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[MTMAG.] Henrik von Appen: Sueños de montaña
Por Mauricio Monroy S. » Fotos: Guille Vargas Pohl. 19/07/2017
La gran carta del esquí nacional vive casi ocho meses en un pequeño pueblo de Italia, estudia un semestre al año de Ingeniería Comercial en la Universidad de Chile y sueña con una medalla olímpica. Entre tanto movimiento, no esconde su faceta más humana y su apoyo al esquí integrado, mientras se ilusiona con darle mayor popularidad a un deporte que en Chile le pertenece a una elite.

“Cuando tenía 19 años y había disputado recién los Juegos Olímpicos de Sochi 2014, me tocó vivir una pequeña crisis existencial. Era marzo, estaba entrando a la Universidad de Chile a estudiar Ingeniería Comercial y me vi vestido con ropa de calle como todos, sentado junto a muchas otras personas, y lo único en lo que pensaba era que hacía sólo dos semanas estaba tirándome de una montaña a más de 120 km/h. Me cuestioné todo. No sabía qué hacer en realidad”.

Henrik von Appen hoy tiene 22 años. Es la gran carta del esquí nacional, mira con optimismo lo que pueda suceder en los próximos Juegos Olímpicos de Pyongyang 2018 (Corea del Sur), donde se ilusiona con estar entre los 20 mejores del mundo, pero reconoce que esas mañanas en las salas de la Facultad de Economía y Negocios de la Casa de Bello fueron algo angustiantes, pero decisivas en su carrera deportiva. Mientras intentaba dilucidar cuestionamientos interiores propios de un adolescente, también iba creciendo un sentimiento poderoso. El llamado de la montaña, que algunos le dicen, se había escuchado fuerte en Von Appen.

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“Puede ser poco inteligente, pero antes de Sochi me pasó algo que es común en muchos deportistas. Veía los JJ.OO. como el punto final, como una victoria por el simple hecho de estar ahí, algo que después podría poner en mi currículum. Pero al estar allá, ver a los mejores esquiadores del planeta, me motivó de una forma increíble, era fuego, y cambiaron esas ideas de que era objetivo cumplido. Quería hacer eso, quería plantearme metas a cuatro o 10 años y, además, me fue muy bien, tuve el mejor resultado de un chileno en unos JJ.OO. (32) y lo mejor fue el detalle de Jan Saudek, un canadiense que ganó medalla de bronce, que se me acercó y me felicitó. Y me dije que se puede. Y aquí estoy, estudiando un semestre al año, por si no funciona lo del esquí, en un punto medio donde no descarto nada por completo, pero me atrevo a meter los dos pies a la piscina”.

La seguridad de Von Appen llama la atención. Es signo de una madurez poco habitual en jóvenes que están recién empezando a proyectar su futuro. Pero tampoco es casual. La vida de los deportistas de alta competencia suele ir de la mano con decisiones que se van forjando gracias a pequeños detalles.

El acercamiento de este descendiente de alemanes fue así. El segundo de tres hermanos, si bien proviene de padres deportistas, se acercó a la nieve desde muy niño, pero no precisamente por una costumbre familiar, ya que su padre era un destacado velerista y su madre no sólo disputó más de 13 maratones, sino que, además, competía en torneos de escalafón en tenis.

La nieve tocó a la puerta por un amigo de la familia. “Mis papás vivieron recién casados en Alemania por varios años. Y ahí conocieron de verdad el esquí. A mi papá le enseñó un compañero de universidad, y este amigo de mi papá, muy cercano, me decía cómo esquiar y me daba consejos cuando era muy niño, pero yo en realidad quería tirarme, sin hacer giros ni nada de lo que decía. Él nos metió ese “bichito” por esquiar y reconozco que no era muy bueno cuando niño, me iba pésimo, siempre salía último. Hasta que mi papá tomó cartas en el asunto y me dijo que esquiaba bien o mejor no lo hacía. Y cuando tenía entre 12 y 15 años empecé a practicar más en serio y comencé a mejorar, cambié mi actitud y de la mano llegaron mejores resultados”.

