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[MT MAG.] Rugby Seven: Los Cóndores despliegan sus alas
10/01/2018 285 vistas
Entrevista a Felipe Brangier, el capitán del equipo nacional, y parte clave del proceso que empieza a cambiarle la cara a un deporte que quiere dejar atrás su estigma elitista.

La noticia sorprendió a todos. El 4 de noviembre, la selección chilena de rugby seven superaba a su similar de Nueva Zelanda por 7-0 en el arranque del Silicon Valley Sevens, en Estados Unidos. Por primera vez, los “Cóndores” se imponían a los míticos All Blacks, e instalaban al representativo nacional en la órbita de los mejores del mundo.

El triunfo sobre los oceánicos quedará como uno de los grandes hitos del deporte en el presente año, pues se trató de una victoria en un certamen oficial y la primera, además, sobre los kiwis. Eso sí, la historia de ese resultado comenzó hace algunos años, en un proceso que hasta ahora había sido algo silencioso, pero que lentamente empieza a ganarse un espacio en las páginas deportivas nacionales.

Un actor fundamental en este desarrollo es Felipe Brangier, el capitán de la “Roja”. No sólo por haber sido quien anotó el try en el triunfo contra los neozelandeses -y en el día de su cumpleaños-, sino por la experiencia que acumula en sus casi 10 años con la camiseta de la selección.

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“Malaya”, como le dicen sus amigos a Felipe Brangier, debido a una pigmentación albina en la parte posterior de su cabeza, se ilusiona con el presente y futuro de un deporte que se abre a nuevos horizontes y que quiere dejar atrás su estigma elitista, dando el salto hacia ligas mayores. Con 29 años recién cumplidos, el menor de dos hermanos es primera generación de rugbistas en su familia y apunta alto, tal como lo hacía desde que era niño y no podía superar a los equipos de colegios más grandes.

“Estudié en el Bradford. Tuve la oportunidad de ir a un colegio de la Asociación Británica, pero es uno de los más pequeños, y jamás le gané al Craighouse o al Grange. Peleábamos entre los más chicos, con el Dunalastair y el Saint Peter. En esos años tuve la suerte de tener un profesor que estaba involucrado con el Country Club, y con 14 años me llevó, enganché y me fui interiorizando más del rugby. Pero todo empezó en el Bradford, como en tercero básico, cuando te presentan el deporte, con reglamentos básicos, sólo pasarse la pelota, sin tackles, es la parte más lúdica y entretenida”.

La evolución del rugby seven en Chile (con siete jugadores) ha coincidido con el desarrollo de Brangier, quien considera que el crecimiento de esta modalidad derivará en un progreso de todas las categorías y estamentos.

“Las diferencias entre el seven y el tradicional rugby (con 15 jugadores) son enormes, casi son deportes distintos. En el 15 se juegan 40 minutos por lado y el tema físico y la envergadura corporal del jugador tienen bastante más preponderancia que en el seven, donde se juegan siete minutos por lado y donde principalmente se necesitan jugadores atléticos. Esto significa que en un partido apretado, si tuviste suerte y cayó la pelota para tu lado, marcaste un try, defendiste bien, el equipo contrario se complicó y se desesperó, ganaste un partido. Fue un poco lo que nos pasó con Nueva Zelanda”, recuerda el capitán de los “Cóndores 7”, agregando que una de las ventajas de esta modalidad es que permite acortar la brecha para competir internacionalmente.

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Otra ventaja que se ha sabido aprovechar es que el rugby seven es deporte olímpico desde Río 2016. “Hemos despegado y hemos tenido buenos resultados en el seven, porque estamos bajo la administración y la tutela del Comité Olímpico, que tiene infinitos más recursos para la preparación, para salir a competir, para costear giras. Y se tienen muchas más competencias en el año, lo que marca diferencias con el 15, donde se tiene que costear un plantel mucho más grande, con costos más altos”.

En los últimos años se han visto buenos resultados y esta temporada empezó mejor de lo esperado.

Tuvo un buen comienzo. Partió con el seven a side de Munich, en septiembre, donde no nos fue tan bien, pues tuvimos problemas para viajar con el equipo más competitivo. Pero luego vino lo de Silicon Valley, donde fuimos con el equipo más potente y se nos dio la posibilidad de ganarle a Nueva Zelanda.

¿Cómo fue esa experiencia contra los All Blacks?

Para cualquier deportista amateur, enfrentar a los mejores del mundo es un sueño. Yo he sido seleccionado ocho años en el seven y nunca me había tocado enfrentarlos. Entonces, el solo hecho de pararme en la cancha, aunque nos metieran 100 puntos, era cumplir un sueño. Y aunque al principio el discurso era ‘vamos contra Nueva Zelanda, ojalá se apiaden un poco’, a medida que íbamos conversando de que el seven te permite tener posibilidades frente a cualquiera, fuimos cambiando la mentalidad del grupo. Y hablábamos de que los neozelandeses no eran tan distintos a los buenos equipos profesionales que nos ha tocado enfrentar y contra los que hemos ganado. Había que empezar a creer, entrar a la cancha a competir, a mirarlos de frente de igual a igual. Y así fue. Fue un golpe anímico potente para seguir trabajando.

