilo de vida no se amilanó. Y por las manos de esta publicista pasaron diversas motos de enduro, siendo su primer modelo una Yamaha YZ 125 de dos tiempos. Luego subiría a una YZF 250.

El tema de los paseos no quedó de lado. Así es como junto a la familia realizaba en forma periódica diversos viajes a Argentina con dueños de Harley. Era toda una experiencia cruzar la cordillera en esas caravanas. Así también empezó el sueño de tener su propia Harley, aunque para eso debería esperar un poco.

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La oportunidad llegaría sin que lo imaginara. Un primo le ofreció comprarle la Yamaha, y aunque no quería deshacerse de ella, también vio que era la oportunidad para acercarse a su sueño. Aceptó la oferta y sin recibir pago ni nada, fue hasta el local de la marca americana y reservó el único modelo disponible, precisamente la que anhelaba tener.

El problema para la Mile es que su primo nunca más dio señales de vida y esa venta por la Yamaha no se realizó. “Tuve que ponerla después en venta en internet y le fui bajando el precio día a día, hasta que la vendí a un precio mucho menor.Necesitaba ese dinero para pagar la que había reservado”.

En ese momento, le comenta a su padre de la compra. Su progenitor la acompaña a buscar la moto y al llegar al local sucede lo inesperado. Su padre empieza a reclamar por el valor, que ese modelo no valía lo pactado y que no era la moto que necesitaba su hija. En un comienzo, Milenka se molestó y le decía: “Pero si la moto la pago yo”, hasta que vio lo que sucedía. En unos segundos, el vendedor les hizo un descuento y partieron cada uno en su moto rumbo a su hogar en Calera de Tango. El sueño estaba cumplido. Otro empezaría a crecer.

» Full motos

Milenka se reconoce como una persona muy tranquila. A sus 28 años no tiene ídolos, es poco aficionada al cine y disfruta de la música sin mayores preferencias (“salvo por la bachata y lo romántico, que las detesto”). Su desconexión pasa por disfrutar al aire libre, le encanta jugar con sus seis perros o instalarse por horas frente a una enorme pajarera que tiene en su casa.

Eso sí, tiene claro que su pasión son las motos y, por lo mismo, dejó su trabajo como publicista para dedicarse en exclusivo a este mundo. “Estoy tan metida en las motos, que el año pasado no tuve tiempo de hacer otra cosa. Me gustaba ir a esquiar, hacer equitación, pero ahora estoy full enfocada en esto y me encanta”.

Eso sí, las competencias de velocidad no siempre fueron relevantes, de hecho, la Mile era feliz con hacer enduro o motocross. Eso cambió de casualidad. “Hace dos años venía llegando de vacaciones y vi un afiche en internet de que estaban invitando a mujeres a ser parte de una nueva categoría que se quería crear. Todo se veía muy lindo, era gratis, te pasaban hasta la moto. Así es que fui a la reunión y me entusiasmé. El problema era que se debía entrenar una semana completa con Chicho Lorenzo (padre de Jorge Lorenzo, tricampeón del MotoGP) y yo no tenía el tiempo. Pero me dieron las facilidades, hice el curso y quedé seleccionada”, indicó.

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Así se gestó la primera monomarca femenina de Chile, la Categoría Loncin. Más de 15 mujeres participaron y en 2015 Milenka finalizó en la segunda posición, sólo superada por Tania González.

“El nivel de las niñas y el mío fue creciendo rápido. Yo soy súper perfeccionista y profesional. Trabajaba de lunes a viernes, entrenaba a fondo los fines de semana, y siempre estoy tratando de aprender, veo videos, veo las carreras internacionales y de todo saco algún aprendizaje”, reconoce.

