“Nunca imaginamos con mi papá en lo que se convertiría nuestro sueño”
12/01/2018 460 vistas
Sebastián de Cárcer, presidente de Ditec repasa los 25 años que cumplió Porsche en Chile, una historia que comenzó en 1991 y despegó en 2005.

Hace un par de semanas, en el Porsche Center, ubicado en La Dehesa, un centenar de invitados celebraban un momento histórico para Ditec: los 25 años desde que la empresa ligada a la familia De Cárcer comenzó la importación de Porsche. Ese día se reunieron los primeros clientes, esos que se han mantenido con la marca en más de dos décadas, con algunos recién llegados.

Fue un momento íntimo, pero también muy emotivo para el presidente de Ditec, quien saludó uno a uno a todos los que asistieron y que más parece una familia, una de esas grandes, que no se ven hace tiempo a veces, pero que en el fondo comparten y los une la misma pasión. Esa noche, Sebastián de Cárcer estaba emocionado, a ratos con la voz entrecortada, recordando varios de los momentos y periplos vividos en este cuarto de siglo, muchos de ellos junto a su padre…

Un par de semanas más tarde, más tranquilo, nos recibe en su oficina.

“Cuando uno se enfrenta y mira esos 25 años se da cuenta de que han pasado muchas cosas, que han pasado demasiadas cosas. Es mucho tiempo, pero, a la vez, es como si fuera ayer”.

¿Cómo parte la idea de traer Porsche?

Nosotros empezamos a hablar con Porsche en 1991. Comenzó a gestarse porque mi papá quería ir detrás de Porsche, porque a él le gustaban los autos. Era un tema de pasión, en ese entonces era imposible pensar traerla como un negocio, era solo pasión. Sin embargo, él siempre me decía: ‘Hoy no hay mercado en Chile, pero lo habrá´. Fue un visionario.

¿Cómo llegan a Porsche?

Nosotros ya teníamos la representación de Volvo. Estábamos en Suecia y conocimos a una persona que había trabajado en Porsche. Él nos organizó en cinco minutos una reunión, de un viernes para un lunes.

Así que tuvimos que ir a Alemania. Nos mostraron los autos y nos sacaron a probar el ABS. Que te muestren el ABS era como irse al espacio en esa época. Era impensado. Había muchos autos que aún ni siquiera usaban frenos de discos. Después conversamos con la fábrica y les dijimos que estábamos interesados en representarlos. Aceptaron venir a conocer el mercado.

¿Cómo era Porsche en esa época?

Ellos eran muy chicos y estaban casi quebrados. Producían 16 mil autos, de los cuales 5.000 quedaban en la fábrica. Ellos vendían fundamentalmente en Alemania, algo en el resto de Europa, en Estados Unidos y otro poco en Japón. Estaban endeudados y tenían pocos modelos.

¿Qué sucede cuando vienen a Chile?

La verdad es que ni siquiera sabían dónde estaba nuestro país.

Hay que contextualizar que nosotros nos estábamos recién abriendo, era un momento complejo en lo socio-económico, existía un impuesto al lujo y a la cilindrada enorme y, además, nos dimos cuenta de que la marca estaba registrada. De hecho, tuvimos varios problemas, hasta que se solucionó en 1995, nosotros no pudimos hacer ningún tipo de publicidad.

¿Aceptaron inmediatamente?

Ese era el momento de los catalizadores, todos sus autos los tenían, pero en el 91 nosotros aún no teníamos bencina sin plomo. Recién a fines de ese año pudimos mandarle una muestra de la gasolina y pudieron hacer las pruebas con los autos. Ahí nos dieron luz verde para poder traer autos y firmamos el contrato.

¿Les exigieron alguna cifra de ventas?

El primer contrato se trataba de cinco o seis autos al año. Nada más. Y es que los precios se duplicaban en Chile y era complejo pensar que alguien se compraría en esa época un auto de 100 mil dólares. Era casi obsceno hacerlo, lo que también era una gran barrera para vender. Los prejuicios eran tremendos.

 

¿Tuvieron que abrir un local propio?

Eso era impensado. Nosotros abrimos Porsche con una sala de venta que teníamos en Las Condes. Ahí compartió espacio con Volvo, autos y motos Honda, camiones, buses y motores marinos Volvo, teníamos el servicio y la bodega de repuesto. Era algo que hoy es impensado en una sala de venta, pero era lo que había en la época.

Cuando vinieron los alemanes, nos exigieron el letrero, algunas otras cosas, pero nada les gustó. Ahí tuvimos que cambiarnos.

¿Qué fue lo más difícil en la primera década de venta?

La indecisión de las personas para comprar, por los cambios en los impuestos y la indecisión de comprar, el qué dirán, ya estaba más suelto después del año 2000.

Con los cambios de impuestos en el año 2005, el mercado premium en Chile despegó.

¿Cuándo comienza el despegue de Porsche en Chile?

A fines de 2004 empezamos a planificar que esto iba a crecer de forma importante. Ahí visualizamos y tuvimos una idea de que Chile llegaría a un mercado de 320 mil unidades, que las nuevas carreteras ayudarían a este impulso, mejor flujo, las regiones iban a crecer. Veíamos un mercado importante.

Ahí fuimos a buscar un socio estratégico que no sólo aportara con el capital que necesitábamos, sino también que tuviera una nueva visión. Hicimos un plan a 10 años. Ahí aparece Cristóbal Lira con una visión extraordinaria.

Pensaste en 1991, cuando comenzaron, en lo que se iba a transformar esto?

Jamás. Nunca imaginamos con mi papá en lo que se convertiría nuestro sueño. Era muy difícil hacerlo. Había que ser muy  visionario. Esto fue porque nos gustaban los autos, nada más que por eso.