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[MTMAG.] Final UEFA Champions League: Las tres caras de una pasión desenfrenada
Por Sergio Marabolí Triviño. 25/07/2017
Radiografía al juego más importante del mundo a nivel de clubes: horda de hinchas de la Juventus, un imparable y soberbio Cristiano Ronaldo y extremos dispositivos antiatentados.

Japoneses con al menos dos máquinas fotográficas colgando desde sus cuellos, la muchedumbre comiendo papas y pescados fritos como si el mundo se fuera a acabar y dejando de lado la cotidiana ordenanza ligth que sale de la boca para afuera, mientras los ojos de la rueda de Londres -el London Eye- te mira como si supiera que eres extranjero. Claro, uno recorre la esquina Abbey Road sintiéndose un Beatle más, se mete a una cabina telefónica a llamar ficticiamente, pues el celular mató la conectividad a casa desde un cubículo de 45 centímetros de ancho y 2,30 metros de alto. Rojo eléctrico.

Pero “es la onda’’ la instantánea allí, como mirar hacia el cielo y contar los números romanos del Big Ben, sobre todo el cuatro, que está bien puesto con “IV’’, a diferencia del resto de las máquinas de la hora en el mundo que llevan el “IIII”.

Juventus' supporters  (19208419)

Curiosidades de Londres, que reinan por montones, como las bufandas de la Champions League, cuya final se jugaría a pasos de allí, en Cardiff, Gales. Ese era el motivo objetivo de la aglomeración de foráneos en la ciudad del Támesis. Es que el sábado 3 de junio pasado, a las 20.45 en punto, en el Millenium Stadium se enfrentarían la Juventus y el Read Madrid, una golosina para el espectro futbolero del planeta. A miles de kilómetros de ahí, en Tacna, pequeña ciudad del Perú, la falsificación de las camisetas de Cristiano Ronaldo y la del Pipa Higuain se vendían por decenas en esa semana. Es que por 20 soles (cuatro mil pesos), los chilenos que cruzaban de Arica y los bolivianos estaban desconcertados por la calidad del algodón y, obvio, la rigurosidad de la copia. A lo que llevaba un duelo de 11 contra 11.

» Ambiente “tano”

Cardiff. 11.30 de la mañana y Nissan, uno de los auspiciadores oficiales más importantes del torneo de fútbol, trasladaba a casi mil invitados desde un glamoroso Crucero de Cardiff hasta los salones VIP asentados en las inmediaciones del Millenium Stadium, cuyos alrededores lucían construcciones antiguas a la usanza colonial, lagos, pasto por doquier y una serie de músicos de la tercera edad tocando batucadas como señal de recibimiento.

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A dos kilómetros del lugar, los italianos se tomaron las calles del centro de la capital de Gales. Cerveza en mano, camiseta puesta y cantos de hinchada opacaron la presencia de españoles que con los símbolos del equipo merengue sólo se dedicaban a caminar rápido para el coliseo deportivo, mirando de reojo la humillación al estilo barra brava que los hombres de la Vecchia Signora le enrostraban jactándose de que eran mayoría. Ya en el estadio, tipo 17.00, de los 74.500 asistentes lo de las arterias principales de la ciudad se replicó adentro: un 70% era de Juventus y el resto del Real, junto a gente amante del fútbol.

policia cardiff 2

Toda una hazaña para instalarse a ver el duelo de la final de los europeos. Había que sortear las extremas medidas de seguridad, que incluían 15 mil policías en la ciudad del partido, agentes encubiertos, francotiradores en los edificios, centenares de modernas cámaras de seguridad que a 100 metros podían realizar un reconocimiento facial.

Extremadamente rigurosos. Al nivel de que días anteriores se decidió jugar a techo cerrado para evitar drones explosivos o aviones suicidas.

» Pero valía la pena…

Obvio, cinco minutos antes de comenzar el partido nadie hablaba, los nervios los carcomían a todos, como a los mismos militares que dejaron sus armas de lado para correr en el césped e instalar una alfombra con el fin de que comenzara el show de obertura. Música, baile, fuegos artificiales, raperos y niños promoviendo el fair play. Lindo, pero más de lo mismo. La gente estaba esperando el pitazo inicial y a los 20 minutos comenzó la aplanadora española. Cristiano Ronaldo abrió el marcador enmudeciendo al ejército “tano” que guapeó antes y que resucitó con el empate de media chilena de Mandzukid a los 26. 1-1.

Real Madrid's Casemir (19209611)

A esa altura había 159 millones de televisores prendidos viendo el partido, superando a los 141 millones que tuvo el Superbowl gringo. Se justificaba, porque la presión, los insultos, las patadas y, obvio, la máxima expresión en el juego colectivo marcaron el encuentro que se aventajó para los -en ese momento- lilas, cuando Casimiro a los 61’ dejó perplejo a un aletargado Bufon. 2 a 1. Y luego Ronaldo a los 64’, y luego Asencio a los 89´. Y luego Marcelo metía a su hijo dentro de la copa para levantarla. Y luego Sergio Ramos se colocaba la orejona como gorro, como si fuera un sombrero plateado. Y luego Higuaín perdía su cuarta final (llámese Copa del Mundo, dos Copa América y ésta). Y luego Ronaldo era el dueño de la fiesta con el récord de Champions, superando a Messi. Y luego había que regresar a Chile de la mano de Nissan, un anfitrión de lujo, que presentó en la oportunidad el Nissan X-Trail, la cuarta generación en SUV de primera línea. Una fiesta como para quedarse allá. MT

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