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Sergio Arias: El hombre detrás del traje
26/09/2017
Sencillo, cercano, estiloso. Más allá de ser el responsable de las tenidas masculinas más emblemáticas del espectáculo y la política nacional, el diseñador nacional nos abre las puertas de su taller para hablar de su historia, sus sueños y la relevancia del buen vestir para el hombre actual.

Como cada año, hacia fines del verano, la Gala del Festival de Viña del Mar se toma la televisión local, y entre increíbles decenas de vestidos de prestigiosos diseñadores internacionales, modelados grácilmente por los cuerpos más trabajados de la farándula nacional, cada tanto resuena el mismo nombre: Sergio Arias.

Pasa un animador, un personaje de la televisión, un conductor de noticias y el comentario se repite: “impecable”, “es que es de Sergio Arias”, remata el comentarista de turno.

Llega el final del paso de los invitados y los animadores oficiales del Festival hacen su entrada. Carolina de Moras luce un vestido hecho a su medida, mientras que Rafael Araneda deslumbra con clase y estilo. ¿El responsable? A que no adivinan… nuevamente Sergio Arias.

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Con 27 años de experiencia en el mundo de la moda masculina y una carrera que lo ha llevado por importantes casas de moda y emprendimientos personales, este reconocido diseñador nacional necesita bastante poca introducción. Es que su nombre ya se ha convertido en una marca por sí misma, una que es sinónimo de clase, elegancia y personalidad, independiente de la ropa.

Aunque saltó a la fama cuando vistió a Sergio Lagos cuando fue animador del Festival de Viña, la historia de este diseñador viene desde mucho más atrás, incluso, de una carrera diferente que, sin pensarlo, lo transportó al vertiginoso mundo de la moda.

» Desde su casa

El Atelier de Sergio Arias en la calle Antonio de Pastrana (Vitacura) es su templo, su casa y su refugio. Uno que cada día abre las puertas sólo para unos pocos.

“Mi idea al hacer este atelier fue justamente que la gente que me viniera a ver tuviera una experiencia personalizada, hecha puntualmente para la persona. Aquí un hombre puede “vitrinear” pero de forma completa y absolutamente privada. Como atiendo por hora, trato que los clientes no se topen, para que tengan la casa disponible tranquilamente para ellos durante esa hora”, nos cuenta el diseñador, mientras nos acomodamos en uno de los mullidos sillones de la sala de estar de su taller/boutique.

“La idea era que le gente viniera a ver a Sergio Arias a su casa, que se diera algo más acogedor, más íntimo, algo que finalmente no existía en Santiago.

Para mí la privacidad siempre ha sido un tema importante, algo que me fue dando la experiencia y mi clientela”, agrega, al tiempo que se acomoda en la silla de su gran escritorio, donde libros de diseño se combinan con revistas de moda y una luz blanca y suave ilumina los grandes espejos alrededor.

Oriundo de Chillán, además de rostros televisivos, Arias cuenta entre sus clientes a importantes políticos como Rodrigo Hinzpeter y Rodrigo Peñailillo. Pero no siempre ha sido así, ya que su historia en el mundo de la moda partió desde una vereda muy distinta.

¿Cómo llegó al diseño de moda para hombre?

“A veces uno va por la vida sin saber lo que te tiene preparado, y eso me pasó a mí. Yo era relacionador público en una empresa muy importante. Por esas cosas de la vida, en uno de los eventos de la empresa me topo con la parte moda cuando organicé un desfile de hombres, en el que conocí a la gente de Christian Dior.

En esa época la marca era muy importante en Latinoamérica y por primera vez se abría en Chile la Casa Dior (antes sólo estaba en córners). Hice muy buenas migas con la gente de la marca y, para hacer la historia corta, un día me llamaron para contratarme, y terminé trabajando con ellos.

Siempre me gustó mucho la ropa, desde chico, así que creo que la vida me tenía preparado este camino desde antes. Ahí me fui a vivir a París tres meses, a entrenarme con la Casa Dior, y ahí aprendí todo lo que hoy soy”.

Hoy Sergio Arias, más que tu nombre es una marca. ¿Cómo llegaste a esto?

Yo tuve dos “hijos” antes. El primero se llamó Casale Monferrato, fue una marca que yo hice para Falabella y que duró unos cinco años. Luego vino Ziano Montello, siempre de la mano de la cosa italiana. Siempre encontré que mi propio nombre no tenía la importancia como para convertirse en una marca, pero la vida me fue diciendo que lo más importante al final era Sergio Arias. La gente me buscaba a mí, independiente del nombre que intentase poner por delante.

