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[MT MAG.] El exclusivo club de las 30 cosechas
Por Juan Ernesto Jaeger 31/10/2017
Pocos vinos llegan a esta edad con una consistencia en el tiempo. Don Melchor, Manso de Velasco y Don Maximiano son hitos para la vitivinicultura chilena. Probamos cosechas antiguas de estos verdaderos símbolos para sus bodegas, un ejercicio que permite repasar la historia más reciente de nuestros vinos.

Cuando en marzo pasado se cosechó el último racimo de Cabernet Sauvignon en el viñedo que tiene Concha y Toro en Puente Alto, Don Melchor, el vino ícono de la bodega chilena, completaba las 30 vendimias, un hito para la vitivinicultura nacional.

Fue así como Don Melchor pasó a formar parte del exclusivo club de vinos en Chile que alcanzaron las 30 cosechas, un historial que demuestra la importancia de darle continuidad no solo a una marca, sino que también al trabajo de un viñedo que se forjó en un espacio de tierra único, poniendo en órbita al Cabernet Sauvignon de Maipo Alto entre los grandes tintos del mundo.

Junto a Don Melchor (primera cosecha 1987) están también Manso de Velasco (primera cosecha 1986), el Cabernet Sauvignon más icónico de Miguel Torres, que se elabora con viejas parras de 115 años en el Valle de Curicó, y Don Maximiano (primera cosecha 1983), de Viña Errázuriz, otro Cabernet, pero proveniente del Valle de Aconcagua.

Los tres vinos son del segmento más premium, como se les reconoce en el mercado nacional. Sus precios van entre $45.000 y $89.000, que por lo general es algo inalcanzable para un consumidor que quisiera saber qué hay detrás de una etiqueta de este valor. Lo recomendable es estar atentos a alguna feria donde se pueda degustar o bien compartir los costos de una botella entre varios amigos.

Don Melchor tiene una larga historia no solo de vinificaciones, sino que también de posicionamiento de marca que, sin duda, frente a su demanda internacional ha empujado su precio a lo que hoy vale en restaurantes y tiendas especializadas.

Don Melchor 1987 copia 1

Uno de los ejemplos más contundentes que se recuerden fue para la cosecha 2003, que alcanzó los 96 puntos en la revista estadounidense Wine Spectator, además del cuarto lugar en el ranking de los 100 mejores vinos del año que se publica cada diciembre.

Esto provocó que las 1.500 cajas que Concha y Toro destinó para el mercado nacional (un 10% del total) desaparecieran en pocos días de las góndolas de supermercados y vinotecas. El responsable de estos puntajes ha sido el equipo enológico liderado por Enrique Tirado, el cual se dedica exclusivamente a Don Melchor. “La cosecha es 100% manual, sectorizada en pequeñas parcelas, que luego serán vinificados en pequeños lotes. Es un trabajo minucioso y destinar un área de la empresa a un solo vino es tremendamente caro”.

Menos cosmopolita, pero no por eso menos interesante es Manso de Velasco. Las primeras parras para elaborar este Cabernet Sauvignon en el Valle de Curicó se plantaron en 1902 y el fundo donde se encuentran lo compró Miguel Torres en 1984. Corresponde a un predio de 10 hectáreas al pie de la Cordillera de los Andes.

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“Manso de Velasco representa la historia vitivinícola de Chile”, dijo Miguel Torres Maczassek, director general de Bodegas Torres, cuando estuvo en nuestro país celebrando las tres décadas del tinto ícono. “Ahí está reflejado el desarrollo de un estilo del vino chileno de alta gama, que seguirá evolucionando sin perder el sentido de sus orígenes”.

Fernando Almeda, el enólogo catalán que vive en Curicó y elabora los vinos para Miguel Torres en Chile, nos dice que por cada cosecha se obtienen 39 mil botellas de Manso de Velasco, aproximadamente. “Es interesante ver la evolución del vino a través de sus cosechas, dependiendo del clima. Hemos tenido años más calurosos, donde el Cabernet es más intenso y en otros el equilibrio se ha logrado después de una larga guarda en la botella”.

La historia de Don Maximiano, de viña Errázuriz, es la más extensa. Aunque se considera la primera cosecha de su etapa más “moderna” la de 1983, Don Maximiano lo elaboraba la antigua viña Errázuriz Panquehue en el Valle de Aconcagua desde los primeros años del siglo XX. Lamentablemente, las cosechas anteriores a 1983 se perdieron. Con mucha suerte se encuentra una que otra botella en alguna botillería o restaurante de provincia.

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Es a partir de los 80 que Don Maximiano se empieza a trabajar más como un vino premium, como el mejor Cabernet que podía hacer la viña en Aconcagua, pero siempre pensando aún en el mercado local. “En aquellos años, el vino se hacía con viñedos de parrón y con las primeras espalderas que se plantaron en Panquehue, básicamente lo que hoy es el viñedo Max I y que rodean la bodega”, recuerda Francisco Baettig, enólogo jefe de Errázuriz desde 2003.

“Con el tiempo fuimos incorporando otros viñedos de la misma zona, como Max II y Max III, que abastecieron el crecimiento de los 90. A mediados de la misma década se plantó Max V, en una terraza aluvial más cerca del río y que yo empecé a utilizar a partir del 2005 en adelante, con parras de 10 años y que hoy tienen 22 años”.

Hasta la cosecha del 2004 Don Maximiano fue 100% Cabernet Sauvignon. De ahí en adelante, Baettig le fue incorporando pequeños porcentajes de otras variedades para darle complejidad a la mezcla y hacerla más atractiva. El 2008 fue Carmenère, por ejemplo, y el 2012 Malbec. Baettig afirma que el 2015 es probablemente el vino más refinado que se ha hecho desde el 2003.

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