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[MTMAG.] Locos por los autos
Por Lorena Gallardo Gil. Fotos: Max Montecinos. 05/07/2017
La familia Ortúzar vive, muere y pena por los autos clásicos. Una pasión que partió con el padre, hace más de 40 años, y que hoy continúa más viva que nunca junto a dos de sus hijos. Los tres pasan sus días en el taller de restauración, patrimonio familiar y verdadero museo rodante. Y no contentos con ello, una vez al mes compiten en un campeonato organizado por ellos mismos.

“Podemos no tener cortinas en la casa, pero tenemos otro taller más, lleno de autos”, afirma enérgico Iván Ortuzar (62 años), coleccionista, restaurador y corredor de autos clásicos. Entre frases cargadas de significado y dosis de humor, continúa interiorizando acerca de su gran pasión, la cual lo ha llevado a romper con una ley de vida, la de la inminente separación con los hijos.

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Fue con un Ford Mustang que todo partió. “Cuando yo tenía 10 años y mi hermano Cristián seis, tuvimos nuestro primer auto de carreras, un Mustang Fastback de 1967. En él, íbamos a Viña del Mar, Concepción, Pucón… Después empezamos a hacer paseos fuera de Chile, a Mendoza, hasta Buenos Aires. Íbamos con más amigos en otros autos por el fin de semana. Este fue el auto que marcó nuestro hobbie”, relata el primogénito de la familia, que también lleva por nombre Iván (36).

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A los Ortúzar se les ubica a menudo en su taller de la santiaguina calle Lira. Desde hace un lustro, allí pasan gran parte de su tiempo, sobre todo Iván padre, que desde que se jubiló se dedica a tiempo completo a su afición de “rescatar autos antiguos y volverlos a su esplendor natural”, según sus propias palabras.

Una treintena de autos dominan la escena, la mayoría de ellos son Fiat 600, por supuesto,aunque también brilla el querido Mustang familiar. Y es que más que un clásico taller de autos es un museo rodante, con ejemplares muy bien conservados, una vitrina que luce pulcra los trofeos de toda una vida y paredes que ilustran la pasión que corre por las venas de los Ortúzar. Aquí hay cariño y dedicación.

“Todos estos autos son de la familia. De mis hijos, míos y también de mis tres hermanos (Juan, Víctor y Salvador), con los que comparto esta pasión. Los hemos juntado a través de 40 años de mecánica, cariño por los fierros y por la historia, porque lo que nosotros hacemos acá es algo patrimonial”.

De ahí que se trate de un punto de reunión, no sólo para la familia Ortúzar, sino para todos los que aman el automovilismo.

» A toda velocidad

El Mustang marcó un punto de inflexión en la historia familiar de los Ortúzar. Un motor V8 de 289 con supercargador Paxton de 300 caballos de potencia rugía al interior del modelo año 1967, considerado por muchos como el mejor diseño de Mustang de la historia.

Gracias a este grandioso ejemplar del músculo americano, la pasión por los “fierros” mudó a las carreras de autos históricos. Hoy, Iván Ortúzar corre junto a sus hijos mayores (al menor no le interesan tanto los autos) y hermanos en el Campeonato Histórico de Velocidad Four B, formado por él mismo y que actualmente disputa su tercera temporada.

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Seis clubes compiten en él: el Club de Automóviles Sport Vitacura (CASV) -al cual pertenecen-, el Club BMW 2002 AIC, la ATPA (Asociación Turismo Pista Amateur), la Copa 1000, la Porsche GT3 CUP AIC y la Opel OPC.

Este año se disputa en los circuitos de La Serena, Codegua y Temuco.

“Un día de carrera parte pasándonos a buscar muy temprano, tipo siete de la mañana. Con mi papá muy nervioso de que todo resulte bien ese día. Tal cual como lo ves ahora, pero el doble de acelerado. Una vez en el circuito todo se reduce a mecánica, a hablar de la carrera, de la preparación de los autos, de estrategias en la pista, etc. Después de la reunión de pilotos, donde se repasan las reglas, principalmente, vienen las clasificaciones y luego cada categoría corre dos carreras, por lo general. Se deja de correr como las tres y media de la tarde y se prende la parrilla”, cuenta Cristián Ortúzar (32), quien administra la tienda, también familiar, llamada Four B, dedicada a la confección de ropa de hombre a la medida. “Siempre tuvimos la idea de tener una marcapropia, no traer algo de afuera… de hacer historia”.

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El sábado de carreras termina siempre así, con una premiación y con un asado en el mismo autódromo, para comentar la fecha, celebrar los triunfos y llorar las derrotas. “Después de la fecha estamos todo el resto del mes hablando de la carrera y preparándonos para la próxima, por supuesto. Eso es lo más entretenido”, agrega el patriarca.

A veces, los Ortúzar ganan, a veces salen últimos. Esto, porque los autos están siempre muy al límite. De hecho, muchas veces se quedan sin correr, porque fallan en los entrenamientos del día viernes. Y es que volviendo al tema de la transformación de autos clásicos de calle a ejemplares de carrera, hay que darles el tratamiento y las soluciones que existían en la época de fabricación del modelo en cuestión.

“Yo no puedo arreglar este Fiat Abarth de la Copa 1000 de hace 50 años con fibra de carbono, porque no existía. Así como tampoco puedo ponerle un neumático de perfil bajo”, enfatiza Iván padre, agregando que “en esta actividad hay una tarea de reconstituir la historia, de volver al pasado para traerlo al presente de la mejor forma posible”.

¿Alguna carrera que recuerden es especial? “Las tres horas de Temuco, porque nos vamos un fin de semana entero, lo que permite a la familia estar reunida más tiempo. Ahí sí el asado es cototo”, puntualiza Iván hijo. MT

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