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[MTMAG.] Hernán García: Sin límites
Por Mauricio Monroy S. » Fotos: Zé Domínguez. » Agradecimientos Viña Santa Rita. 22/12/2017 637 vistas
Una malformación congénita no fue impedimento para que este joven se atreviera a practicar golf. Tras una vida de superación, hoy es el único representante de Latinoamérica en el tour de golf adaptado que se disputa en Europa, se ilusiona con representar a Chile en unos Juegos Paralímpicos, aunque su gran meta es darle la oportunidad a niños de nuestro país, que también tienen discapacidades físicas, de practicar el deporte que aman.

En silencio. Con escaso ruido mediático y una serie de dificultades en el camino, se comienza a levantar uno de los desafíos más interesantes del deporte nacional. Hernán García es un nombre que pocos reconocen, aunque se trata de un joven que busca dejar un legado para las próximas generaciones.

“En Latinoamérica no existe el golf adaptado. Ni siquiera existe en la mentalidad de las personas, quienes conocen más del tenis o básquetbol paralímpico, pero del golf la gente no sabe”, reconoce García, un joven de 26 años , quien a pesar de haber nacido con una malformación en el brazo derecho, practica golf desde los ocho años.
El motivo que empuja la decisión no es simple patriotismo, aunque su fecha de nacimiento el 18 de septiembre algo haya alertado al destino.

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“Quiero tener 40 años y ver que hice algo que no había, que aporta y que sirve. En otras ramas el deporte paralímpico está más desarrollado, pero no en el golf. Acá nadie sabía que existía esa modalidad y eso que existen un montón de niños que pueden interesarse. En otros lugares hay federaciones con reglamentos claros”, precisa. Y sus palabras tienen razón, en el Viejo Continente está la European Disabled Golf Association (EDGA), organismo que tiene 12 torneos al año. En Estados Unidos también existe una federación que reúne a personas con distintas discapacidades, pero que los une la pasión por el deporte.

Aunque el proyecto va como la canción de moda, pasito a pasito, García no se impacienta. “Hoy trabajo con dos niños que les falta una mano y que juegan golf. Aunque pueda parecer exagerado a quienes no tienen una discapacidad, en verdad, practicar un deporte les cambia la mentalidad, ya que se dan cuenta de que pueden hacer todo lo que sueñan. Cuando un niño ve que tiene salida a pesar de los problemas, es distinto”, precisa.

» Los inicios

La fuerza y la resolución de García asombran. Alegre, espontáneo y sin complejos, reconoce que está orgulloso de lo que ha conseguido. No se avergüenza ni esconde su problema físico, de hecho, cuando nos encontramos con él en las afueras de la Viña Santa Rita, nos estira el brazo derecho para saludarnos. “Yo no doy la mano izquierda, porque me enseñaron desde niño que se da la mano derecha al saludar a una persona. Tal vez le puede incomodar a alguien, pero ese soy yo”.
Esa personalidad sincera es la que ha ido cautivado a diversas empresas, quienes con patrocinios y apoyos económicos, sustentan la carrera del único representante regional del golf adaptado.

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Pero la cercanía con este deporte viene desde mucho antes que asomaran estas grandes empresas.
“Llegué al golf por mi padre. Él fue caddy durante mucho tiempo y en la casa habían palos de golf. Y como siempre he sido inquieto y me gusta hacer deporte, tomé los palos y fui bien autodidacta. El golf es un deporte difícil al que se juega con las dos manos, es de mucha técnica y se requiere de mucha habilidad. Y por el temor de que no pudiese lograrlo, de que me frustrara, mi papá nunca me potenció hacia ese deporte. Eso hasta que un día le dije ‘hey papá, si puedo jugar'”, recuerda.

El momento clave fue cuando su padre comprobó que no era un capricho de niño el tomar los palos. “Cuando le muestro que podía pegarle a la pelota quedó sorprendido y feliz. Desde ahí ha sido mi fan número uno”.

Al ver las ganas que tenía su hijo por jugar un deporte que le era más complejo que al resto, lo apoyó y lo alentó a que lo practicara. También se convirtió en un espacio de complicidad entre ambos.

El inconveniente por aquellos años era donde practicar golf. “Cuando era niño, era más difícil encontrar dónde jugar, ya que había que ser socio de algún club, y casi no había canchas públicas, salvo una que estaba en Laguna Carén. No era una buena cancha, tenía el diseño y el espacio, pero el pasto que había era el que había crecido de cuando llovía en invierno. De todas maneras era un buen lugar para pegar palos”, dice García, quien recuerda que era todo un panorama ir cada sábado a jugar golf en esa cancha.

