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[MT MAG.] Volvo Ocean Race: El espíritu de antiguos bucaneros
01/12/2017
El pasado 22 de octubre se inició en el puerto de Alicante una de las competencias deportivas más extremas del mundo. La Volvo Ocean Race comenzó su 13ª vuelta a vela por el mundo, con el calendario más exigente que registre su bitácora y desafiando por cientos de millas las gélidas aguas de la Antártica, sólo con un objetivo: dejar el nombre en el trofeo de los mejores.

El pasado 22 de octubre, desde el puerto de Alicante emprendieron camino siete embarcaciones con rumbo a Lisboa. Poco más de 1.450 millas náuticas fue la distancia que abrió la 13° edición de la Volvo Ocean Race, competencia que se define como la “más larga y más dura del deporte profesional, y uno de los tres grandes acontecimientos del mundo de la vela junto a los Juegos Olímpicos y la Copa América”.

A pesar de la grandilocuencia de la afirmación, lo cierto es que no es un mero eslogan publicitario de este maratón sobre el mar. Y menos este año, donde las tripulaciones tendrán que recorrer durante ocho meses una ruta de 45 mil millas náuticas, convirtiendo esta versión en la más larga de los 45 años de historia que tiene la regata. La meta se encuentra fijada para julio en La Haya, tras cruzar cuatro océanos y detenerse en 12 ciudades de los cinco continentes.

Pero ¿qué lleva a un grupo de personas a tomar parte en una prueba que los tendrá lejos de sus hogares por tanto tiempo? La razón no está en una recompensa económica, de hecho, la Volvo Ocean Race no entrega premios en dinero, sino el orgullo de dejar su nombre en el trofeo. El galardón del mar es honor y prestigio, los mismos ideales que movían a antiguos marineros a surcar los mares en busca de aventuras.

En esos conceptos surge la competencia a mediados de los años 70, evento que se realiza cada tres años y que ahora busca su nuevo héroe.

» El origen romántico

La Volvo Ocean Race, en palabras simples, es una carrera que recorre el mundo en el sentido contrario a las agujas del reloj. El origen se establece el 8 de septiembre de 1973, cuando 17 barcos de distintos tamaños zarparon desde el puerto de Portsmouth, dando vida a la Whitbread Round the World Race, nombre que cambiaría a Volvo Ocean Race en los años 90, cuando la marca sueca se convirtió en el principal patrocinador. Esa primera versión se extendió por siete meses y recorrió 27 mil millas náuticas.

Pero lo cierto es que el espíritu de esta carrera de persecución empezó a germinar mucho antes. Los más románticos se atreven a decir que fue casi un siglo antes, primero con la apertura del Canal de Suez (1869) y luego con la inauguración del Canal de Panamá (1914). Aquellos monumentales trabajos de ingeniería permitieron que las distancias marítimas se acortaran, estableciéndose rutas comerciales más cortas y menos peligrosas. Atrás quedaban los días en que para cruzar el mundo se debía atravesar el océano Antártico.

Sin embargo, el deseo de aventura de algunas personas no se extinguió con las facilidades que entregaba la era moderna. Uno de ellos fue Sir William Robert Patrick Knox-Johnston, un marino inglés que parecía sacado de los cuentos de bucaneros por su obsesión con el océano.

Knox-Johnston amaba el mar. Fue el primer ganador de la Sunday Times Golden Globe Race, evento que circunnavegaba la Tierra sin escalas. Esa victoria lo empujó a un sueño aún más ambicioso: crear una competencia que diera la vuelta al mundo por las rutas que tomaban los barcos del siglo XIX.

A su desafío se unieron dos periodistas que conoció gracias a la vela, Guy Pearce y Anthony Churchill. Estos personajes jugarían un papel protagónico en la historia, puesto que en la búsqueda de auspiciadores que financiaran una carrera de tal magnitud, y tras recibir decenas de respuestas negativas, se acercaron en 1971 a la Royal Naval Sailing Association.

En el organismo que rige a la vela en el Reino Unido encontraron apoyo en Otto Steiner, quien prometió apoyar el proyecto. El alemán se reunió en Portsmouth con el coronel Bill Whitbread, un poderoso empresario de la época que se dedicaba al negocio de la cerveza. Y tras una reunión en un bar del puerto inglés, quedó sellada la primera Volvo Ocean Race.

Desde su primera edición en 1973, han tomado parte 167 barcos en las 12 ediciones de la regata. Las embarcaciones, hoy patrocinadas con millonarias sumas de dinero por reconocidas marcas, son estándar. Todos navegan con los yates Volvo Ocean 65 (V065), por lo que el talento, la experiencia y la valentía terminan estableciendo las diferencias.

Otro aspecto que resulta llamativo es la tecnología y el profesionalismo que tomó el lugar del ambiente festivo de los primeros años. La comida y las bebidas en exceso de los primeros años, que eran parte del panorama, dejaron su lugar al agua desalinizada, a los alimentos en polvo rehidratados y a las barras de proteínas.

En esta profesionalización de la carrera, los fanáticos también se ven beneficiados, puesto que hoy se puede seguir online el evento y, además, cada embarcación dispone de reporteros que van dejando constancia gráfica, cual bitácora de antiguos marineros.

Es la historia de una competencia tan extenuante como asombrosa, que arrancó en Alicante y que tiene como destino final el simple honor de la victoria. MT

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