Llama la atención que no tenga una “competencia directa”…

“Ropa de hombre existe bastante en el mercado, lo que se vende en el mall y en el retail en general, aunque también existen sastrerías, donde se puede ir y comprar. Pero en ninguna parte vas a encontrar a un diseñador que asesore al hombre, al menos eso me dicen los que vienen aquí.

Yo no vendo ropa, yo visto a la gente, que es muy distinto. El que viene a verme no quiere que yo le venda un traje, él viene para que yo lo asesore y le diga cómo tiene que vestirse, siempre de acuerdo a lo que es cada persona.

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Yo no impongo nada como asesor ni como diseñador, ni tampoco impongo nada en cuanto a moda. A mí me gusta que la moda se adapte a la persona, porque no toda la ropa le queda bien a todo el mundo.

A veces viene un cliente y me dice “Sergio, ¿qué es lo que está de moda?, ¿qué me vas a poner?”, y yo les respondo que no le voy a poner lo que está de moda, si no lo que le quede bien a él”.

¿Cómo logra marcar la diferencia entre sus clientes?

“Es muy fácil, porque no parto de la ropa, parto de la persona. Por eso he tenido este resultado, porque la persona que yo visto sigue siendo ella misma. Cuando los clientes llegan me gusta hablar con ellos, saber qué hace, en qué mundo se mueven, dónde van y qué les gusta hacer. Me gusta saber quién es mi cliente, y eso hace que la relación sea muy personal y me da a mí una idea de cómo lo tengo que vestir. Yo tengo una mano. Cuando visto a alguien quiero que le digan “oye la media pinta” y que cuando él conteste “me vistió Sergio Arias” le digan “¡ah! se nota”.

Eso es un trabajo que he hecho a lo largo del tiempo, me he ganado ese respeto en el país, y me siento muy orgulloso de ser un diseñador chileno que tiene un espacio y un nombre en este mundo, que también es muy competitivo.

» De la tele a la calle

Cuando llega el día de la Gala de Viña, ¿qué siente al ver sus diseños transmitidos a toda Latinoamérica y el mundo?

El Festival de Viña es un evento tan extremadamente mediático, que te guste o no, de alguna forma te involucras en él. Esta es nuestra fiesta del verano y todo el mundo tiene derecho a opinar.

Eso sí, para mí lo más importante es que el look que le doy a cada una de las personas que visto le guste a él mismo, y me deje conforme a mí. Las criticas van a venir siempre, porque el gusto es subjetivo, pero yo parto de que el hombre que estoy vistiendo se sienta como el mejor. Pero el nervio, eso no lo pierdo nunca.

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A Felipe Camiroaga, a Sergio Lagos o a Rafael Araneda, me he preocupado de vestirlos como artistas, porque eso es lo que son. Es un tipo que representa a Chile ante todo el mundo. Nuestro Festival trasciende fronteras, y por lo mismo yo también me he hecho famoso en otros países, por ser el hombre detrás del traje de los animadores.

¿Cree que el hombre chileno se está atreviendo un poco más a innovar?

Lo que pasa es que a diferencia de las mujeres, no es que el hombre sea aburrido en el colorido. Es que el hombre tiene, en general, pocas opciones para vestirse. No le puedo simplemente poner un traje rojo a un tipo. La gama de colores de los hombres es acotada, además hay ciertas tonalidades acotadas a eventos específicos, como galas, matrimonios, etc. Otros eventos, como un matrimonio en la playa, por ejemplo, permiten jugar más con colores, con las telas y cortes, pero en general la moda de hombre es más estricta.

Si bien en general el hombre chileno ha ido aprendiendo a vestirse mejor, efectivamente todavía hay muchos que se visten muy mal, lo más común es que elijan ropa demasiado grande o que no va acorde a su cuerpo.

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Muchos se sienten incómodos de usar traje y lo evitan a toda costa. Una cosa que también es muy común es ver cómo, al llegar a un evento específico, todos se están poniendo la corbata recién en el estacionamiento. Es posible armar un look elegante sin corbata, pero el hombre local no se toma el tiempo de hacerlo.

Lo bueno es que nuestros ejecutivos han comenzado a viajar más, y ven cómo se visten los hombres en otras partes del mundo, y eso ha despertado su curiosidad. MT

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