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[MT MAG.] Jonathan Paredes: acróbata de la vida
Por Romina Cannoni B. 22/11/2017
Dedicado a los clavados profesionales desde los 13 años, el deportista mexicano habla de cómo pasó del deporte amateur en una piscina a transformarse en un showman de un parque acuático en México y Colombia, para luego transformarse en una estrella del circuito de clavados más famoso del mundo. Un hombre sencillo, pero con ideas claras, que luego de años vuelve a ver los Juegos Olímpicos como una opción en su vida.

Las oficinas de Red Bull en Santiago son muy distintas a las que comúnmente conocemos, con lugares destinados al esparcimiento y las buenas conversaciones.

Ahí nos recibe Jonathan Paredes, un mexicano de sonrisa fácil, que pareciera ser el dueño de casa y que se mueve a sus anchas en ese espacio. Es su primera vez en Chile y espera que no sea la última.

Nos sentamos en una mesa junto a Donato Neglia, mientras esperábamos a Diego Carquín, hoy por hoy los máximos exponentes de clavados en Chile, y que fueron invitados por la bebida energética para asistir a la final de la serie mundial de Red Bull Cliff Diving en el lago Ranco, la cual se realizó hace sólo unas semanas.

Si bien son disciplinas completamente distintas, la mayoría de quienes compiten en esta serie provienen, justamente, de ser saltadores de piscina, muchos de ellos retirados y que encontraron en esta espectacular competencia una forma de alargar sus carreras; o simplemente son saltadores innatos que les gustan los desafíos. Jonathan Paredes tiene la mezcla de ambos.

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Una historia distinta

Con sólo 13 años decidió retirarse del amateurismo para hacerse profesional. “Yo fui tercero a nivel nacional, en general me iba bien en México. Pero allá los clavados son un deporte grande, si no eres número uno o dos, no eres nadie”, reflexiona. “En mi última competencia federada se me acercó un juez y me preguntó si quería trabajar con él, que tenía un show de clavados en un parque de diversiones en México y que necesitaba gente los fines de semana. Con 13 años y ganando dinero, era la raíz cuadrada perfecta. No lo pensé dos veces y me retiré de las piscinas. Estaba cansado de las federaciones, de hacer el deporte solo por amor; como atleta, lamentablemente, no se puede vivir”.

Pero tenía 13 años…
Sí, pero tenía muy claro el panorama. Mis papás lo entendieron, porque seguí con mis estudios y haciendo mi vida de adolescente. Yo ganaba 50 dólares los fines de semana. Me divertía y hacía el deporte que siempre había amado. Disfrutaba ver a la gente que lo pasaba bien conmigo. Era todo lo contrario a lo que me pasaba en la pisicina, donde todo era cuadrado, rígido y estricto. Era imensamente feliz.

Es curioso oírlo. En la entrevista también estaban Carquín y Neglia, quienes lo escuchaban atento y casi con admiración. Ellos, a los 13, estaban en el circuito sudamericano, entrenando como podían… y le contaban que si a ellos les hubiesen dado esa oportunidad, quizás también la hubiesen tomado.

Hasta los 18 años se mantuvo así. Terminó de estudiar y se dedicó por completo a trabajar como acróbata en los shows en México y también en Colombia. Ganaba 450 dólares a la semana.

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¿Nunca pensaste en volver a ser deportista?
No, ya estaba en otra. Veía las primeras competencias de Red Bull y a esos clavadistas saltando por todo el mundo. Era un sueño.

¿Cómo llegas entonces al circuito?
En 2009, Fernando Platas, ex medallista olímpico de clavados, hizo dos fechas de saltos en alturas en Chiapas y Acapulco, y nos llamó a nosotros para que lo ayudáramos en la logística. Básicamente, en ser anfitriones. Venían todos los saltadores de Red Bull… Y me picó el bichito de volver a entrenar para hacer clavados como ellos… e intentamos volver a entrenar al Comité Olímpico, pero me cerraron las puertas, porque era acróbata, circense, por lo que no podíamos entrar a un centro de alto rendimiento. En ese momento recordé el porqué me había retirado y por qué no seguí el sueño de unos Juegos Olímpicos, porque en vez de apoyarte, lo único que hacen es truncar tu carrera. Los parques eran mi entrenamiento.

Al año siguiente, Platas lo volvió a convocar, y para 2011, mientras Paredes estaba trabajando en Bogotá, les pidió a él y a sus amigos que esta vez uno debía competir. “Nadie quería hacerlo, pues habíamos visto dos accidentes que nos habían dejado medio traumatizados, pero tampoco queríamos decir que no, porque era un buen trabajo. Mientras discutíamos qué hacer, mi mejor amigo me dijo que yo debía hacerlo, que era el mejor de todos. Pero yo era un cagón, me moría de miedo. Tenía miedo, pero decidí probar. Le escribí a Fernando que yo lo haría, pero me arrepentí a los dos segundos de enviar el mail”.

José Antonio Martínez, su jefe, le aconsejó que pensara en cuatro saltos que hiciera muy bien, pero que no tuvieran riesgos. “Tienes que ir, difrutar y sobrevivir. Dejar bien tu nombre y que los jueces te conozcan”, fueron sus palabras.

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Salió quinto esa fecha y era 4.000 dólares más rico. Pensó que su vida estaba resuelta, que seguiría trabajando en los parques y que dos veces al año podía hacer esto. No cabía en su felicidad. Su vida tenía sentido.
Dos semanas más tarde lo llamó Red Bull México para invitarlo a la fecha de Yucatán. “Se me cayeron los calzones y no lloré de emoción porque estaba con mis amigos. Para mí, Red Bull eran mis Juegos Olímpicos”, recuerda emocionado.

De Yucatán (7°) se fue a Italia (4°) y luego a Boston (5°); y más tarde lo invitaron al clasificatorio en Australia para participar al año siguiente. “Me quedé afuera, por no haber hecho nada. Ahí me di cuenta de que tenía que cambiar mi actitud y trabajar para lograr mi objetivo. Me lo tomé en serio”.

En 2013 hizo el circuito y participó en el Mundial de Barcelona, el que albergaba por primera vez los Clavados de Gran Altura, y fue medalla de bronce. Ahí volvió a ser federado. “Sigo sin creer en ese sistema. No les debo nada,  llegué donde llegué por ser acróbata y hacer show. Pero a mí me pagan por haberle dado medallas al país, no porque ellos quieran, sino porque les toca. Por eso les rindo cuentas y saben en qué estoy siempre”.

En Kazan (2015) fue plata y hoy es el actual campeón mundial de Red Bull Cliff Diving. “Las vueltas de la vida, hoy estoy pensando nuevamente en la posibilidad de que alguna vez pueda competir en unos Juegos Olímpicos y eso es asombroso”, mientras suspira y mira al horizonte con una leve sonrisa.

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