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Pese a su corta edad, el trabajo duro empezó a ser parte del día a día de Henrik. Las palabras que constantemente le repetía su padre, que el progreso es 10% inspiración y 90% transpiración, tomaban cada vez más sentido, aunque esa pasión por el esquí se enfrentaba a su otra gran afición, el básquetbol, deporte que practicaba cinco días a la semana.

“En esos años vino una explosión de mi nivel y me llamaron al equipo nacional, a los 15 años. En ese tiempo estaba a cargo un entrenador español, que era famoso por dar charlas “motivacionales” de horas. Nos fuimos con la Selección a entrenar y a competir en un hotel de alto rendimiento de lujo, a 2.500 metros de altura, en Sierra Nevada, España. Yo era el más joven y la experiencia me traumó un poco, era primera vez que pasaba todo el verano solo. Además, los entrenadores italianos que teníamos allá te sacaban el jugo, si estabas en la trotadora te subían el ritmo para que no llegaras al objetivo. Lo pasé mal, tenía que subir las escaleras de espalda por el dolor de las piernas y esquiaba cada día peor. Entonces me vino un bajón, me retiré del esquí por un tiempo”, recuerda Von Appen.

Por suerte para el deporte nacional, esa decisión varió nuevamente por jugarretas del destino. Tras cerca de seis meses de lejanía, el esquí volvió a llamar. “Empecé con otro entrenador en Chile, que tenía otro estilo, más relajado, y ahí le agarré el gusto otra vez. Al final de esa temporada 2010 me fue más o menos bien, al punto de que me contacta el entrenador italiano que casi nos hacía vomitar en España y me dice que la federación está haciendo un plan con miras a Sochi, a cuatro años, y que entro justo. ‘¿Te interesa?’, me dice, y ahí cambió nuevamente mi perspectiva. Ahora quería ese entrenamiento extremo”, reconoce.

» Acelerada evolución

Desde su gran actuación en los Juegos Olímpicos de Sochi la carrera de Henrik von Appen comenzó un despegue. Y el destino le tenía reservada una nueva sorpresa, que terminaría impulsando con más fuerza su ascenso y un profesionalismo que hoy lo tiene viviendo gran parte del año en un pueblo de montaña de Italia que no tiene más de 400 habitantes, pasando más de 200 días al año en la nieve.
Este buen presente tomó su actual rumbo cuando, hace un par de años, la Federación Chilena de Esquí no pasaba por un buen momento.

“Debido a los problemas, el entrenador italiano que me invitó a ser parte de los JJ.OO. se aburrió y renunció. Se fue a España, le fue bien con un par de esquiadores y lo contrataron en Francia, que es uno de los cinco mejores equipos del mundo y el que tiene más esquiadores entre los 20 mejores. Desde allá se contactó conmigo y los franceses me apadrinaron, lo que significa que puedo entrenar con ellos, pero en las carreras obviamente compito por Chile. A ellos les sirve el acuerdo, porque ganan un entrenador en pista y, además, pueden venir a entrenar acá cuando en el hemisferio norte es verano”.

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Según Henrik, esta experiencia le ha permitido mejorar considerablemente, puesto que “si la exigencia es alta, el rendimiento mejora, aprendes de los mejores, pero hay que tener cuidado, si el estándar es mucho más alto que tu nivel, te puedes frustrar. Yo al comienzo salía último en todas las bajadas, hasta que de pronto le ganas a uno y es una pequeña victoria”.