Esa capacidad de superación le permitió conseguir diversos logros. Y en el horizonte asomaron carreras destacadas, como el Panamericano de Termas de Río Hondo, donde fueron 18 chilenas a competir. “Al principio creíamos que no tendríamos buenos resultados, sabíamos que nos encontraríamos con mexicanas, argentinas, brasileñas, mujeres con más experiencia. Pero el entrenamiento sí había surtido efecto, y nos fue increíble, la Isis Carreño fue campeona, yo salí cuarta y entre las 10 había seis chilenas”.

Pese a los triunfos, al año siguiente la firma china que patrocinaba la categoría decidió abandonar el proyecto. Y aunque un buen número dijo adiós, Milenka siguió entrenando y se hizo de una Kawasaki Ninja 3000.

En paralelo a la velocidad, apareció la vocación de enseñar. Y tras levantar un proyecto con su pareja, compraron motos y las empezaron a arrendar para las competencias en el Campeonato Chileno de Velocidad (CCV).

El resto del mes las utilizan para dictar cursos en Rancagua, donde por $ 65 mil les facilitan a los interesados todos los implementos (moto, equipo, derecho a pista) en una clase de tres horas, si llegan con la moto, el precio queda en $ 40 mil.

“Un día apareció un joven al curso. Después de varias clases, nos contó que el primer día que llegó tenía agendada una hora con el siquiatra debido a problemas personales. En la clase lo pasó tan bien, se sintió tan cómodo y tan lleno, que decidió no ir al siquiatra y tomó la moto como una terapia. Cosas así, donde ves que puedes ayudar, te dan más ánimo para seguir y me gusta más que una victoria en carrera”.

» Mirando el MotoGP

El presente le sonríe a Milenka. Vive de su pasión, aunque eso no significa que se conforme. “Tengo como objetivo seguir mejorando, para eso entreno, para cometer menos errores, para bajar los tiempos. Sé que me faltan un montón de cosas, como fortalecerme en lo sicológico, para encontrar mayor estabilidad en el rendimiento”, señala con franqueza.
Las metas no son menores y, pese a que todavía no tiene auspiciadores que la apoyen, reconoce fácilmente y sin tapujos sus anhelos. “Quiero ser la mejor chilena, poder superar a la Isis Carreño, que es hoy la número uno”, dice.

Precisamente, con la más destacada exponente nacional tiene uno de los recuerdos más llamativos. También, uno de los más ingratos. “Estábamos compitiendo en Argentina y después de que estuve varios días con problemas, donde me costó un montón acomodarme en el circuito, llegué a la carrera y estaba haciendo una jornada perfecta, iba segunda tras la Isis, pero en la última curva antes de la meta nuestras motos se encontraron, tuve que frenar más de lo debido y después intenté salir lo más rápido posible. Ahí me patinó la rueda y me fui al piso. Fue una frustración bien grande, es una de las carreras en las que mejor me he sentido, hacía los movimientos como debían ser, llegaba justo a las curvas y estaba muy cerca de ganarle por primera vez. Pero no se pudo, aunque me dejó la satisfacción de ver que en muy poco tiempo, en dos años, he mejorado y avanzado muchísimo”.

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Eso sí, los sueños van más allá y se relacionan más con el crecimiento del deporte y del motociclismo. “Antes que tener auspiciadores, me gustaría ver que se hagan más carreras, que haya más autódromos. Mi sueño es poder correr algún día en un autódromo lleno de gente”.

Aquella loca fantasía que se aparece a diario en la cabeza de la Mile podría concretarse en los próximos meses, específicamente entre el 7 y 9 de abril, cuando se dispute la segunda fecha del campeonato Moto GP, en Argentina.

“Existe un preacuerdo con Orly Terranova para que pueda correr como telonera la categoría GP3. De concretarse, está la idea hablada con varios pilotos nacionales para ir a correr y probarnos en el mismo escenario donde después estarán los pilotos más importantes del mundo”. Es el gran anhelo de Milenka, un sueño que hoy nadie puede ver, pero que tal como el tatuaje de su cadera, ella se encarga de convertirlo en realidad. MT

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