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Luego la fortuna por fin entró a escena. Tras un año y medio practicando en Laguna Carén, su padre hace el contacto con los hijos de una amiga, quienes eran ex alumnos del Grange School. “Ese colegio tenía una cancha de nueve hoyos en Peñalolén y mediante ese nexo me invitan a jugar ahí. Una persona que fue y es muy importante en mi vida, Leonardo Galan, me invita a jugar con él y la práctica sabatina pasó a ser un juego más en serio en esta cancha. Ahí estuve por cuatro o cinco años y aprendí muchísimo”.

El nuevo grupo de amigos le abre puertas para participar en campeonatos, algo que era impensado en un comienzo. Y el Country Club le abre las puertas y le permite entrar a la escuela de golf, aunque no era socio.

“Mariana Gildemeister era una de las coordinadoras de los torneos y me permitió entrar a jugar, pero sin hacer diferencias con el resto. Por nivel, yo estaba en un grupo en el que jugábamos nueve hoyos en vez de los 18. Éramos como cuatro o cinco jóvenes los que participábamos de esa modalidad y gané varias veces”, reconoce.

Pero la vida no ha sido sencilla para García. Y siendo adolescente, una crisis anímica lo aleja del golf. “El bajón vino porque sentí que no mejoraba, veía a mis pares que avanzaban, que le pegaban más fuerte, y que eran más sólidos a nivel sicológico. Si juego golf quiero hacerlo bien y en ese entonces sentía que no lo hacía como deseaba. Hasta que un día me aburrí y dije ‘esto me la ganó'”.

La pausa sería momentánea.

» El despertar

Hernán García es el menor de tres hermanos. Sus dos hermanas, una profesora y la otra cantante lírica, que nacen en el primer matrimonio de su padre. Estudió desde kínder a 4º medio en el Francisco de Miranda, colegio al que le tiene enorme cariño, puesto que ahí vivió y conoció la integración.

Amante de los deportes, practicó desde atletismo a fútbol. “Me gustaba jugar al arco”, reconoce entre risas, corroborando esa idea de que siempre va de frente a la adversidad.

Ese espíritu inquieto no fue suficiente para evitar su alejamiento del golf. Hasta que, cuando estaba por terminar el colegio, se dio cuenta qué debía hacer con su vida. Y el golf era lo que más lo apasionaba.

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“Con un poco de madurez, me di cuenta que podía ganarme la vida con esto. Hubo un cambio de chip y además empecé a descubrir el deporte adaptado”, reconoce.
Luego un período de enorme esfuerzo. Entró a estudiar, a trabajar en una tienda de golf donde podía practicar y los sueños empezaron a tomar forma.

“Si hubiese estado en la Teletón quizás hubiese tenido amigos o conocidos que hicieran deporte. No tenía amigos que hicieran deporte con discapacidad física y yo quería medirme con los ‘normales’, lo que era una tontera. Yo era de la idea de que no quería sentirme desplazado. Una vez me preguntaron si es que había otras personas que jugarán golf adaptado y yo me negaba a eso, quería jugar con todos. Pero al madurar eso cambió”, precisa.

Y es el golf adaptado el que hoy lo tiene representando los colores nacionales y enseñándole a niños en el Country Club, donde se desempeña como profesor estable.

El año pasado debutó a nivel internacional en Portland. “Fue una locura, esa cancha era maravillosa, la misma donde Tiger Woods ganó más de una vez. Éramos unos 80 jugadores y ver a tipos que les faltaba una pierna y que le pegaban mejor que yo remecía un poco. Todos generaban capacidades y el nivel era muy bueno, de hecho, el tipo que ganó le faltaba una pierna y usaba prótesis”, indica.

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Entrar a este campeonato también fue una especie de catarsis para García. “Fue una sensación de alivio. En cada torneo que jugaba en Chile sentía algo incómodo, como bicho raro. No por la gente, por mi, y eso me hacía estar en desventaja. Allá veía a personas como yo o peor incluso y ver que no se complicaban, era increíble”.

El resultado de ese primer torneo no fue el esperado, pues por un error en la tarjeta, error que reconoció el propio García, lo descalificaron. De todas maneras la experiencia fue asombrosa.

Después vino el torneo de Algarve, en Portugal. Ahí, el clima le jugó una mala pasada y el certamen se suspendió por lluvia. De todas maneras, le sirvió para hacer contactos, los que se reflejaron en una invitación a jugar a Sudáfrica.

Para los proximos meses asoman campeonatos en República Checa, Francia, Portugal o Alemania, aunque la mayor ilusión es que el golf adaptado se acepte como deporte paralímpico. “Representar a Chile en unos Juegos Paralímpicos sería la coronación a una vida de esfuerzo. Estamos haciendo los esfuerzos y es una opción real”.

Es la vida de Hernán García, un ejemplo de superación que sueña sin límites. MT