Los elementos que toma al mirar a sus compañeros, más los consejos de su equipo técnico, le han permitido ir variando su forma de enfrentar las competencias. “Antes creía que tomar riesgos era esquiar rápido, pero es un error, así cometía errores y mi técnica no me permitía tomar esos riesgos. Con el tiempo vas aprendiendo eso, a saber cuándo acelerar, cómo amortiguar los saltos, leer mejor la nieve. Por ejemplo, la nieve muy fría, que es más agresiva, hay que hacer poco, esquiar de la forma más pulcra y sensible posible, esquiar ‘sobre huevos’, porque si metes un poco el canto del esquí te frenas. Yo prefiero la nieva más dura, es la más difícil y eso es porque soy algo bruto para esquiar, pero hay que estar consciente de que al meter muy fuerte el pie, el giro puede salir hacia el otro lado y salir disparado”.

Esa experiencia de la que habla sólo se consigue con tiempo. Y compitiendo contra los mejores, por lo mismo, decidió participar el año pasado en todas las fechas de la Copa del Mundo, aunque los resultados no fueran los mejores. También requiere de práctica y saber que habrán caídas, como la que tuvo a finales del año pasado en Santa Caterina, Italia, donde se fue contra las mallas en una rodada que lo dejó con una serie de golpes y moretones, pero por fortuna sin lesiones graves.

“Hasta esa caída, estaba esquiando pésimo, por lo que decidimos con mi entrenador bajar una velocidad, volver a lo básico, ir a campeonatos menos importantes, recuperar confianza y pasarla bien, no ser tan serios. Dejamos un poco tanto detalle, que el canto, que los ángulos, que la bota, que la fijación, demasiados factores que nos desconcentraban. Y retomando confianza aparecieron los resultados, terminamos bien con el mundial y nos deja con mucha esperanza para la nueva temporada”, precisó el embajador de La Parva, que en su última prueba del Mundial, en febrero, finalizó 18° en la prueba de descenso, el mejor resultado para un deportista nacional.

Ahora, el objetivo es mantener la curva, aunque es difícil. “Quiero ganar las fechas de la Copa Sudamericana y así tratar de meterme entre los 30 del mundo. Eso me daría un mejor número de partida, lo que significa no partir tan atrás. Cuando sales muy atrás es como enfrentar a Roger Federer en primera ronda, la pista está más rota y la luz generalmente es peor”.

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¿Y los Juegos Olímpicos de Pyongyang?

Me agarrarán un poco joven, aunque todo puede pasar. En Sochi un tipo se metió segundo después de que no había logrado buenos resultados en años. Sí espero llegar en las mejores condiciones físicas, con un buen número de partida que me permita aprovechar alguna opción y ojalá poder pelear una medalla. Sería poco realista prometer un top 10, creo que un top 20 es más sincero, aunque todo puede pasar, esa pista me gusta, me ha ido bien ahí, ya que tiene nieve dura.

¿Al margen de la competencia, con qué se ilusiona Henrik von Appen?

Hay dos proyectos que me interesan. El primero es el esquí integrado, que es parte de Special Olympic Chile. Aquí apoyas la integración de niños que tienen algún grado de discapacidad mental, ya sea cognitiva, multicognitiva o por accidente. Todo niño que tenga un coeficiente intelectual bajo 70 puede formar parte de este proyecto y les pagan todo el equipamiento, les enseñan a esquiar y con eso forman la integración. Compite una persona con discapacidad junto a un atleta federado (un esquiador en este caso) y se van empujando uno con otro, se van sumando los tiempos y es muy gratificante. Jorge Martinich, quien fue mi entrenador, está a cargo y me encantaría poder potenciar eso.

¿Y ronda la idea de fomentar el esquí, tal como otros deportistas lo han hecho en sus disciplinas?

El esquí es un deporte muy elitista y caro, es difícil llegar. Pero es una percepción que se puede cambiar, y para eso me gustaría ser el primero que dice ‘se puede’. Sé que antes debo conseguir logros, tener un nombre que respalde algún proyecto, pero creo que acá se debe fomentar los pueblos de montaña, que de ahí salgan deportistas de alto nivel, como en Europa. MT

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