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[MT MAG.] El curioso caso de la isla…
Por Lorena Gallardo Gil 28/11/2017
Millones de cangrejos caminando por transitadas autopistas, 65 millones para ser exactos; tierras donde los gatos y conejos son amos y señores, tanto así que se les rinde culto; o bien, un paraíso de cristalinas aguas en las cuales se bañan unos cerdos que nadie sabe de dónde salieron, estos son los extraños casos de cuatro islas de nuestro aún indescifrable planeta.

Cuando la tierra se tiñe de rojo

Isla de Navidad, Australia
Océano: Índico
Moneda: dólar australiano
Cambio: US$1= 1,28
Cómo acceder: vuelo semanal desde Perth, Australia. Tres horas y 50 minutos.

Descubierta el 25 de diciembre de 1643 (de ahí su nombre), la isla de Navidad es mundialmente conocida por la migración más espectacular de nuestro planeta. Ubicada en el océano Índico, en territorio perteneciente a Australia, este pedazo de tierra es el escenario del más épico de los viajes de la naturaleza: el movimiento sincronizado de 65 millones de cangrejos caminando hacia la playa.
Todos los años, cuando comienza la temporada de lluvias (normalmente en octubre o noviembre), una marea de brillantes cangrejos rojos (Gercarcoideas natalis) sale del aislamiento de sus madrigueras en las alturas de la selva para caminar hacia el mar, en un recorrido de unos ocho kilómetros, que tarda alrededor de cinco días. Nada se interpone en el camino de estos crustáceos, ni tiendas, ni campos de golf, ni incluso las autopistas más transitadas.
¿El propósito del viaje? Reproducirse y desovar. Cuando las grandes columnas de estos cangrejos llegan a la playa, lo primero que hacen los machos líderes es rehidratarse en el mar, para luego retirarse a las terrazas más bajas, con el fin de cavar y pelearse por las madrigueras. Las hembras les siguen y el apareamiento tiene lugar en la intimidad de éstas.
Los machos son los primeros que regresan al interior de la selva -lo que les toma uno o dos días-, pues las hembras permanecen en la humedad de las madrigueras durante los próximos 12 a 13 días para producir sus huevos y crías, hasta 100.000 por cangrejo.
Cuando llega el último cuarto de la luna, las hembras se mueven a la orilla del mar para liberar sus huevos en él. De los huevos salen las larvas al entrar en contacto con el agua y crecen durante el mes siguiente. Finalmente, los cangrejos jóvenes, de sólo 5 mm de ancho, salen del agua y luego caminan hacia el interior en aproximadamente nueve días.

 

Me pareció ver  un lindo gatito

Isla Tashirojima, Japón
Océano: Pacífico
Moneda: yen
Cambio: US$ 1= 113,4
Cómo acceder: tren bala desde Tokio a Sendai/línea local desde Sendai a Ishinomaki/ferry desde Ishinomaki. Tres horas y 50 minutos.

En Tashijorima hay más gatos que personas. En esta isla japonesa, ubicada en la prefectura de Miyagi, los felinos mandan y, por supuesto, los perros están absolutamente prohibidos.
La adoración por los felinos comenzó hace más de medio siglo, cuando la principal actividad económica de Tashijorima era la cría de gusanos de seda, lo que atraía plagas de ratones. Fue entonces cuando los residentes (en aquel tiempo, alrededor de 1.000 personas) empezaron a llevar gatos a la isla, con el fin de controlar la población de roedores.
Luego de que la industria abandonara la isla, también lo hizo la población humana, pero no así la gatuna, que terminó convirtiendo estas tierras en su paraíso.
Hoy sólo quedan cerca de 100 isleños en Tashirojima -el 80% mayor de 60 años-, que ven en la preservación de los felinos un medio para atraer y asegurar la buena suerte. De ahí que los cuiden con sumo esmero.
No sólo los alimentan mientras merodean por todas partes, sino también velan por su comodidad y vigilan que ningún turista lleve un perro consigo. Los veterinarios locales, en tanto, se encargan de revisar que su salud se encuentre en perfecto estado.
Se les ve como una especie de dioses, por lo que incluso los lugareños han construido un santuario para rendirles culto, con una fachada que imita la figura de un gato.
Para evitar que esta singular isla termine deshabitada y hacerla cada vez más atractiva para la población joven, las autoridades japonesas decidieron convertirla en un destino turístico temático dedicado, por supuesto, a la figura de los gatos. De ahí que hoy se le conozca popularmente como la “Isla de los gatos” y se hayan construido también varias casas con forma de mininos diseñadas por reconocidos artistas.

