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La madurez le queda de mil maravillas al Honda CR-V
04/12/2017 201 vistas
La nueva y quinta generación del SUV japonés se para bien ante sus cada vez más numerosos rivales. Su exitosa fórmula recibe las actualizaciones necesarias para no decepcionar, volviéndose más atractivo, sofisticado y tecnológico que nunca. Su andar es el mismo de siempre: confortable, ágil y seguro.

Todos quienes participaron en la creación del nuevo Honda CR-V debían pensar en cómo mantener atractiva esa exitosa fórmula nacida hace ya casi un cuarto de siglo. Una quinta generación que no fuera más de lo mismo y que, a su vez, destacara frente a propuestas cada vez más llamativas por parte de la competencia.

Con esto en mente, se reinventó el SUV superventas de Honda, volviéndolo más grande, vistoso y sofisticado. Hoy, sin duda, se ve más y mejor en las calles, gracias a un aspecto más robusto y agresivo que su antecesor y a ciertos toques -como las llantas de 18” bicolor y el doble escape- que le dan un aire de deportividad.

Eso sí, en su interior es donde da un salto realmente importante, pues si bien sigue apostando por líneas discretas, la mejora en la calidad percibida es indiscutible. Predominan los materiales suaves al tacto en el tablero y las puertas, con terminaciones muy buenas y ensambles sólidos, que no suenan ni siquiera cuando se circula por adoquines.

El acabado lacado de la pantalla, los insertos tipo madera y algunos detalles tipo aluminio cepillado crean un ambiente interior superior, aunque sin llegar a ser premium.
La pantalla del sistema de infoentretenimiento -táctil, de siete pulgadas y con navegador- ofrece conectividad con Apple CarPlay y Android Auto. No cuesta nada enlazar el smartphone, sin embargo, el sistema es algo lento en su funcionamiento.
A través de ella, también, se reproduce la imagen de la cámara ubicada en el retrovisor derecho, que se activa cuando se señaliza hacia ese lado y que resulta muy útil a la hora de cambiarse de pista.

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La confortabilidad y habitabilidad continúan siendo puntos fuertes. Es cómodo y espacioso, con un puesto de conducción alto y con un buen campo de visión hacia todos lados. Los asientos son ergonómicos y tienen buen soporte lateral. El del piloto, además, es de ajuste eléctrico y tiene función de memoria (hasta dos posiciones), lo que resulta muy agradable, pues con solo pulsar el botón 1 o 2 dispuesto en la puerta, se acomoda a la posición ideal para quien lo maneje a diario.

Atrás viajan sumamente bien dos pasajeros. Un tercero se acomoda en la plaza del medio, aunque no a sus anchas, pues el asiento es más angosto, duro y elevado.
Es poco lo que creció, pero aún así gana algunos centímetros en espacio para cabeza, piernas y equipaje. El maletero, cuya capacidad aumentó en 56 litros (hasta los 646 litros), tiene una entrada baja, lo que facilita el acceso a objetos pesados. Además, cuenta con un sistema de apertura y cierre automático, con el que basta pasar el pie por debajo del parachoques para abrirlo sin usar las manos. Más fácil no podría ser.
En marcha, el Honda CR-V es ágil, bastante capaz en los adelantamientos e incorporaciones. A pesar de que tiene un motor pequeño (1.5), no es torpe, ni aburrido; el turbo despega casi de inmediato, dispone de un buen torque a bajas revoluciones y su respuesta es muy lineal.

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Si bien no deja de sentirse como lo que es, una transmisión CVT, se acopla muy bien con el motor, sin revolucionarlo demasiado al momento de acelerar.
Cuando se toma una curva, en tanto, se siente bien aplomado, lo que da una sensación de seguridad. En pavimentos malos, se maneja suave y confortable, con una dirección precisa, correctamente asistida.
El Honda CR-V recoge todo su know-how para mejorarlo en su nueva y quinta generación, haciéndola lucir más que ninguna otra.