Y después vino Santa Marta…

Para cerrar el año, ganamos el oro en los Juegos Bolivarianos de Santa Marta. Es una competencia de menor exigencia, pero la presión era mayor, pues éramos los favoritos, ya que ahí no participan Argentina, Brasil ni Uruguay. Y como pasa en todo campeonato, siempre se quiere ver caer a los favoritos. Había presión, estuvo difícil, no fue tan sencillo como se pensaba, pero sumamos una medalla más para el Comité Olímpico, lo que nos deja en buena posición para conversar con ellos, para que nos sigan respaldando y apoyando con las giras y el presupuesto necesario.

Ahora vienen las fechas sudamericanas, ¿qué expectativas tienen?

Los dos últimos logros nos dejaron con el envión anímico para los dos torneos de enero, Punta del Este y Reñaca. Estos campeonatos son parte de un circuito sudamericano que entrega un ranking final de acuerdo a los puntos que se sumen y entregarán cupos a cuatro torneos: uno para el World Series de Las Vegas, otro para el World Series de Vancouver (en ambos casos como equipo invitado), otro para el World Series Qualifyer en Hong Kong (que entrega pasajes a la Liga Mundial) y dos cupos para el Mundial de Seven que se hará en San Francisco, en julio de 2018.
Nuestra expectativa es quedar sobre Uruguay y Brasil en Punta del Este y Reñaca (Argentina está clasificado directo), y si lo logramos, clasificamos a los cuatro torneos mencionados anteriormente. Si no logramos el objetivo mayor y somos segundos, clasificamos sólo al Mundial y al World Series de Hong Kong, y si quedamos terceros no accedemos a nada.

Se juegan el año durante dos semanas…

Sí, dentro de un mes y medio se define el año. De conseguir el objetivo, quizás signifique para el rugby un cambio en 180 grados, ya que exigiría una profesionalización. Así se ha visto en otras experiencias, que empiezan a profesionalizar el seven y eso comienza a levantar otras estructuras, tanto del rugby 15 como de clubes.

» El estigma ABC1

Felipe Brangier estudió Ingeniería Comercial en la Universidad Andrés Bello. Cuando se tituló, viajó junto a tres amigos a Christchurch, en Nueva Zelanda, a vivir la experiencia del rugby.

“El entrenador de la selección, Edmundo Olfos, tenía contactos en Nueva Zelanda. Se conversó con un club de allá para que nos recibieran  y por suerte todo salió bien, nos dieron una casa, nos ayudaron a encontrar trabajo y nos fuimos a jugar. Allá se respira rugby, es su deporte nacional, se habla de rugby todo el día, los programas de farándula son de los jugadores. Es el sueño de un rugbista. Uno aprende mucho y te enseña a tener una percepción más cultural del rugby, ya que está muy arraigado el tema valórico de este deporte”.

¿En qué trabajaban?

Hacíamos jardines. Carretilla y palear tierra desde las 7 de la mañana a las tres de la tarde, y luego ir a entrenar. Era desgastante, pero había que hacerla. Sudábamos la gota gorda, pero vivíamos la experiencia. Eso sí, fue clave irnos en grupo, porque a nivel mental era complicado.

¿Qué rescata del viaje?

Tuve la suerte de ser seleccionado provincial y ahí compartí con jugadores que fueron All Blacks. Otra cosa muy interesante fue ver la forma en que se enseña el rugby, ellos le llaman footy, que es como “pichanguear”. Tal como acá vemos en las plazas a niños jugando, allá se ve a niños jugando rugby. Por eso son tan buenos, lo tienen arraigado en su esencia.

¿Se puede alcanzar un nivel como el de los neozelandeses?

La gran diferencia con ellos y con los profesionales es el descanso. No es que entrenen mucho más que nosotros, sino que después de hacerlo se van a casa a descansar, y en el caso de nuestro equipo, algunos se van a la universidad o a trabajar en una oficina, como es mi caso. Eso va marcando diferencias que se van notando en la cancha. Nosotros no tenemos esa contención, en el día hay muchas cosas que hacer, desde el entrenamiento, el kinesiólogo, los estudios, el trabajo, y al final lo que se posterga es el descanso. Y es una lástima, puesto que en cualquier disciplina, el descanso es la mitad del entrenamiento, y si no se descansa como corresponde, es imposible evolucionar”.

Para avanzar en ese sentido hay que hacer un trabajo de base…

Exacto, por lo mismo, un hito importante fue la iniciativa “Rugby para Todos” que se le presentó al Ministerio de Educación. Esto, que busca incluir este deporte y los útiles necesarios dentro de la canasta básica de todos los colegios públicos, ya está aprobado, y será un gran paso para el deporte nacional, pues debería empezar el próximo año como uno de los deportes que se enseñan dentro de la malla obligatoria. Es un hito importante para la masificación del rugby, puesto que se podrá enseñar a todo nivel y así empezar a dejar a un lado eso de que es un deporte elitista, que sólo se practica en sectores ABC1.

No es el único intento en la masificación del rugby.

Claro, otro hito importante fue la creación de los equipos Mall Plaza. Hace seis o siete años surgió este proyecto social con equipos en distintas comunas, donde se busca enseñar a niños en riesgo social los valores que entrega el rugby, como la superación, el trabajo en equipo, la sociabilización. El rugby es uno de los deportes más reconocidos por los valores que transmite y eso es lo que busca este proyecto, de un rugby más social. MT