 

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El paraíso de los cerdos está en Bahamas

Isla Big Major Cay
Océano: Atlántico
Moneda: dólar americano
Cambio: US$1= 636 pesos chilenos
Cómo acceder: avión desde Miami hasta Las Exumas/ Bote desde Las Exumas hasta Big Major Cay. Dos horas y media.

¡Este mundo es muy loco! Exclamó el cinematógrafo canadiense Mike Corey, cuando en 2011 se encontró con una isla de cerdos nadadores. Sí, cerdos nadadores.
Tras dirigir su bote hacia el cayo Big Major, un pequeño islote deshabitado, ubicado en el distrito de Las Exumas, en Bahamas, el profesional norteamericano se encontró con algo mucho más exótico que los tiburones que buscaba.
Y es que cuando el operador de la embarcación botó los sobrantes del almuerzo al mar, vieron que unos animales salieron corriendo del bosque del cayo. “Eran negros, blancos, marrones. Primero pensé que eran perros o cabras…, nunca cerdos, y menos que se fueran a meter al agua”, contó Corey a la BBC.
Luego de este asombroso descubrimiento, los marranos se convirtieron en una gran atracción turística para quienes visitaban Bahamas, por lo que ahora al cayo se le conoce como “La isla de los cerdos”.
Ahora bien, la gran pregunta es cómo llegaron estos porcinos hasta tal paraíso. Lo cierto es que no se sabe a ciencia cierta, aunque se barajan varias hipótesis. Algunos creen que están allí porque unos marinos los dejaron con la intención de volver para comérselos, aunque jamás regresaron. Otros cuentan la historia de un naufragio y que los cerdos que llegaron hasta allí pudieron sobrevivir. Por último, están los que hablan de un plan empresarial para atraer turismo a Bahamas.
Sea como sea, una vez en la isla aprendieron una nueva forma de conseguir comida, pues en lugar de pasar horas excavando en búsqueda de lo que estuviese escondido bajo la tierra, se dieron cuenta de que podían alimentarse de lo que les daban los humanos que pasaban en sus botes. Sólo tenían que lanzarse a las cristalinas aguas y nadar hacia ellos, refrescándose en el camino.

 

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¿Qué hay de nuevo, viejo?

Isla de Okunoshima, Japón
Océano: Pacífico
Moneda: yen
Cambio: US$ 1=113,4
Cómo acceder: tren bala desde Tokio a Hiroshima/ferry desde Hiroshima. Cinco horas y 20 minutos.

Exactamente, 6.852 islas conforman Japón, uno de los países más poblados del mundo, con 127 millones de habitantes. Hay lugares, eso sí, donde la presencia del ser humano es más bien insignificante si se compara con el resto de las colonias que allí pernoctan.
Es el caso de la isla de Okunoshima, una pequeña y apacible isla de cuatro kilómetros de perímetro, situada al suroeste de Japón, en la prefectura de Hiroshima, a 750 kilómetros de Tokio, a la cual se llega en ferry y cuya principal característica es que está repleta de conejos.
Según narra la historia, la condición de la isla, alejada de los grandes núcleos de población, propició que en los años 20 se convirtiera en un lugar estratégico, en el cual se construyó de manera secreta una fábrica de armamento, que posteriormente resultó clave durante la Segunda Guerra Mundial, pues allí se construyeron más de seis millones de kilotones de gas mostaza y tóxico.
Para realizar las pruebas con el gas, la presencia de conejos fue determinante, empleándose muchos en los experimentos. Al término del conflicto, dicha fábrica fue abandonada, no sin antes que los trabajadores liberaran a los conejos, los cuales terminaron haciendo de la isla su hábitat.
Actualmente, Okunoshima es un lugar alejado del ser humano, en el que hay un hotel, un campo de golf y un museo temático que aborda los peligros de las armas químicas. Pero, sobre todo, el viajero encuentra aquí una multitud de conejos, que viven tranquilamente gracias a la restricción de perros y gatos en la isla. Así, es posible alimentar a estos simpáticos animales, tomar fotos e incluso jugar con ellos.
No se sabe con exactitud cuántos conejos hay en esta isla, pero de que está llena de estos tiernos mamíferos, lo está. De ahí, que el adjetivo nipón kawaii (adorable) cobre gran sentido en Okunoshima, más conocida como “La isla de los conejos”.

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